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MIGRACIÓN INTERNACIONAL Y POLÍTICAS MIGRATORIAS

Julieta Nicolao




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IV. 1. a. Dinámica migratoria y evolución de la inmigración limítrofe.

La dinámica migratoria argentina experimenta diversos cambios en estos años. Por un lado, se acentúa el proceso de emigración de personal calificado, iniciado en la década precedente, vinculado a la restricción de las libertades civiles y políticas que aplicaron los gobiernos militares. Durante 1976-1983, los miembros del Proceso de Reorganización Nacional llevaron adelante una “estrategia generalizada de represión de cualquier oposición potencial, que incluyó la «depuración» masiva de los medios científicos, profesionales y estudiantiles” (Solimano; 2003:68); empujando a miles de personas altamente capacitadas al exilio político.

La represión se extendió también a los inmigrantes limítrofes a través de la Operación Cóndor, un plan de inteligencia y coordinación entre los servicios de seguridad de las diferentes dictaduras militares del Cono Sur –Argentina, Chile, Brasil, Bolivia, Paraguay y Uruguay-, que se encargó de la persecución, captura y eliminación de los opositores políticos prófugos, asentados en cualquiera de los países mencionados.

El retorno de la democracia no implicó el regreso de quienes emigraron en estos años, pues los autoritarismos políticos fueron suplantados por las escasas posibilidades de progreso en el propio país -hundido en una grave crisis económica-, como las causas determinantes de la opción emigratoria para los profesionales. Desde esta perspectiva, Laura Calvelo habla de la “huida hiperinflacionaria” para referirse a la manifestación de este fenómeno durante los años 80’ (Calvelo; 2007).

Como consecuencia del considerable crecimiento de la emigración de argentinos en estos años, y de la disminución del arribo de población extranjera al país (cuadro 3), Argentina experimenta en esta etapa una mutación que lo lleva a abandonar su tradicional condición de país de inmigración para constituirse en uno predominantemente expulsor. Si bien el número de extranjeros residiendo en el país sigue siendo mayor que el número de argentinos residiendo en el exterior, en el período 1975-1990 la tasa de migración neta (inmigración menos emigración) fue en promedio de -1.387,5 personas por año ; lo cuál significa que el país expulsó más población de la que recibió.

En cuanto al aporte inmigratorio, los Censos de Población de 1980 y 1991, que miden la evolución de la inmigración internacional en las décadas del 70’ y 80’ respectivamente, dan cuenta de una reducción del volumen de población extranjera en relación a la población total, tendencia que viene registrándose desde el Censo de 1914. Como puede observarse en el cuadro 3, mientras en 1970, los inmigrantes constituían el 9% de la población total del país, diez años después el porcentaje se había reducido al 7%, y en 1991 llegó al 5%.

Por el contrario, el incremento del volumen de inmigrantes limítrofes sobre el total de la población extranjera se acentúa, representando 39,6% de la misma en 1980 y 52,1% en 1991, lo que equivale a 753.428 y 841.697 personas, respectivamente. Así, en 1991 la población procedente de países vecinos se convierte, en conjunto, en el contingente de extranjeros más importante del país (INDEC; 1997). Si bien esta transformación no se vincula a un espectacular incremento de arribos de este origen, sino a la interrupción, envejecimiento y muerte de los antiguos y voluminosos flujos inmigratorios europeos, adquiere una importancia singular por desarrollarse en el período en que se acentúan los saldos migratorios negativos en el país.

Ahora bien, ¿qué explica el incremento de los inmigrantes fronterizos en esta etapa, teniendo en cuenta que durante el período 1976-1989 la Argentina ingresa en una fase de recesión económica, estancamiento de las actividades productivas, inestabilidad monetaria, deterioro de la demanda de empleo y caída rotunda de los salarios reales?

En tanto instancia dramática para toda América Latina, debe entenderse que durante estos años, principalmente a lo largo de la década del 80’, la mayoría de los países de la región experimentaron un retroceso en la evolución de sus indicadores económicos, principalmente de los relacionados con el empleo, y una tendencia regresiva en la distribución del ingreso, incrementándose notoriamente los niveles de pobreza. La crisis económica, la regresividad social, así como también el problema de la deuda e incluso los períodos de autoritarismo político, no representaron fenómenos exclusivos de la Argentina, sino que estuvieron presentes, con diferentes peculiaridades, en gran parte de los países latinoamericanos. Por lo tanto, a pesar de la relativización de los factores de atracción de nuestro país para los potenciales migrantes, las condiciones que en los países de origen determinaron la expulsión de personas al exterior, se acentuaron.

Esto, sumado a la influencia que han ejercido las redes sociales y familiares (propias de las migraciones de larga data) en la retroalimentación de los flujos, la proximidad geográfica y la porosidad de las fronteras argentinas, la persistencia de diferencias estructurales en los niveles de desarrollo económico entre los países (o regiones) de emisión y el de acogida, otorgan sentido a la continuidad de esta corriente en los decenios indicados, al margen de la coyuntura política, económica y social desfavorable del país receptor.

Haciendo una desagregación por país de procedencia (Cuadro 5), se observa que el porcentaje de paraguayos en el total de limítrofes disminuye en ambos censos, así como también en números absolutos en el segundo; de todas maneras, esta colectividad continúa constituyendo el grupo más numeroso entre los limítrofes. Los uruguayos experimentan un incremento espectacular en el Censo de 1980, pero el incremento es mucho menor para el próximo indicado y en ambos períodos se mantienen en el cuarto lugar. Por su parte, los inmigrantes de nacionalidad chilena registran un aumento en los dos decenios señalados persistiendo la tendencia creciente que exhibe esta migración desde 1914 y que desde 1960, los ubica en el segundo puesto. En cuanto a los inmigrantes bolivianos, los mismos registran un crecimiento constante desde 1914, y tampoco sufren variaciones importantes en su porcentaje en relación al resto. Por último, el número y porcentaje de brasileños se reduce en ambos decenios, patrón que también se observa desde 1914.

El incremento de migrantes chilenos en los dos decenios, y de uruguayos en el primero, se vincula en gran medida a la combinación de autoritarismo político con condiciones económicas críticas en sus países de origen. En el caso uruguayo, en 1973 un golpe de Estado instaló un gobierno cívico-militar hasta 1985, determinando la huida de potenciales víctimas del terrorismo de Estado, principalmente de trabajadores especializados y profesionales uruguayos. Asimismo, la profundización del programa económico neoliberal por parte de las autoridades militares originó una marcada disminución de las fuentes de trabajo, pero también un deterioro de las condiciones laborales en general y particularmente, la caída de los salarios reales. Esta situación provocó una ola de migración del campo a la ciudad primero y luego hacia el exterior, en un país que desde los años 60’ exhibe saldos migratorios negativos . En 1982, Uruguay sufre una profunda crisis financiera que determina una devaluación abrupta de la moneda nacional generando un gran endeudamiento interno, caída del poder de compra y desocupación, y agravamiento de la presión emigratoria (Taks; 2006).

Adela Pellegrino explica al respecto que la migración de uruguayos a la Argentina se caracteriza por su estabilidad y que ha estado vinculada tradicionalmente a factores estructurales como la consolidación de un mercado de trabajo regional, la atracción de la ciudad metropolitana mayor y más próxima de la región (Buenos Aires), así como también a los vínculos derivados de la presencia de familiares y amigos allí. Esta estabilidad, señala la autora, ha sido sacudida por coyunturas nacionales particulares altamente expulsivas como la de 1973 y el agravamiento de la situación económica que, conjuntamente, determinaron las tasas más elevadas de emigración de la segunda mitad del siglo XX, etapa en la que Argentina fue el destino privilegiado para los uruguayos. Asimismo, sostiene que la proximidad geográfica y los vínculos históricos, entre otros elementos, hacen que las oscilaciones coyunturales tengan efectos inmediatos, provocando respuestas emigratorias rápidas a vaivenes en la dinámica económica y política (Pellegrino; 2000). El Censo Nacional de Población de 1980 en nuestro país confirma esta aseveración, revelando un incremento mayor al 50% en el volumen de personas de nacionalidad uruguaya, que pasó, de 58.300 personas en 1970 a 122.676 en 1980.

De forma análoga, el golpe de Estado que en 1973 derrocó en Chile al gobierno constitucional de Salvador Allende y dio inicio a una dictadura que se perpetuaría hasta 1990, significó un claro elemento de expulsión de la población chilena vinculada a la represión, la violación de los derechos humanos y la supresión de las libertades civiles y políticas que vinieron de la mano del mismo. Si bien el porcentaje de exiliados y opositores políticos que cruzaron la frontera fue muy importante, al igual que en el caso uruguayo, parte de esta emigración se explica también por razones económicas, ya que durante los 70’ y 80’, el país trasandino sufrió fuertes crisis económicas (en 1975 y en 1982-83), con alto desempleo y caídas de salarios.

Producto de estas eventualidades, durante los decenios de 1970 y 1980 ingresaron a nuestro país 82.552 y 39.554 chilenos, respectivamente, incremento que expandió el contingente a la cifra exacta de 255.034 personas en 1991 (cuadro 5). Si se observa el cuadro 6, sobre la emigración de chilenos a la Argentina durante 1954-2004, se percibe claramente la concentración de salidas en los años 1971-1980 y 1981-1990.

Fuente: SOLIMANO, Andrés y TOKMAN, Víctor (2006): Migraciones internacionales en un contexto de crecimiento económico. El caso de Chile, CEPAL Serie Macroeconomía del Desarrollo Nº 54, septiembre, Santiago de Chile, p.17.

Vale aclarar que el tamaño de este flujo no fue mayor porque en 1978, debido al conflicto por el Canal del Beagle que enfrentó Argentina y Chile, se cerraron las fronteras de nuestro país restringiendo el ingreso de trabajadores chilenos. En vísperas de lo que parecía una guerra ineludible, Argentina desplegó a sus hombres a lo largo de toda la frontera, desde Puyehue hacia el Sur, quedando asentados un cuarto de millón de soldados a lo largo del límite que separa a las dos naciones . Asimismo, luego del conflicto, el gobierno militar dispuso otorgarles sólo radicaciones temporarias a los chilenos que ingresaban al país, convirtiéndose un importante número de ellos en inmigrantes irregulares .

En cuanto a la inmigración de origen brasileño, contingente de limítrofes de menor volumen desde 1947, su tendencia decreciente desde 1914 se acentuó a lo largo de todo el siglo XX y hasta la actualidad, alcanzando a representar en 1991 apenas el 4,2% de los inmigrantes limítrofes y 2,21% del total de la población extranjera en el país. Pero los brasileños no sólo experimentan una reducción como proporción del total de los extranjeros limítrofes sino que también disminuyen en números absolutos a partir de 1970. Esto no hace más que evidenciar que nuestro país ya no representa una alternativa prioritaria en las estrategias migratorias de la población brasileña, si se la compara con otros destinos migratorios como Estados Unidos, Europa y Japón, e incluso latinoamericanos como es el caso de Paraguay, en el cual residían 107.452 brasileños en los años 90’, representando el 57,35% del total de extranjeros en ese país .

Impacto de la inmigración limítrofe y brasileña sobre el total de población argentina. Peso relativo de los inmigrantes brasileños sobre el conjunto de inmigrantes limítrofes. 1914-2001.

Fuente: BRUNO, Sebastián (2006): Presencia brasileña en Buenos Aires. Particularidades migratorias de una colectividad fuera del sistema, XV Encontro Nacional de Estudos Populacionais, ABEP, 18-22 de septiembre, Caxambú-MG–Brasil.

El menor dinamismo del flujo migratorio de brasileños en Argentina, se refleja también en algunas de las características que exhibe esta colectividad, como por ejemplo su envejecida estructura etaria en relación a la del resto de los limítrofes. En 1991, un 24,5% de la población brasileña residente en Argentina se concentraba en la franja de 64 años y más, mientras esa proporción era de 10,2% para el resto de los inmigrantes fronterizos. Esto obedece tanto a la mayor antigüedad de esa inmigración, como también a la baja tasa de renovación de estos flujos (Benencia; 2003).

En cuanto a Bolivia y Paraguay, estos países no han registrado incrementos tan significativos en su aporte inmigratorio en los años 70’ y 80’, e incluso los inmigrantes paraguayos han disminuido su volumen respecto al Censo de 1970, año en el cual prácticamente el 10% de la población paraguaya estaba censada en la Argentina . No obstante, su presencia es muy importante en nuestro país.

En este sentido, Marshall y Orlansky, enfatizan para el caso de Bolivia y Paraguay, pero también para el de Chile, las situaciones expulsoras en el sector rural de estos Estados. Las autoras señalan que mientras un gran número de estudios hace hincapié en la estructura de la distribución de la tierra y las condiciones generales de subsistencia rural como causas estructurales de los procesos emigratorios (sobre todo en la importancia de un amplio sector minifundista en estos tres países), la clave explicativa radica, en realidad, en la relación entre la fuerza de trabajo rural disponible y las necesidades de mano de obra en el agro, expresada en el excedente relativo de fuerza de trabajo agrícola que caracteriza la situación de los mismos. Éste es, según su visión, el factor de expulsión por excelencia común a Bolivia, Paraguay y Chile, pues las regiones emisores coinciden en los tres casos con aquellas que padecen la mencionada dificultad (Marshall y Orlansky; 1981).

Asimismo, existen otros elementos que permiten entender mejor la dinámica migratoria transfronteriza desde estos orígenes, vinculada a la variable económica que pone el acento en las diferencias en los niveles de desarrollo socioeconómico entre estos Estados (aproximadas por las diferenciales de ingreso por habitante).

Como puede observarse en el Cuadro 8, durante las décadas de 1970 y 1980, el diferencial de ingresos per cápita entre Argentina y los tres países señalados fue netamente favorable al primero. Durante los dos decenios el PBI per cápita de Chile representó en promedio un 69% del de Argentina, mientras que el PBI per cápita de Bolivia y Paraguay alcanzaron a representar sólo el 31% y 36% del de Argentina, respectivamente. Así, el desarrollo económico relativo de estos países se erige como una de las causas principales de los flujos migratorios limítrofes, e incluso resalta la persistencia de elementos de atracción del país receptor, aún en un contexto desfavorable del país desde el punto de vista económico.

Por otra parte, del examen de estas tendencias, se halla una correspondencia entre la disminución en el contingente de paraguayos residentes en Argentina censados en 1991 (en relación a los censados en 1980) y el achicamiento del diferencial de ingresos por habitante entre Paraguay y Argentina en la década del 80’. Mientras en los años 70’ el nivel promedio de ingreso pér cápita en Paraguay fue de US$ 2.261 dólares, el mismo ascendió a US$ 3.202 dólares en la década que le siguió, por el contrario, el promedio argentino disminuyó.

Chile también experimenta un incremento en el nivel de ingresos por habitante en la década del 80’ respecto a la anterior, y de no haber atravesado la coyuntura política y económica mencionada precedentemente, es muy probable que el flujo migratorio desde el país trasandino hacia la Argentina se hubiese reducido en esos años.

En el caso de Bolivia, y en comparación con el resto de los países emisores, el nivel de ingreso por habitante se mantuvo más estable durante todo el período (decenios de 1970 y 1980), pero exhibe las brechas más importantes respecto a Argentina. A pesar de esto, los bolivianos se han ubicado como el tercer grupo de limítrofes en orden de importancia en estos años: mientras en 1991 representaban un grupo de 149.822 personas, los paraguayos y chilenos alcanzaban el cuarto de millón.

Aquí es donde debe agregarse al estudio la importancia de los inmigrantes irregulares -cuyo número es muy importante entre los bolivianos-, consecuencia de la implementación de políticas migratorias de control estricto hacia los extranjeros de origen limítrofe en toda la etapa. Este aspecto se examinará más adelante.


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