BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

MIGRACIÓN INTERNACIONAL Y POLÍTICAS MIGRATORIAS

Julieta Nicolao




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III. SOBRE LAS PRINCIPALES TENDENCIAS DE LAS MIGRACIONES INTERNACIONALES

III. 1. Globalización, diversificación y feminización de los flujos

Las corrientes migratorias contemporáneas presentan características específicas que las distinguen en muchos aspectos de las migraciones internacionales de etapas precedentes. Definitivamente, el hecho de que las mismas respondan a una multiplicidad de causas ha influido sobremanera en las particularidades que éstas han adquirido, principalmente en su globalización, diversificación y feminización.

La creciente globalización de los desplazamientos se observa en el doble sentido de que las personas migran desde y hacia cualquier parte del globo y de que la mayoría de los países del mundo participan en ellas. En este sentido, en las últimas décadas se ha registrado una exponencial diversificación de los orígenes y destinos migratorios, pero sobre todo de los segundos, a tal punto que si hace cien años, el grueso de los migrantes internacionales (nueve de cada diez), desembarcaba en cinco grandes países (Estados Unidos, Argentina, Brasil, Canadá y Australia), ahora, para dar cuenta de una proporción equivalente, habría que sumar los recibidos por una cuarentena de Estados. Ciertamente, el número de países receptores es hoy mucho mayor que entonces, pero ninguno muestra la capacidad de acogida que caracterizaba en el pasado a Argentina, Brasil, Canadá o Australia, o, proporcionalmente, a otros de menor tamaño. (Arango; 2007).

Asimismo, cada vez más naciones del mundo se incorporan a los procesos migratorios, ya sea actuando como países de expulsión, recepción o tránsito, y muchos de ellos pertenecen a las tres categorías. Pero esto no vuelve obsoleta la vieja distinción, porque si bien todos reúnen esa triple condición, algunos son sobre todo receptores y otros son ante todo expulsores (Arango; 2007). En este sentido, se puede observar cómo en esta etapa países de tradicional emigración se ubican hoy entre los destinos de inmigración más escogidos, mientras otros experimentaron una conversión inversa (Tapinos; 2000). Es el caso de la mutación de los Estados del sur de Europa (Italia, España, Portugal y, en menor medida, Grecia), en los cuales prácticamente han cesado las salidas de inmigrantes y, desde los años 80’, se hizo notoria la llegada de inmigración extranjera (Actis et. al.; 1999) o de América Latina, que pasó de región receptora de migrantes europeos a proveedora del 20% de migrantes permanentes hacia los Estados Unidos.

Pero la cada vez mayor extensión mundial del fenómeno migratorio no va de la mano de un incremento del volumen de población mundial migrante. Cierto es que éstos han experimentado un incremento significativo durante el período examinado: las personas residiendo fuera de su país de origen pasaron de representar 82 millones de personas en 1970 a 175 millones en 2000, calculando que en la actualidad se estaría arribando a los 200 millones . No obstante, la proporción de los mismos en la población mundial permaneció prácticamente estable, no superando el 3% de la misma .

Así, en términos porcentuales, los flujos migratorios han tenido una importancia mayor en otros momentos de la historia, en los cuales han llegado a comprender el 10% de la población del mundo, como ocurrió a principios del siglo XX. . Por ejemplo, el país receptor por antonomasia, Estados Unidos, recibió en el año 1907 la impresionante cifra de 1.700.000 nuevos inmigrantes, un número nunca superado ni antes ni después. En la actualidad, con una población cuatro veces mayor que entonces, es raro el año en el que supera el millón de nuevos extranjeros (Arango; 2007). De ahí que Domínguez Avila catalogue a las migraciones contemporáneas como de mediana intensidad .

Desde esta perspectiva, puede afirmarse que los flujos migratorios en la etapa estudiada se caracterizan por ser extensivos (leído desde la multiplicación de Estados involucrados), en contraposición a la naturaleza intensiva que presentaron durante el período de las migraciones masivas (Garrido; 2004).

En segundo término, otra de las tendencias que se advierte en estas décadas es la diversificación de las corrientes migratorias tanto en lo que refiere a su composición como direccionamiento. Como se señaló al principio, la multiplicidad de variables que intervienen en la determinación de los flujos ha contribuido a ampliar el espectro de modalidades migratorias, resultando que en la actualidad, coexisten migrantes tradicionales con otros que presentan nuevas características, dando lugar a una amplia gama que incluye: refugiados , desplazados ambientales, trabajadores no calificados, mano de obra altamente capacitada, migrantes temporales , permanentes; de tránsito ; legales, irregulares; limítrofes, regionales, transoceánicos, entre otros. Incluso se ha comenzado hablar de una nueva categoría de migrantes a los que se denomina “transmigrantes” caracterizando a aquellas personas que cambian permanentemente de residencia, para los cuales, la migración ya no es un evento singular, transitorio y excepcional, sino que tiende a hacerse parte integral de su vida (Pries; 2002).

Más considerable aún resulta que, con la intensificación de la migración clandestina, emergieron con fuerza las solicitudes de asilo, con la consiguiente confusión entre migrantes económicos y refugiados (Timur; 2000). Dentro de esta condición se encuentran “aquellas personas que se desplazan cruzando fronteras en busca de protección, pero que no cumplen necesariamente con los criterios estrictos establecidos en la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951” (Castles; 2000:19). En algunos países europeos por ejemplo, la demanda de asilo se ha erigido en la preocupación preeminente, hasta el punto de haber dado lugar a lo que se conoce como la crisis europea del asilo (Arango; 2007).

Se torna dificultoso diferenciar entre las categorías mencionadas, pues los migrantes exhiben rasgos de varias de ellas al mismo tiempo, o van mutando, por ejemplo pasan de ser migrantes temporales a permanentes; legales a ilegales (o viceversa); e incluso existen casos en los cuales migrantes económicos presentan una solicitud de asilo y obtienen los privilegios del estatuto de refugiado, con lo cual la confusión es aún mayor.

Aparte de estar asociadas a la naturaleza de las causas que originan las migraciones, las diferentes tipologías expuestas encuentran explicación en la generalización de políticas migratorias restrictivas, a partir de las cuales se exigen distintas condiciones para poder ingresar y ser admitido legalmente al país receptor. Por ello, la clasificación también se corresponde con la mayoría de las categorías legales y administrativas en que los gobiernos y las organizaciones internacionales ubican a los migrantes.

En lo que refiere a la dirección de los desplazamientos, a partir de la década de 1970, el movimiento de personas desde países en desarrollo hacia países desarrollados se perfila como la principal tendencia migratoria del período. Así, para el año 2005, 191 millones de personas vivían fuera de su país de origen: 115 millones en países desarrollados (60% del total de migrantes mundiales) y 75 millones en países en desarrollo; y seis de cada diez migrantes residía en países designados como de ingresos altos .

Dentro de este patrón, las principales regiones de destino las conforman América del Norte, Europea Occidental y Oceanía. En concreto, los tres principales países receptores de migrantes son: Estados Unidos, con 35 millones de migrantes (20% del contingente mundial); la Federación de Rusia, con 13,3 millones (7,6%) y Alemania con 7,3 millones de migrantes, (4,2%). Por su parte, los tres principales emisores son: China con una diáspora que se estima en unos 35 millones; India con un aporte de 20 millones de inmigrantes; y Filipinas con unos 7 millones de filipinos en ultramar (OIM; 2005).

Pero también se desarrollan desplazamientos de personas entre los propios países en desarrollo, como es el caso de las corrientes migratorias intrarregionales en América Latina, cuyos principales destinos son Argentina, Venezuela y Costa Rica ; o las que tienen lugar en el África Subsahariana, en la cual Costa de Marfil y Sudáfrica representan dos de los principales polos de atracción. Mas reducida en volumen, pero no menos importante, es la que se produce entre los propios países desarrollados, comprendiendo flujos migratorios entre Estados Unidos y la Unión Europea (o entre los miembros de este bloque), pero de los cuales también participan países como Canadá, Australia y Nueva Zelanda, compuestos esencialmente por altos directivos de empresas trasnacionales, inversionistas, personal calificado, estudiantes, etc.

No existe una correspondencia evidente entre la dirección de los desplazamientos y las categorías migratorias mencionadas precedentemente. Podría argumentarse, por ejemplo, que la migración calificada caracteriza a las corrientes de dirección sur-norte mientras que el movimiento de personas de bajo nivel educacional identifica a los flujos sur-sur; no obstante, el movimiento de recursos humanos capacitados es muy importante entre los propios países desarrollados y el de mano de obra no calificada representa el mayor volumen de los desplazamientos desde las regiones en desarrollo a los países centrales. Por su parte, la inmigración ilegal es muy numerosa en los principales países de inmigración (adelantados y no adelantados) y los refugiados también están repartidos en todas las regiones del mundo; con lo cual se vuelve imposible someter estos flujos a exámenes lineales.

En tercer lugar, lo que irrumpe en esta etapa, más exactamente desde los años 60’, es la creciente gravitación de las mujeres en las corrientes migratorias mundiales, dando lugar a lo que se conoce como la feminización cuantitativa de las migraciones internacionales. A inicios del presente siglo, las mujeres compusieron alrededor del 48% del stock de migrantes internacionales, lo que equivale a la cifra de 85 millones de personas, frente a 90 millones de migrantes de sexo masculino. En la actualidad, se estima que han igualado a los hombres a nivel internacional, e incluso los han superado en varias regiones, sobre todo en países desarrollados . Asimismo, conforman entre el 70% y 80% de la población de refugiados y asilados del mundo (Hernández; 2006).

Martínez advierte que este cambio se asocia tanto a transformaciones económicas mundiales y su resultante reestructuración en los mercados laborales, como a la consolidación de redes sociales y familiares, y a la potencial autonomía de las mujeres (Martínez; 2003). Lo cierto es que junto a aquellas que se desplazan completando el proceso de reunificación familiar, otras lo hacen de forma independiente, motivadas especialmente por razones económicas. Meneses añade que no ha habido solo una participación creciente de las mujeres en los desplazamientos mundiales, sino también una feminización de la oferta de trabajo. Esto es, el desplazamiento del empleo a los servicios y la precariedad del empleo asalariado tradicional han generado una expansión en los tipos de ocupaciones asociadas con mujeres trabajadoras; creando una demanda permanente de inmigrantes de sexo femenino (Meneses; 2005) para labores como trabajo doméstico, enfermería y servicios de atención individual, limpieza, entretenimiento y comercio sexual, venta minorista y manufactura, etc.

Por detrás de esta tendencia, asoma rápidamente el problema de la desprotección que sufren las migrantes a nivel mundial, la cual suele ser más dura que la que padecen los hombres, sobre todo para aquellas en situación ilegal. Como sostiene Martínez, “las mujeres se ven amenazadas desde un sinfín de dimensiones: discriminación cruzada de género, socioeconómica, étnica y de nacionalidad, abusos sexuales, deterioro de la salud reproductiva y de la integridad física” (Martínez; 2003:56). De hecho, a raíz de este tipo de especificidades que exhiben las migraciones femeninas, se ha presentado como de carácter urgente la necesidad de introducir la perspectiva de género para aplicar a los estudios migratorios internacionales.


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