BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

MIGRACIÓN INTERNACIONAL Y POLÍTICAS MIGRATORIAS

Julieta Nicolao




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III. 2. Remesas

El tema de las utilidades que envían los emigrados a sus comunidades de origen, se ha convertido en otro de los aspectos más notables de la migración contemporánea, evidenciado en el hecho de que para algunos países en desarrollo las remesas se han vuelto una fuente de divisas fundamental, generando una considerable dependencia de las mismas hasta tal punto que, varios Estados inducen hoy la emigración de sus habitantes con el fin de incrementar el volumen de estos envíos. Más aún, en muchos países subdesarrollados, sobre todo africanos, las corrientes anuales oficiales de remesas sobrepasan las aportaciones oficiales de asistencia al desarrollo y la inversión extranjera directa .

Los canales de remisión (formal e informal), la diversidad de las transferencias (familiares o colectivas), los costos de envío y los destinos de las mismas –entre otros factores-, dificultan sobremanera la labor de cuantificación y el análisis del impacto que ejercen en los países que las reciben . No obstante estas limitaciones, a continuación se arrojan algunas cifras estimativas: según la Organización de las Naciones Unidas (ONU) , el dinero enviado a sus lugares de origen por parte de los migrantes internacionales aumentó de 102 mil millones de U$S en 1995 a 232 mil millones de U$S en 2005. La proporción de las remesas mundiales que se dirige a países en desarrollo también aumentó, del 57% en 1995 (58 mil millones de U$S) al 72% en 2005 (167 mil millones de U$S) .

En 2004, los principales destinatarios de las remesas, y siempre expresado en la moneda estadounidense, fueron México (recibiendo 16.000 millones al año), India (9.900 millones) y Filipinas (8.500 millones). Estas transferencias representan una proporción del PIB mucho más alta en países más pequeños como Jordania (23%), Lesotho (27%) y Tonga (37%) (CMMI; 2005).

Latinoamérica y el Caribe constituyen la región que recibe el más alto volumen de remesas, habiendo absorbido el 35% del total mundial en 2004. El dinero que trabajadores latinoamericanos envían desde Estados Unidos, Europa y Japón, entre otros países del mundo, alcanzó un total de aproximadamente 51.000 millones de dólares en 2005. Esta cifra expresa un crecimiento extraordinario, teniendo en cuenta que en el año 1980 las mismas representaron solo 3.000 millones de dólares. México, Brasil y Colombia concentran más del 60% del total, mientras que un 20% es captado por Guatemala, El Salvador y República Dominicana (CEPAL; 2006). Por supuesto, su impacto varía de acuerdo al tamaño de la economía receptora.

Por su parte, África Subsahariana recibe el nivel más bajo de remesas (apenas 1,5 % del total mundial), pero su incidencia es de todas maneras significativa. Por ejemplo, en Somalia, estas transferencias duplican los ingresos de los hogares, mientras que constituyen 80% de los ingresos de los hogares rurales de Lesotho (CMMI; 2005).

En cuanto al destino que se le otorga a este dinero, existen posiciones opuestas al respecto. Algunos analistas sostienen que es mínima la proporción que se dirige a la inversión productiva; que los montos más elevados se destinan a necesidades de consumo básico y el resto se ocupa para la compra, construcción o mejora de viviendas, pago de deudas, etc. (Martine et al.; 2000). No obstante, últimamente varios estudios sobre la materia han demostrado que tal afirmación no es tan evidente (Andrade-Eekhoff; 2006).

Además de las remesas familiares, existen otras generadas por organizaciones de migrantes que se envían a las comunidades de origen y se destinan al financiamiento de obras de infraestructura social y comunitaria, como la habilitación de instalaciones sanitarias, educativas, deportivas y religiosas, la dotación de servicios básicos y la construcción de caminos (Martine et. al.; 2000)

Al margen de las consideraciones sobre el uso que se le da al capital transferido, se debe reconocer que el mismo está jugando un papel esencial en el desarrollo de las comunidades que las absorben. Ya sea que se inviertan o que se utilicen para el consumo, aportan importantes beneficios a los hogares, comunidades y países receptores. Además, realzan la capacidad del sector financiero, atraen inversiones adicionales y facilitan cierto apalancamiento para los préstamos soberanos (CMMI; 2005).

En suma, del examen de las tendencias mencionadas se puede afirmar que el patrón migratorio que presenta este período dista mucho de asemejarse al de las masivas migraciones de ultramar de fines del siglo XIX y principios del XX, caracterizado, a grandes rasgos, por el desplazamiento de hombres solos, jóvenes, de baja calificación que se trasladaron en su mayoría desde Europa hacia el Nuevo Mundo y a sus colonias, pero fundamentalmente a cinco destinos prioritarios. Quizá la principal característica de esta etapa sea la inexistencia de un patrón migratorio que lo identifique, pues los flujos actuales, lejos de representar un modelo único, exhiben un nivel de complejidad mucho mayor que en el pasado.

Las rutas migratorias se han multiplicado (sur-norte-, sur-sur, norte-norte), pero es definitivamente la primera la que se impone sobre las demás. Asimismo, son variadas las modalidades que revisten los desplazamientos desde el punto de vista de la diferente naturaleza de las causas que las impulsan, como de las categorías que legalmente emergen para reordenar estos fenómenos. En contraposición al pasado, es destacable la creciente participación femenina y, como se ampliará en el próximo apartado, el protagonismo de los inmigrantes en situación irregular; pero la característica por excelencia es la diversificación de los perfiles de los individuos que se desplazan.

Por su parte, el volumen de las corrientes se ha incrementado en términos absolutos, pero su tamaño en relación a la población mundial es mucho menor que las de principios del siglo pasado, con lo cual el aporte al crecimiento poblacional de los países de destino no tienen comparación alguna con el que tuvo lugar en aquella etapa.

Finalmente, y teniendo en cuenta las diferentes aristas que contienen los procesos migratorios, y en este caso el económico, es de remarcar el papel cada vez más relevante que están asumiendo las remesas en los movimientos migratorios contemporáneos, con un creciente impacto en las economías receptoras, observándose en algunos casos, una fuerte dependencia de estos ingresos.


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