PROGRAMA DE SUPERACIÓN DIRIGIDO AL PERFECIONAMIENTO DEL ESTILO DE COMUNICACIÓN DE LOS MAESTROS DE LA EDUCACIÓN PRIMARIA

PROGRAMA DE SUPERACIÓN DIRIGIDO AL PERFECIONAMIENTO DEL ESTILO DE COMUNICACIÓN DE LOS MAESTROS DE LA EDUCACIÓN PRIMARIA

Loicell Rafael Leyva Estevez

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Epígrafe 1.3. El estilo de comunicación del maestro y su influencia en la personalidad del alumno en el proceso pedagógico

En el proceso de la comunicación se pone de manifiesto la universalización del hombre, en la medida en que este asume y personifica las relaciones sociales y encarna las potencialidades de su individualidad. Cada persona tiene su propio estilo de comunicar, condicionado por la cultura y las características de su personalidad.

En este sentido, “Cada persona posee un estilo de comunicación determinado, que lo peculiariza y matiza sus relaciones con los demás, determinando el nivel de efectividad en su comunicación interpersonal, lo cual se torna decisivo en aquellas profesiones como la pedagógica, en que la comunicación constituye un arma vital y una cualidad profesional”.

En el proceso pedagógico se manifiestan una variedad de estilos, que en los variados matices que adopta la comunicación, ejercen influencias específicas en el desarrollo de la personalidad de los educandos.

Es significativa la influencia de la personalidad del profesor y sus relaciones con sus alumnos, así como las formas que se adopten para organizar el proceso docente, los métodos empleados, las formas de evaluación, que van a reflejar un clima comunicativo peculiar en cada situación, lo cual trasciende los límites de las experiencias del aula.

El estilo de comunicación “es el modo personal de desempeño en la situación de comunicación” ; definición asumida por el autor de esta tesis.

A. M. Fernández (2002) refiere que el estilo de comunicación de una persona depende en gran medida de las características de personalidad del sujeto y de los patrones de comunicación conformados a lo largo de su experiencia, pero a la vez plantea que el mismo puede modificarse en función de hechos, características del contexto e intereses específicos.

F. G. Rey (1985) confirma lo dicho por A. M. Fernández (2002) y además plantea que los estilos difieren tanto en su contenido como en su forma.

En cuanto a la forma, este autor se refiere a aquellos estilos que se mueven en la dimensión extroversión – introversión, es decir de formas más abiertas, donde el sujeto se expresa tanto en el elemento informativo como en las formas que caracterizan al sujeto introvertido que difícilmente expresa todo lo que siente, y no se abre ante su interlocutor.

En cuanto a su contenido los estilos difieren caracterizándose por la rigidez o flexibilidad, la dominancia, la independencia, la comprensión mutua y la participación activa.

En correspondencia con lo que plantea este autor, en la práctica pedagógica se observan maestros que en su comunicación con los alumnos tienden siempre a hacer prevalecer sus opiniones sobre las de los demás, en un estilo en que es visible la dominancia; también es frecuente encontrar maestros muy rígidos a los cuales les resulta difícil modificar sus puntos de vistas y dejarse influir durante la comunicación por reflexiones o evidencias que puedan presentar los alumnos.

En menor medida se observan maestros que pueden modificar con facilidad sus patrones según la situación y maestros que al comunicarse con sus alumnos son capaces de comprenderlos, de ponerse en el lugar de estos y de manifestar una gran carga afectiva en sus relaciones.

A pesar de que este es un tema poco estudiado en nuestro país, resulta significativo la diversidad de criterios encontrada en la literatura científica en cuanto a la clasificación de los estilos de comunicación.

A. M. Fernández (2002), destaca algunos estilos que tradicionalmente han existido en las relaciones maestro – alumno, que según el autor de esta tesis, están en correspondencia con el objetivo propuesto en la presente investigación y que además alcanzan una clara expresión en el accionar comunicativo de los maestros de la Educación Primaria en el trabajo con sus alumnos en el proceso pedagógico.

El estilo de comunicación democrático se caracteriza por una participación activa de los estudiantes en la toma de decisiones. El maestro debe tener en cuenta sus criterios y las relaciones obedecen a una estructura descentralizada. Este estilo no implica la pérdida del control por parte del docente. El hecho de dar participación no debe lacerar el logro de los objetivos, propósitos o tareas a cumplir. Llegar a ciertas metas de esta manera requiere una preparación, un adiestramiento en el manejo del grupo y en el uso de técnicas participativas.

Que exista compañerismo, simpatía y camaradería en las relaciones entre el maestro y los alumnos no significa que ambos sean iguales, ni que desaparezca la importante misión que la sociedad les asigna a los educadores. El acercamiento afectivo entre el maestro y sus alumnos debe favorecer la comunicación entre ellos y por tanto debe conducir a una formación adecuada de cualidades, actitudes y valores en la personalidad de los alumnos.

El estilo autoritario se basa en la autoridad del maestro como figura única en la toma de decisiones. Sus criterios se imponen y no consulta ni tiene en cuenta los puntos de vista de los alumnos.

El estilo permisivo o de “dejar hacer” es aquel en el cual el maestro, más que dar participación al alumno lo deja hacer, es un caso extremo y desordenado de no-imposición, que implica la pérdida de su autoridad y del control del proceso.

En el estilo de comunicación centrado en la tarea, es aquel donde el maestro prioriza hasta tal punto el cumplimiento de su tarea, que descuida o inclusive afecta las relaciones entre las personas que en ella participan. Al estar tan enfocados en el trabajo a realizar, no se tienen en cuenta los factores subjetivos que intervienen. Si existe un ambiente de hostilidad y tensión que pueda estar afectando al grupo o si existe en un alumno una situación personal que no le permita concentrar su atención.

El estilo centrado en las relaciones implica el priorizar estas en detrimento de la tarea a realizar. Este pudiera ser el maestro tan preocupado por mantener una buena comunicación con sus alumnos que dedica tanto tiempo a conversar con ellos que no le permite abarcar los contenidos de su programa, o el maestro que por no crear una situación de malestar, deja sin sancionar lo mal hecho ni es riguroso en la evaluación.

En el proceso pedagógico se pone de manifiesto el estilo de comunicación del maestro y de los alumnos. En la medida que estos estilos armonicen, será más efectiva la comunicación y se logrará establecer un ambiente que propicie el desarrollo adecuado de la personalidad de los alumnos en correspondencia con el encargo social.

Aunque es común que los autores señalen las ventajas de los estilos democráticos en la dirección del proceso pedagógico porque implican un mayor desarrollo personal para el alumno de manera general, se estima que no existe un estilo de comunicación que garantice el éxito per se.

Con cualquier estilo puede llegarse a obtener buenos resultados si se evitan los extremos, por lo que los maestros deben meditar qué elementos dentro de su estilo le provocan dificultades, para tratar de buscar nuevas variantes y recursos que permitan perfeccionar su estilo en función de los objetivos que se pretenden lograr en la Educación Primaria.

También es recomendable que en situaciones específicas los maestros actúen en forma no usual, es decir que asuman características de otros estilos que no sean los predominantes en ellos para ser más efectivos en su quehacer pedagógico.

El análisis de estos aspectos permite afirmar que cualquiera de las clasificaciones que se asuma por los maestros debe estar matizada del componente personológico, por ser el estilo de comunicación un aspecto integrado a la personalidad y por incidir en él elementos como motivos, necesidades, estados de ánimos y sentimientos afectivos.

Las demandas de la escuela contemporánea, en correspondencia con las condiciones socio – económicas y científico – técnicas exigen trabajar por un acercamiento cada vez mayor a un modelo de educación que enfatice la comunicación como vía esencial para lograr una incidencia positiva en la formación integral de la personalidad de los alumnos.

El accionar educativo aspira a que al concluir la Educación Primaria los alumnos sean capaces de poseer un pensamiento crítico, reflexivo, creador y flexible y además de establecer relaciones con su familia, compañeros y demás personas sobre la base del respeto, el afecto y la cooperación.

Por tal motivo los maestros deben esforzarse por convertirse en comunicadores por excelencia, capaces de garantizar desde las diferentes actividades del proceso una interacción donde predomine la tolerancia y la flexibilidad, de manera que se produzca un mejoramiento de la comunicación pedagógica que reduzca el predominio del estilo de comunicación autoritario en el contexto escolar en la Educación Primaria actual.

Es aconsejable que los maestros logren establecer puntos medios entre los polos de los diferentes estilos de comunicación para acercarse al éxito en su labor. En este sentido debe lograrse una combinación tal que el maestro pueda garantizar el cumplimiento de las tareas, sin afectar las relaciones con los alumnos.

La forma que adopten las relaciones maestro-alumno condiciona el cumplimiento de las tareas propuestas y de los objetivos planteados a partir de la consideración de que la educación es un proceso comunicativo por excelencia.

El estilo de comunicación se considera adecuado a la situación cuando existe una correspondencia entre los recursos y medios utilizados por la personalidad, y el carácter de las relaciones interpersonales en el grupo, las particularidades psicológicas de los interlocutores y la especificidad y organización de la actividad conjunta.

Es cierto que el estilo de comunicación es variable en dependencia de aspectos circunstanciales, pero la posibilidad de asumir un estilo adecuado, teniendo en cuenta todos los factores referidos anteriormente, es una habilidad que puede y debe ser desarrollada en los maestros de la Educación Primaria a partir del autoanálisis de las propias insuficiencias y potencialidades para la comunicación y desde la superación profesional, con el objetivo de elevar a planos superiores la calidad del proceso pedagógico.

Para el perfeccionamiento del estilo de comunicación del maestro en su labor pedagógica sin dudas es imprescindible que posea claridad conceptual sobre este importante proceso humano, especialmente en lo que concierne a la esfera educativa. Pero no bastaría con el conocimiento profundo de estas cuestiones teóricamente, sino que se hace más importante aún el dominio práctico de vías de comunicación por parte del docente para comunicarse con sus alumnos de forma adecuada.

Una mejor preparación cognoscitiva y práctica para la comunicación pedagógica debe motivar al maestro para elevar su efectividad y perfeccionar su estilo. Se trata de preparar a un profesional de la educación que sea capaz de actuar con flexibilidad en las diversas situaciones comunicativas en las que interactúa con sus alumnos, un maestro que asuma la comunicación de manera eficiente, conjugando los intereses individuales y grupales con los objetivos instructivos y educativos de la enseñanza.

En consonancia con lo anterior se plantea: ¨un buen profesor no es sino un incansable buscador de codificaciones óptimas para la comunicación de lo que desea que sus alumnos aprendan”.

El perfeccionamiento del estilo de comunicación favorece la organización del proceso pedagógico como un proceso de interacción y diálogo donde se produzca un contacto psicológico positivo entre el maestro y los alumnos, que facilite un adecuado desarrollo personal de los alumnos.

De manera general se puede afirmar que el perfeccionamiento del estilo de comunicación del maestro de la Educación Primaria permite que este conozca mejor a sus alumnos como personas y se comprometa afectivamente con ellos. Esto debe conducir al logro de una mayor eficiencia en el proceso de comunicación en el contexto de la labor pedagógica que debe revertirse de forma positiva en la formación de la personalidad de los alumnos.