BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

MIGRACIÓN INTERNACIONAL Y POLÍTICAS MIGRATORIAS

Julieta Nicolao




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II. 2. Modelo económico

En Argentina, al igual que en el plano internacional, el año 2001 fue determinante, pues marcó la crisis del modelo neoliberal impuesto en el país desde 1976. El mismo no constituyó un mero colapso económico, sino también social, consecuencia del extraordinario incremento del desempleo, la caída de los salarios y el espectacular aumento en los índices de pobreza e indigencia. Pero también significó una grave ruptura política e institucional visibilizada a partir de la caída del gobierno de Fernando De la Rúa y la sucesión de cinco presidentes en las últimas dos semanas de diciembre de 2001, provocando una crisis de representatividad que se evidenció en el lema popular “que se vayan todos”, junto a un profundo debilitamiento de la credibilidad de los partidos políticos tradicionales.

Algunas cifras estadísticas comparativas entre 1974/75 y 2002, permiten dar cuenta de la magnitud de la catástrofe que trajo el neoliberalismo en Argentina: entre esos años la población bajo la línea de pobreza pasó del 7% al 56%; el desempleo creció desde un 3% al 21%, más un 20% de subempleo y un 40% de los ocupados en condiciones precarias; los salarios descendieron en un 65% en términos reales. Si en 1974 más del 90% de la población económicamente activa (PEA) estaba cubierta por derechos sociales, en el 2002 esa proporción no superaba el 20%. La deuda externa creció de 7.800 millones de dólares a 170.000 millones, a pesar de haberse pagado alrededor de 200.000 millones y de enajenarse más del 90% del patrimonio público (Argumedo; 2005). Con el estallido de la crisis, el PBI cayó un 4,4% en 2001 y un 10,9% en 2002. (INDEC; 2007).

En el plano migratorio, las consecuencias de la crisis del modelo neoliberal se manifestaron en la salida masiva de argentinos al exterior, como respuesta a las escasas posibilidades laborales encontradas en el país. Dicha emigración, heterogénea en su composición, asumió un ritmo preocupante pues implicó la huida de aproximadamente un cuarto de millón de personas entre 2000 y 2003 . Esta cifra no hace más que confirmar la idea que ya ha venido esbozándose en la presente tesis sobre la mutación de nuestro país de Estado receptor a expulsor de migrantes. A estas modificaciones, se debe añadir el retorno a sus países de origen de un importante número de inmigrantes de procedencia limítrofe, cuya cifra exacta aún se desconoce, que habían ingresado al país en las últimas décadas.

Durante el gobierno de transición del Dr. Eduardo Duhalde (2002-2003), se determinó la devaluación de la moneda nacional y el fin del régimen de convertibilidad, medida que dio lugar a los primeros pasos de recuperación económica: incremento de las exportaciones argentinas y la reactivación de varios sectores industriales orientados al mercado interno, estimulada por el encarecimiento de las importaciones. El objetivo central de Duhalde fue estabilizar la economía y producir las condiciones necesarias para un tránsito ordenado hacia las elecciones presidenciales de 2003, objetivo que cumplió aceptablemente (Aranda; 2004). Asimismo, consiguió un acuerdo con Estados Unidos y el Fondo Monetario Internacional, el cuál se logró por el temor respecto a un efecto contagio de la crisis argentina en los países de la región.

El presidente Néstor C. Kirchner, respaldado por el justicialista Eduardo Duhalde, llegó al poder en 2003 con el apoyo de tan sólo el 22% del electorado, luego de que el triunfador de la primera vuelta electoral, Carlos Saúl Menem, decidiera no presentarse al ballotage ya que los sondeos le señalaban una segura derrota. Esta limitación determinó como meta personal del nuevo Jefe de Estado ampliar la base electoral para obtener mayor poder político. En este sentido, iniciativas como la modificación de la composición de la Corte Suprema de Justicia, con razón considerada un instrumento menemista, la renovación las Fuerzas Armadas en sus cuadros superiores, o el desarrollo de una política activa en materia de derechos humanos, le fueron de mucha utilidad para aquel desafío.

En concordancia con el mencionado clima regional, el presidente Kirchner asume con un discurso muy crítico sobre el modelo económico neoliberal predominante en la década precedente y en los pilares en los que se asentó el mismo. Desde su asunción, afirmó que lideraría un proyecto de país dirigido a la construcción de “un capitalismo nacional que genere las alternativas que permitan reinstalar la movilidad social ascendente”, para lo cuál anunció la emergencia de un Estado conductor, promotor de políticas activas para lograr crecimiento económico, generar puestos de trabajo y una mejor y más justa distribución del ingreso, para así lograr la Argentina del progreso social. Se definió a la justicia social como el valor más prioritario y al Estado como el “gran reparador de las desigualdades sociales” . Asimismo, “proclamó un discurso muy crítico hacia los organismos de crédito multilaterales a quienes acusó de ser corresponsables de la situación argentina, y advirtió que su gobierno mantendría una actitud más firme y menos condescendiente que antaño en las negociaciones de la deuda externa” (Colombo; 2005: 146).

Durantes los primeros años, lo que se verificó desde la perspectiva de la consolidación del gobierno de Kirchner, fue una conjunción de, por un lado, los efectos benéficos de la devaluación y por otro, un escenario externo favorable para el desempeño de la economía. La devaluación produjo al menos tres nítidos beneficios: el incremento de los ingresos fiscales, a través de las retenciones a las exportaciones de granos, soja transgénica y petróleo principalmente, cuyos precios internacionales fueron en continuo ascenso en estos años; el estímulo a actividades sustitutivas de importaciones que se vieron protegidas por la devaluación de la moneda, recuperando así la producción industrial, la más intensiva en trabajo respecto a otros sectores. Y por último, la reducción de la remuneración del trabajo respecto de la del capital a raíz de la devaluación real, lo cuál, sumado a la expansión de las actividades industriales, provocaron un crecimiento del empleo más allá de lo que se esperaba (Gerchunoff y Aguirre; 2004).

Esto se desarrolló en un contexto internacional en el cuál la economía internacional creció a tasas de interés importantes en todos los bloques, porque creció Estados Unidos, Europa, Asia Pacífico y Japón al mismo tiempo, con bajas tasas de interés, con depreciación del dólar frente a otras monedas, lo cual mejoró el ingreso de los productores y exportadores argentinos (Scibona; 2005).

Lo cierto es que la administración kirchnerista exhibe logros económicos importantes respecto de la crisis de 2002: durante los años 2003-2007, el PBI aumenta en promedio 8,8%; el desempleo al compás de la recuperación económica baja hasta alcanzar 9,8% en el primer trimestre de 2007, dejando atrás el terrible índice de 21,5% de mayo de 2002. Más aún, gracias al superávit fiscal (principal ganancia del gobierno), en 2005 se canceló la deuda con el Fondo Monetario Internacional, un total de 9.500 millones de dólares, que pese a constituir solo un 9% de la deuda externa del país, tuvo una repercusión muy positiva en la sociedad.

La evolución positiva de estos indicadores posibilitó un fortalecimiento político de Kirchner y el incremento notorio de los índices de popularidad del presidente, en un país donde la oposición política, después del fracaso de la Alianza, quedó debilitada, fragmentada y sin proyectos políticos alternativos. La recuperación económica de estos años podría estar dando lugar a una etapa de transición en la que se va gestando un nuevo modelo productivo orientado al mercado interno, que apunta a la revitalización de un sector de la industria nacional, pero de todas maneras aún sustentado en la rentabilidad de las exportaciones (maíz, soja transgénica, entre otros), beneficiadas tanto por la devaluación como por los altos precios internacionales (Svampa; 2007:43).

En materia de política exterior, el presidente Kirchner anunció desde su asunción su compromiso con el multilateralismo y declaró el fin de los “alineamientos automáticos” en el sentido de cómo fue planteada la relación con Estados Unidos en la década precedente. Por el contrario, las relaciones con la potencia del norte y con otros Estados desarrollados del mundo, se definió esta vez como “madura”. En correspondencia con esto, la administración Kirchner afirmó que el país no participaría en la guerra contra Irak, marcó diferencias en cuanto a la lucha contra el terrorismo, negó la inmunidad jurídica total para militares norteamericanos que tenían programado realizar un ejercicio en conjunto con la Fuerza Aérea Argentina en territorio nacional, etc. (Colombo; 2005). Asimismo, fue este gobierno junto a sus socios mercosureños y Venezuela quienes, en noviembre de 2005, en el marco de la Cumbre de las Américas de Mar del Plata, bloqueó la concreción del ALCA (Área de Libre Comercio de las Américas) principal proyecto norteamericano para el hemisferio, por considerar que no favorecería el desarrollo de la economía de dichos países.

Sin embargo, una las apuestas más fuertes de la administración kirchnerista, a la que destaco como prioridad absoluta, ha sido su decisión de reforzar el MERCOSUR y la integración sudamericana, considerada la plataforma ideal para la inserción internacional de la Argentina. De la mano de este objetivo, aparece la voluntad de incluir en la agenda regional las cuestiones sociales e institucionales para acompañar la integración económica, resaltando nuevamente los principios de justicia social en el espacio regional. Es destacable al respecto que no sólo se hace hincapié en la profundización del MERCOSUR sino en la proyección del espacio regional hacia Sudamérica, así como también la evidencia de que no se concibe a la integración en términos estrictamente comerciales. Este punto se tratará de modo específico más adelante.

En otro plano, se marcó desde un principio que se destinaría el mayor esfuerzo al logro de la inserción comercial de la Argentina en el mundo, profundizando la estrategia de apertura de mercados, con el objetivo de diversificar las exportaciones hacia bienes con mayor valor agregado . En cuanto a esto se debe decir que, si bien el perfil comercial de la Argentina sigue liderado por los complejos exportadores oleaginoso y petrolífero, se han recuperado e incrementado los niveles de actividad en la mayoría de los rubros industriales desde 2002 a esta fecha, los cuales han sido estimulados por diferentes medidas de promoción de la actividad industrial , así como por diversas misiones empresariales en búsqueda de nuevos mercados en el exterior.


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