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LA DIMENSIÓN INMATERIAL DEL PAISAJE. UNA PROPUESTA DE DOCUMENTACIÓN, CARACTERIZACIÓN Y GESTIÓN DEL PATRIMONIO CULTURAL INMATERIAL

Juan Martín Dabezies Damboriarena


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HACIA UN DIÁLOGO MODERNO PERO CON ACTITUD POSTMODERNA.

La propuesta radica en concebir una arqueología aplicada con una epistemología que apunte al diálogo entre agentes, con una ontología que apunte a la multidimensionalidad de ese diálogo en base a la valoración del patrimonio y un método que permita esa valoración pero que establezca sus propios canales de dialogo internos y externos (BARREIRO, 2006).

Por otra parte el horizonte de transformación al cual apunta una arqueología aplicada, se posiciona en un terreno discursivo-práctico donde las contradicciones modernas se han tornado más tensas: el desarrollo sostenible. Éste marca un terreno de juego en el cual se articulan las diversas racionalidades modernas, y los diversos sistemas tratados anteriormente. Las posibilidades de encauzar la práctica discursiva en este nuevo terreno presenta enormes potencialidades (BARREIRO, 2006).

El concepto mismo de desarrollo sustentable puede ser visto como un oxímoron y no son pocas las críticas en contra de este concepto y las posiciones frente al mismo. Existen criticas que cuestionan el concepto mismo de desarrollo por considerarlo una herramienta de dominación del mundo desarrollado sobre el sub-desarrollado, criticas que atacan el concepto de sostenibilidad ya que lo ven como una forma de legitimación de la explotación ilimitada del hombre, hasta criticas moralistas que cuestionan la propia existencia humana en el planeta tierra (BARREIRO, 2006).

Las posturas frente al mismo también son variadas. Están las que atacan la Declaración de Río pero no hacen nada al respecto (p.e EEUU al no firmar el tratado de Kyoto), las que aceptan las propuestas de la Agenda 21 e intentan aplicarla, y finalmente las posiciones de los ecologistas a ultranza que no confían en el desarrollo sustentable (BARREIRO, 2006).

En base a una lectura crítica del concepto de desarrollo sustentable y al estudio de la documentación existente, Barreiro (2005, 2006) propone las siguientes líneas de acción para una arqueología aplicada: 1)patrimonio arqueológico y solidaridad intergeneracional, 2)patrimonio arqueológico y sistemas de información geográfica, 3)patrimonio arqueológico y paisajes culturales, 4)patrimonio arqueológico y desarrollo social, 5)arqueología y desarrollo tecnológico, 6)formación para la gestión integral del patrimonio arqueológico y 7)evaluación ambiental estratégica.

La reconversión de la arqueología.

La ampliación y fragmentación de la arqueología mencionada anteriormente, es el reflejo de una realidad: la arqueología tiene cada vez más demandas. Unos dicen que son más importantes unas y otros dicen que son más importantes otras.

La arqueología de hoy en día debe contemplar las demandas sociales sobre el patrimonio arqueológico. Esto significa que la arqueología tradicionalmente concebida como la disciplina encargada de estudiar la cultura material, deba saber gestionar esa cultura material del pasado en el presente. Hay que resaltar que la arqueología no debe ser solamente un ejercicio técnico e instrumental, debe investigar y luego gestionar, debe conocer lo que está gestionando. Articular investigación y gestión requiere no solo el hacerlo, sino cómo hacerlo (AMADO, et al., 2002; CRIADO, 1996; GONZÁLEZ MÉNDEZ, 2000).

Esta nueva concepción de la arqueología, no la limita a una disciplina que crea conocimiento sobre objetos muertos, sino que se trata de una disciplina que gestiona esos objetos en un presente vivo, que deba armonizar presente y pasado (AMADO, et al., 2002; CRIADO, 1996; GONZÁLEZ MÉNDEZ, 2000).

Este proceso de reconversión, consiste en una adaptación tecnológica de la arqueología, no en el sentido tecnocrático sino en el sentido de saber-hacer, de solucionar problemas. Lo “tecnológico” lo constituye la capacidad del saber para actuar en sentido práctico sobre la realidad (AMADO, et al., 2002).

Una orientación aplicada de la arqueología, o sea una arqueología como tecnología, supone dotarla de los criterios, procedimientos e instrumentos de trabajo para gestionar el patrimonio arqueológico de forma integral (AMADO, et al., 2002; CRIADO, 1996; GONZÁLEZ MÉNDEZ, 2000).

Es necesario concebir una arqueología de la gestión que no sea pura exhibición técnica sin fundamento crítico, debe tratarse de una arqueología que posea una teoría de la gestión real. Formalmente esto supone hablar de una arqueología con un objetivo, ontología, epistemología, teoría (teorética), metodología y crítica propias (AMADO, et al., 2002; CRIADO, 1996; GONZÁLEZ MÉNDEZ, 2000).

El grado cero de toda esta teorización, o sea la ontología, es algo que corre muy de cerca con el objetivo que se debe definir para la arqueología de gestión. En cuanto al objetivo, es gran parte de lo que se venía hablando. La arqueología debe significar la cultura material del pasado y ejercer una acción positiva con ellos en el presente. Ese es el objetivo de la arqueología pero ¿cuál es su objeto? ¿el registro arqueológico o el patrimonio arqueológico?

La diferencia entre ambos en ocasiones es muy difícil de marcar y es, en parte, la causa de los principales problemas de la definición de una metodología adecuada.

El registro arqueológico puede ser definido como el conjunto de productos, efectos y desechos de la acción social pretérita que luego son afectados por procesos deposicionales y posdeposicionales (AMADO, et al., 2002; CRIADO, 1996).

Según esta definición, el registro arqueológico podría estar constituido desde un monumento prehistórico, hasta los restos fitolíticos o polínicos de la superficie activa de un artefacto prehistórico. En base a las definiciones que hemos manejado de patrimonio arqueológico, el monumento prehistórico claramente podría entrar dentro de la categoría de patrimonio arqueológico, pero los microrestos vegetales ¿pueden ser concebidos como patrimonio arqueológico?

Considerando la multidimensionalidad del patrimonio arqueológico en cuanto a su valor y a la participación de diferentes agentes en su definición, debemos buscar la solución a esta encrucijada sometiendo al patrimonio arqueológico a consideración de todos los agentes involucrados. Éste estaría constituido por aquellos elementos del registro arqueológico, que por un proceso de valoración patrimonial parezca correcto sancionar como bienes patrimoniales (AMADO, et al., 2002; CRIADO, 1996).

La epistemología nos define qué es posible conocer y cómo puede ser conocido. Se propone una epistemología post-positiva, que vaya más allá de la utopía objetivista del positivismo clásico pero sin caer en relativismos extremos. El sistema de validación debe ser el diálogo con la sociedad para poder decidir sobre las actuaciones sobre el patrimonio arqueológico (AMADO, et al., 2002).

La teoría constituye el dispositivo teorético, la matriz en base a la cual se realizarán las interpretaciones. La arqueología de la gestión debe conocer lo que gestionará, es decir debe significar a través de la investigación arqueológica para construir una narrativa accesible al resto de la sociedad. La realización de la narrativa debe elaborarse en base a modelos interpretativos concretos, no debe ser una creación totalmente subjetiva. La arqueología de gestión que se propone en la Universidad de Santiago de Compostela, maneja como matriz teórica la arqueología del paisaje (AMADO, et al., 2002; CRIADO, 1996; GONZÁLEZ MÉNDEZ, 2000), la cual a sido aplicada con cierto éxito (aunque con algunas restricciones) en nuestro medio, concretamente en el estudio de los cerritos de indios (LÓPEZ MAZZ, 1998; LÓPEZ MAZZ; GIANOTTII, 1998; LÓPEZ MAZZ; PINTOS, 2000).

La metodología debe contemplar el proceso investigativo como una totalidad que comienza con lo que es la investigación básica o tradicional. Luego se debe gestionar el registro arqueológico en el presente para ver cuándo se habla de patrimonio arqueológico y en ese caso solucionar los problemas del patrimonio en el presente. Esto implica hablar de una metodología que tenga en cuenta la multidimensionalidad del patrimonio arqueológico y la estrecha relación de este aspecto con los diferentes agentes sociales involucrados (GONZÁLEZ MÉNDEZ, 2000).

Esta metodología necesaria para una gestión integral del patrimonio arqueológico implica descubrirlo, inventariarlo, protegerlo, significarlo como producto histórico, valorarlo como patrimonio, revalorizarlo como recurso cultural, hacerlo accesible al público y difundirlo (AMADO, et al., 2002; CRIADO, 1996; GONZÁLEZ MÉNDEZ, 2000).


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