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MIGRACIÓN INTERNACIONAL Y POLÍTICAS MIGRATORIAS

Julieta Nicolao




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CAPÍTULO 2: “LAS MIGRACIONES INTERNACIONALES CONTEMPORÁNEAS”

I. INTRODUCCIÓN

Las migraciones internacionales, lejos de representar un fenómeno novedoso, constituyen un elemento constante y esencial de la historia de la humanidad. En tanto proceso dinámico, sus causas, características, composición, volumen y tratamiento cambian permanentemente, por lo cual su estudio obliga a la delimitación temporal. Es por ello que cuando se habla de migraciones internacionales, se habla indefectiblemente de las mismas, en un período histórico particular.

En la etapa contemporánea, específicamente, entre el último cuarto del siglo XX y lo que va de la década actual, se atraviesa una nueva fase histórica en la evolución de los desplazamientos humanos, los cuales presentan un nivel de complejidad sin precedentes, una alta diversificación, responden a una multiplicidad de causas y, mientras el escenario en el que se desarrollan se expande progresivamente, emergen nuevos actores y categorías migratorias.

Del mismo modo, las respuestas de los Estados a este fenómeno, tradicionalmente marginadas en los estudios sobre la materia, pero no por ello menos relevantes, comienzan a tomar un protagonismo más visible y una nueva orientación. En las últimas décadas, los Estados optan, de forma casi generalizada, por la imposición de obstáculos al ingreso de personas a sus territorios, inaugurando una etapa de restricciones que también, desde esta perspectiva, caracterizan al período; complementadas por criterios selectivos de admisión.

Dando cuenta de los aspectos mencionados, este capítulo tiene como objetivo, analizar las migraciones internacionales en el período indicado, identificar las principales razones que motivan los desplazamientos, sus particularidades y patrones predominantes, ofreciendo al mismo tiempo, un breve abordaje sobre el nuevo rumbo que han tomado las políticas migratorias en los principales destinos migratorios.

II. SOBRE LOS CONDICIONANTES DE LAS MIGRACIONES INTERNACIONALES

Quizá uno de los aspectos más analizado en los estudios sobre la movilidad internacional de las personas sea el referido a las causas que le dan origen. Diferentes especialistas han intentado durante décadas exponer los factores que determinan los desplazamientos y continúan haciéndolo; pero la gran mayoría de ellos arriba a la conclusión de que no son válidas las explicaciones monocausales para abordar estos procesos, sino que se debe recurrir a una gran variedad de factores. En el período contemporáneo, la identificación de éstos se vuelve una tarea muy difícil habida cuenta de la gran diversidad de manifestaciones en la que hace su presentación el fenómeno migratorio. Es debido a su naturaleza compleja, heterogénea y multidimensional, que las migraciones internacionales deben ser abordadas desde la multicausalidad.

Por otro lado, es una realidad que sus condicionantes abarcan factores de diferente índole, constituyendo a veces, procesos polifacéticos y de límites imprecisos (políticos y sociales a la vez, por ejemplo) lo cuál hace aún más complejo su análisis.

No obstante, aquí se intentará ofrecer un panorama general sobre las causas que determinan los desplazamientos internacionales de personas, agrupando las diferentes situaciones posibles dentro de variables definidas de acuerdo a la arista considerada determinante: económica, tecnológica, demográfica, política, social, ambiental e histórico-geográfica.

Dentro de ellas, pueden existir determinantes históricos de las migraciones internacionales como es el caso de los lazos coloniales establecidos entre países en siglos anteriores, los que han generado tradicionalmente fuertes movimientos poblaciones entre ellos, y procesos dinamizadores de estos flujos, propios de la etapa en consideración, como el avance de la globalización que ha venido a reforzar las disparidades socioeconómicas entre los países, incrementando las presiones emigratorias. Se observará entonces que los condicionantes pueden ser de naturaleza estructural o coyuntural.

II. 1. Variables económicas y tecnológicas

Dentro de las variables económicas, la asimetría en los niveles de desarrollo económico entre regiones y países del mundo, ha constituido siempre una de las razones centrales por la cual se han movilizado las personas a través de las fronteras nacionales; siendo la diferencia relativa en los niveles de ingreso entre países de origen y destino la que mide esta diferencia. De este modo, así como a principios de siglo XX (1913), el mayor ingreso per cápita de Argentina, que excedía en 30% a los de España e Italia, significó un fuerte incentivo económico para migrar hacia ese país, entre 1975 y 2000, el ingreso per capita en Argentina (en promedio 72% del de España y 55% del de Italia), determinó la inversión de los flujos en esa dirección, principalmente hacia el primero (Solimano; 2003).

De forma análoga, a inicios de la presente década, el producto interno bruto (PIB) per cápita promedio de los Estados latinoamericanos representaba el 24% del de Estados Unidos, 29% del de Canadá y 40% del de España, lo cual explica -entre otros factores- que sean éstos los principales destinos de la emigración latinoamericana.

Ahora bien, el actual proceso de globalización ha venido a profundizar los desequilibrios económicos mundiales, como resultado de la excesiva concentración de la riqueza que posibilita el sistema capitalista en su nueva forma. Los países más ricos se vuelven cada vez más ricos y los países pobres se vuelven cada vez más pobres, observándose que, mientras en 1975 el PIB per cápita de los países con altos ingresos era 41 veces superior al de los países con bajos ingresos y 8 veces superior al de los países con ingresos medios, hoy, estas cifras han ascendido a 66 y 14, respectivamente (CMMI; 2005).

Pero además de manifestarse de forma cada vez más enfatizada entre países industrializados y los que no lo son, tales desigualdades se observan cada vez más entre estos últimos y al interior de los propios Estados. La situación mexicana es ilustrativa en este sentido, pues la brecha económica y social que separa a la región norte y sur del país es tan amplia como la que divide a México de los Estados Unidos . Generalmente, el malestar social causado por estas asimetrías, desemboca en conflictos sociales que incrementan las presiones emigratorias. Es por ello que se dice que las disparidades en los niveles de vida entre países o entre regiones al interior de éstos, se constituye directa o indirectamente en una de las principales razones de las migraciones internacionales actuales .

Sin embargo, es preciso aclarar que aún siendo una de las causas esenciales de los flujos migratorios internacionales, estas diferencias no son las únicas razones que originan los mismos, y tampoco alcanza solamente con que existan, porque para emigrar a otro país no basta con tener motivos, sino que hace falta también poder hacerlo. Si todas las personas del mundo lograsen trasladarse a países con mayores ingresos relativos, el volumen de los desplazamientos mundiales sería mucho más elevado que el que existe en la actualidad.

Queda claro por otra parte que, constituyendo la mencionada un tradicional determinante económico de los flujos migratorios internacionales, se ve fortalecida en esta etapa por los efectos del proceso globalizador que a su vez, ejerce nuevos estímulos a la migración a partir de sus diferentes facetas.

Aquí entra en escena la dimensión tecnológica de los procesos migratorios. Ya en 1989, dentro de las famosas “Leyes de la Migración”, Ernest George Ravenstein presentaba la vinculación entre la movilidad humana y el progreso de la tecnología y el transporte, apreciación que se aplica al caso contemporáneo. En esta etapa, el desarrollo de las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones ha permitido incrementar la visibilidad de las desigualdades que inundan el mundo actual y, por esa vía, potenciar los deseos de traslado. Hoy en día, gracias a los adelantos en este campo, se tiene un conocimiento en tiempo real de lo que sucede en cualquier rincón del mundo, lo cual actúa como mecanismo para despertar el interés por ir a lugares donde las condiciones de vida y de trabajo se presentan, en principio, mucho más atractivas (González Rabanal; 2004). De hecho, este acceso a información sobre oportunidades de progreso en zonas lejanas ha favorecido una diversificación acentuada de los potenciales destinos.

Es en este sentido que Hidalgo Capitán (2007) habla de una intensificación de los flujos migratorios como consecuencia de una amplificación del “efecto demostración”, producto de la globalización. “El efecto demostración consiste en la adopción por parte de los ciudadanos de los países en desarrollo de estilos de vida, pautas de consumo y ambiciones propias de los ciudadanos de los países desarrollados” (Hidalgo Capitán; 2007:3). El acceso al conocimiento de un mundo mejor, aunado a la insatisfacción de las aspiraciones en el propio país, empuja a las poblaciones a buscar satisfacerlas más allá de las fronteras nacionales.

Por otra parte, los desarrollos en el campo de las comunicaciones, contribuyen a que los procesos migratorios se vuelvan hoy mucho más inmediatos como respuesta a situaciones de crisis, o más sensibles a los cambios en los mercados laborales, produciéndose migraciones de amplios volúmenes en muy corto tiempo. Además, posibilita a los migrantes mantener contactos frecuentes con sus comunidades de origen y así multiplicar los desplazamientos.

Los desarrollos en el área de los transportes también han contribuido a acrecentar la movilidad, sobre todo entre regiones distantes. Así como hace más de un siglo, la modernización de los transportes marítimos y la masificación del buque a vapor, significaron un fuerte impulso al desarrollo de los flujos masivos, ahora los avances en el transporte aéreo, la disminución de los costos y la reducción del tiempo de duración del viaje, son responsables de la aceleración de los desplazamientos. Para tener una idea aproximada de los continuos avances en este campo, basta recordar que en el período de las migraciones masivas, concretamente en el año 1873, los españoles que arribaban a Argentina, lo hacían luego de una travesía de alrededor de veintiocho días, mientras que en la actualidad los migrantes que viajan desde nuestro país a España, lo hacen en un lapso de aproximadamente doce horas. El mayor acceso a medios de transporte rápidos y económicos, incrementan los flujos migratorios desde y hacia cualquier lugar del planeta, ampliando el abanico de destinos posibles.

Por su parte, la mayor movilidad del capital que promueven las inversiones extranjeras y la relocalización de los procesos productivos, ha afectado la redistribución internacional de las oportunidades económicas y por esa vía, la dinámica de los comportamientos migratorios (Di Fillipo; 2000).

Por un lado, los migrantes provenientes de regiones en desarrollo se trasladan a aquellos países donde la inversión extranjera crea polos de crecimiento económico, ya sean centros industriales, tecnológicos o financieros, en los cuales, surge una demanda de mano de obra extranjera con diferentes cualificaciones. Puede citarse, por ejemplo, el flujo de trabajadores asiáticos contratados por los países del Golfo Pérsico, en el contexto del auge petrolero de la década de los 70’. A mediados de ese decenio, el 66% de los trabajadores de los Emiratos Árabes Unidos eran extranjeros (Timur; 2000).

Pero por otro lado, en algunos países del sur, las inversiones provocan rupturas importantes en el marco laboral tradicional y emigración (incorporación de mujeres al trabajo asalariado y emigración masculina, por ejemplo). Esto último hecha por tierra el argumento de que el traslado de las cadenas productivas hacia países en desarrollo, actúa como un freno al desplazamiento de personas hacia países industrializados ; por el contrario, generalmente se presenta el efecto inverso: una expulsión de la población autóctona hacia la emigración, la cual se desplaza a través de los mismos canales que abrió la penetración económica (nexos culturales, de transporte y comunicaciones, etc.) (Actis et. al.; 1999).

Asimismo, en un nivel de intensidad mucho menor, la internacionalización empresarial, da lugar un constante desplazamiento de especialistas, personal calificado, administrativos, directivos, inversionistas, adoptando predominantemente la forma de migración temporal.

Por último, se debe hacer referencia al cambio en los modos de producción que permitieron los avances tecnológicos en el campo de la información y las comunicaciones, que implicaron rupturas importantes en el marco laboral tradicional, el surgimiento de una nueva división internacional del trabajo, y la demanda de mano de obra migrante para ocupaciones ubicadas en los dos extremos del mercado de trabajo de los países desarrollados: en los puestos rechazados por los locales, y en los sectores altamente especializados, lo cual representa otro factor de estímulo al desplazamiento de personas en esa dirección. Por ejemplo, mientras la alta tecnificación de la industria originó una disminución del empleo asalariado tradicional y su progresiva precariedad, y una fuerte especialización de la mano de obra; la espectacular expansión de las ocupaciones en el sector de los servicios, creó también un mercado de trabajo polarizado con una demanda cada vez mayor de mano obra barata y al mismo tiempo, de personal altamente calificado en sectores de servicios en expansión (Meneses; 2005).

Esto puede asociarse a la tesis de la dualización del mercado de trabajo en los países desarrollados, cuya idea central radica en que el mismo se fragmenta en segmentos diferentes e independientes, por lo cual pueden existir altos niveles de desempleo entre titulados universitarios y al mismo tiempo una demanda de trabajo insatisfecha en el sector agrario o en el servicio doméstico, sin que los universitarios desempleados estén dispuestos a ocupar dichos empleos. Lo cierto es que hay determinados trabajos que los ciudadanos de los países desarrollados ya no desean realizar y que ante esta falta de oferta los empresarios se ven obligados a demandar trabajadores extranjeros. Pero vale advertir que no se trata simplemente de una cuestión económica que pueda solventarse aumentando los salarios en estos puestos laborales (lo cuál limitaría los márgenes empresariales), sino de una cuestión social vinculada con el status otorgado a determinadas ocupaciones. Así, los trabajadores extranjeros, en la mayoría de los casos, por los niveles de vida en sus países de origen, están dispuestos a aceptar salarios más bajos y peores condiciones laborales que las que aceptaría un trabajador de un país desarrollado (Hidalgo Capitán; 2007).

Los procesos de integración regional son otra variable de singular importancia. Al igual que en otros fenómenos, inciden en él factores diversos, de índole política y económica: para este trabajo se ha tomado esta última variable para su ubicación general.

En el actual contexto de globalización, se ha reforzado la tendencia a la creación de bloques que comprendan varias unidades económicas nacionales, con la meta esencial de enfrentar en mejores condiciones y conjuntamente los desafíos que presenta la acelerada competencia global. Como consecuencia, en los últimos años, las diferentes modalidades de integración económica existentes en el mundo, han pasado a representar un componente adicional de los estudios sobre migraciones internacionales, y la movilidad de personas al interior de los mismos, uno de los aspectos más controvertidos de tales procesos.

Con la excepción de la Unión Europea, proyecto integrador más exitoso y de mayor antigüedad en el mundo, los años 90’ constituyeron la década de auge de la conformación de procesos de integración sub-regional, como fueron los casos del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y el Mercado Común del Sur (MERCOSUR) en el hemisferio occidental; de la Comunidad de Desarrollo del África Austral (SADC) y la Comunidad Económica de los Estados del África del Oeste (CEDEAO); así como también en Asia, la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) se embarcó en planes para un Área de Libre Comercio y el grupo de Cooperación Económica en Asia y el Pacífico (APEC) se comprometió con objetivos de liberalización comercial; por mencionar sólo algunos ejemplos.

Visiblemente, las agrupaciones económicas regionales o sub-regionales han provocado un redireccionamiento de los flujos migratorios internacionales, a partir del cual los Estados más prósperos al interior de los mismos reforzaron su ubicación como polos de atracción para los inmigrantes de la región. Asimismo, se observa que, cuando las diferencias en los niveles de desarrollo entre los miembros del grupo son muy acentuadas, los flujos migratorios se intensifican, en cambio, cuando existe mayor convergencia económica entre ambos, éstos aminoran. En el caso de la Unión Europea, con libertad de circulación de personas a su interior, la ampliación del bloque que se concretó en el año 2004 tuvo evidentes repercusiones en materia migratoria, a partir de la incorporación de diez nuevos países con ingresos notablemente menores que los del resto de los quince antiguos miembros .

Asimismo, “algunos especialistas sostienen que los esquemas de integración de mercados pueden incentivar la migración, puesto que las oportunidades laborales que conllevan contribuirán a que las personas dispongan de medios para financiar su traslado; además; si esos esquemas de integración dan lugar a una desarticulación de las unidades de producción con uso intensivo de mano de obra tenderán a acentuar las propensiones migratorias” (Villa y Martínez; 2000: 78).

Con todo, el tema de mayor consideración a la hora de abordar la relación entre los procesos de integración y las migraciones internacionales, tiene que ver con los diferentes objetivos en los que se asientan tales acuerdos, esto es, con el grado de integración que se pretende alcanzar. Martínez señala al respecto que “si bien todo proceso de integración tiene efectos sobre la migración internacional y todavía no es posible evaluarlos adecuadamente, aquellos acuerdos que aspiran a crear mercados comunes contienen compromisos explícitos que propician la conformación de una ciudadanía comunitaria, exigiendo políticas migratorias más abiertas y flexibles” (Martínez, 2000; en Novick et. al.; 2005: 9). Por el contrario, los acuerdos que tienen por fin último la creación de zonas de libre comercio o uniones aduaneras, excluyen de toda consideración la libre movilidad del trabajo, ya que sus objetivos se limitan al plano económico-comercial. Es el caso del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), el cual descarta la posibilidad de liberalizar la movilidad de personas a su interior. Situación preocupante debido al volumen de los flujos que se desarrollan a su interior .

En el caso del MERCOSUR, (proyecto integrador que aspira a la conformación de un mercado común), si bien su nacimiento se dio en un contexto políticas económicas neoliberales, dentro de las cuales no cabían las temáticas sociales, en los últimos años, se han registrado avances destacables en materia migratoria, los cuales se ponen a consideración en el capítulo 4.

Si bien se ha incluido la influencia de los procesos de integración en las migraciones internacionales dentro de las variables económicas, queda claro entonces que aquí también juegan un rol muy importante los factores políticos (política migratoria común o de los Estados miembros), entre otros elementos.


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