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VERACRUZ. POBREZA Y CRECIMIENTO ECONÓMICO

Hilario Barcelata Chávez


 

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ECONOMÍA MUNICIPAL Y DESARROLLO DESIGUAL EN VERACRUZ

INTRODUCCIÓN

Este análisis constituye un hecho inédito en trabajos de investigación de la economía veracruzana y supera los estudios tradicionales sobre desarrollo económico y bienestar municipal y sobre fenómenos de concentración de la producción y del ingreso, en el estado, ya que está basado en el análisis del Producto Interno Bruto por municipio, a partir del cálculo de esta variable elaborado por el autor, lo cual ha permitido crear una base de datos estadística económica municipal de gran valor y utilidad.

A partir de esta información es posible ofrecer un panorama, acerca de la desigualdad en el desarrollo y los desequilibrios económicos del estado, y sus determinantes, con mayor precisión y profundidad que lo ofrecido por trabajos precedentes sobre el mismo tema.

1.- Desarrollo desigual: agricultura y pobreza

El desarrollo económico en Veracruz, no se distribuye de manera homogénea a lo largo de todo el territorio estatal, ya que mientras unas regiones crecen, otras permanecen en el atraso, ampliándose la diferencia entre ellas con el tiempo. Esto se debe, principalmente a que las actividades económicas más dinámicas presentan un fuerte patrón de concentración geográfica. Pero, también, debido a que no existen mecanismos que redistribuyan regionalmente los beneficios del desarrollo. A mayor concentración geográfica de la producción ha correspondido una mayor concentración geográfica de los beneficios del desarrollo. Así, encontramos municipios que carecen de casi todo y, por otro lado, municipios donde en buena medida los problemas de disposición de servicios han encontrado solución. Es decir, municipios muy ricos y municipios profundamente pobres, en donde una importante proporción de la población vive en condiciones de pobreza y de pobreza extrema, en muchos casos sin disponer de los servicios más indispensables.

En este esquema de profunda desigualdad social se identifican un conjunto de determinaciones que acompañan al proceso de desarrollo, dando origen a un esquema de profunda desigualdad económica y política que no ha permitido ni ha impulsado el desarrollo de los municipios más atrasados.

Los municipios que muestran los indicadores más alarmantes en todos los renglones, son también los municipios cuya actividad preponderante es la agricultura, de donde es posible afirmar que esta actividad no se está realizando en las mejores condiciones posibles, por lo que quienes dependen de ella no pueden utilizarla como un medio para mejorar sus niveles de bienestar y mucho menos sus niveles de productividad. Así, el proceso de desarrollo desigual entre regiones puede entenderse, también como un proceso de desarrollo desigual entre lo urbano y lo rural, ya que es en el ámbito urbano donde se concentra primordialmente la dinámica económica; es decir, la producción, la inversión, la población y los recursos públicos de estímulo al desarrollo. Y es en el ámbito rural donde se concentran las actividades menos dinámicas y más atrasadas. Este proceso de desarrollo desigual entre actividades industriales y actividades agropecuarias, sobre todo a partir de mediados de la década de los sesenta en que la agricultura del país entra en una profunda crisis que hasta hoy presenta.

De aquí que se observe que las regiones que concentran la actividad industrial y que presentan un acelerado proceso de urbanización, sean las regiones más desarrolladas.

Mientras que aquellas cuya actividad principal es la agricultura y la ganadería y que tienen un bajo o nulo nivel de urbanización sean las más atrasadas. En Veracruz, entonces, la pobreza y el atraso económico signos de la desigualdad, están relacionados directamente con el tipo de actividades económicas que realizan los pobladores del estado, el tipo de propiedad de la tierra y el grado de diversificación de la producción. De aquí se puede afirmar que el grado de pobreza de las personas, municipios y regiones, está determinado por los siguientes factores:

1.-La presencia de actividades agropecuarias. Esto se debe, a que éstas se realizan en condiciones inadecuadas, porque los productores carecen de tecnología, de conocimientos y apoyo técnico para mejorar la producción. E igualmente, carecen de recursos económicos propios y de apoyos financieros por parte de las instituciones públicas o privadas. Es decir la pobreza es producto de la precariedad con la que se lleva a cabo la producción agropecuaria, a la que contribuye el hecho de que una gran proporción de unidades productivas agropecuarias carece de una integración comercial adecuada y se encuentran desvinculadas de la lógica de funcionamiento de la economía capitalista. Es decir, no tienen relación con el mercado, o es inadecuada o temporal, por lo que, están dominadas por una lógica de producción doméstica mas que por una lógica comercial.

2.- El tipo de propiedad de la tierra. Aquí hay que destacar la estrecha relación que existe en los elevados niveles de pobreza y marginación y la presencia de tierras de propiedad ejidal o comunal. Relación que expresa una profunda problemática dado que la superficie ejidal constituye una amplia proporción de las tierras productivas del estado. De hecho, el 39% del total de la superficie territorial estatal, es propiedad de tipo ejidal o comunal, y se reparte entre 3,337 ejidos y comunidades. La actividad más importante a la que se dedican estas tierras es la agricultura que concentra el 45.9% de la superficie ejidal, y la ganadería a la que se destina el 40.4%. Un rasgo característico de las tierras ejidales es que casi en su totalidad son de temporal, (el 94.4%), mientras que el restante 5.62% son tierras de riego. La importancia del ejido es mayor a escala municipal. En el 20 % de los municipios, la superficie ejidal abarca la totalidad del territorio municipal, o excede el 50% del total del territorio, en tanto que en el 29% de los municipios del estado, ese tipo de tierras representa un porcentaje menor al 20% (incluyendo municipios que carecen de ejidos).

3. – El tipo de cultivo y el grado de diversificación de la producción agropecuaria. Particularmente en el estado los ejidos muestran una marcada tendencia al monocultivo, es decir que la falta de diversificación de los cultivos es una característica fundamental de los ejidos y (dado su peso en el contexto municipal) de los municipios veracruzanos en general. A ello se debe, primordialmente, su alta vulnerabilidad económica. Los cultivos ejidales más importantes son: el maíz, que se cultiva en el 64.8% total de los ejidos; la caña de azúcar que la cultivan el 13.3%; el café, presente en el 8.4% y la naranja en un 5.5% del total. La importancia del cultivo del maíz es más grande vista su participación en el ámbito municipal. En el 35% de los municipios el 80% o más de las tierras ejidales se dedican a este cultivo. En cambio sólo 8% de los municipios tienen tierras ejidales ocupadas en un 80% o más con caña de azúcar. Y en los cultivos que durante mucho tiempo han sido más rentables como el café, la participación de tierras ejidales a escala municipal se concentra en apenas el 8% de los municipios y tan sólo el 2% dedican entre un 20% y un 36% de sus tierras ejidales a la producción de la gramínea. Es el mismo caso de la naranja que la produce en tierra ejidal el 9% de los municipios, de los cuales apenas el 2% de ellos dedican entre el 50% y el 70% de sus tierras de este tipo.

Como se ve las tierras ejidales se concentran básicamente en la producción de maíz que es de los cultivos menos rentables y de menor rendimiento por hectárea. En cambio, los cultivos más rentables (café, caña de azúcar y naranja) sólo se producen en unos cuantos municipios y en proporciones muy reducidas.

De ahí que el cultivo del maíz esté relacionado con altos índices de pobreza. Lo que se corrobora al observar que los municipios con mayor porcentaje de tierras ejidales cultivan maíz y que presenta altos índices de pobreza. De donde es innegable que existe una correlación directa entre existencia de ejidos y pobreza. Y en donde hay más tierra ejidal, los niveles de atraso y pobreza son mayores. Aunque su existencia no es propiamente en sí la causa del atraso, sino la forma en que se produce en la agricultura y la forma en que la economía municipal se integra a la economía estatal.

Desde luego las condiciones materiales en que se lleva a cabo la producción en los ejidos, son las que determinan la precariedad de estos. Por ello es relevante que el 70% de los ejidos no utilizan tractores para la producción agrícola. En tanto que en el 41% del total de los municipios cuando más, el 10% de sus ejidos usa tractores, y en un 28% de municipios, ningún ejido usa tractores. La misma situación prevalece en lo referente a instalaciones agropecuarias. Sólo el 31% de los ejidos cuentan con instalaciones agropecuarias, pero de hecho, en el 24% de municipios, todos los ejidos existentes carecen de dichas instalaciones.

En cuanto a la dotación de los servicios públicos se puede observar que, apenas un 24.3% del total de los ejidos en el estado tienen acceso a agua entubada y el 53.7% tiene acceso a luz eléctrica. En ambos casos, una alta proporción de municipios con ejidos carece en su totalidad de ambos servicios. De igual modo hay que anotar que apenas el 14% del total en el estado tiene acceso por carretera pavimentada, el 79.7% por camino de terracería y el restante 6.3% no tiene acceso por estas vías. Esto habla de la limitada capacidad para comunicarse con los mercados y en general de lo limitado de las vías de comercialización que tienen los productores. Pero, igualmente, habla del amplio atraso de los municipios donde se localizan esos ejidos o, por lo menos, de amplias zonas de esos municipios. Por si fuera poco hay que mencionar que una alta proporción de las unidades de producción agrícolas no está conectada con los circuitos de mercado porque destinan el total de su producto al autoconsumo. En este caso se encuentran el 38% de estas unidades.

Así, pobreza y atraso económico están íntimamente ligados en una relación de causalidad que genera un círculo vicioso que es necesario romper, para lo cual es necesaria una amplia participación del gobierno del estado en la reconstitución de las estructuras agropecuarias productivas y comerciales, cosa que, al menos por el momento no se ve qué vaya a suceder.

Para revertir el desarrollo desigual, es necesario una política regional capaz de redistribuir los beneficios del desarrollo, que mejore las condiciones en las que se realiza la producción agrícola, al mismo tiempo que permita el reordenamiento de las actividades industriales del estado, para propiciar un patrón de producción menos concentrado y, por tanto, más justo.

La única forma en que se puede dar un combate directo a la pobreza es mejorar las condiciones en las que se realiza la producción agrícola. Otras soluciones que apunten más al mejoramiento social antes que al productivo, sólo servirán parcial y temporalmente y se agotan en sí mismas.


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