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LAS MICRO Y PEQUEÑAS EMPRESAS MEXICANAS ANTE LA CRISIS DEL PARADIGMA ECONÓMICO DE 2009

Genaro Sánchez Barajas



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1. 2. El período de transición en la organización del trabajo.

El último período de transición comprende las décadas de los años 60 y 70 en que coincidentemente también fue notorio el agotamiento del modelo de producción fordiano basado en la producción masiva y la aparición del llamado posfordiano, que algunos estudiosos también le llaman de manufactura o producción flexible…

En ese lapso también se suscitó una confrontación entre las políticas públicas económicas que se resolvió en favor de más mercado y menos Estado: la ortodoxia neoclásica, cuyo eje fue el modelo de competencia perfecta que aportó las bases intelectuales e ideológicas de la llamada reforma neoliberal o de libre mercado, la cual establece que sólo el libre juego de la oferta y de la demanda provocará la mejor asignación de los recursos disponibles y la eficiencia de la economía. Estas ideas fueron complementadas con las del rechazo al Estado interventor, que se derivaron de la escuela austriaca que se apoyaba en la orientación doctrinaria de Von Hayek.

Se considera que contribuyó a la consolidación del modelo neoliberal la crítica que hizo Milton Friedman a los postulados keynesianos del dinero y de la gestión monetaria, quien señaló en aquel entonces que fomentar la demanda agregada con el gasto público para hacer crecer el PIB y eliminar el desempleo, en el largo plazo produce inflación que incide negativamente en el proceso productivo y aumenta el desempleo.

En este contexto, la desestabilización provocada por el uso excesivo del gasto público obligó a la búsqueda de paradigmas diferentes a los postulados keynesianos, los cuales fueron sustituidos por el pensamiento pre-keynesiano marginalista o neoclásico que ganó adeptos en el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y otros organismos financieros internacionales, que exigieron a los países demandantes de crédito externo, la aplicación de políticas de estabilización y de crecimiento económico basadas en la teoría neoclásica ya mencionada y, más tarde, en las del Consenso de Washington, que John Williamson ( 1990: 10 y 12) describe como las siguientes:

a) Reducir el déficit fiscal;

b) Priorizar el gasto público;

c) hacer la reforma fiscal;

d) Que las tasas de interés las fije el mercado;

e) Que las tasas de cambio las fije el mercado;

f) Política comercial hacia afuera;

g) Promover la inversión extranjera directa;

h) Privatizar las empresas paraestatales;

i) Acelerar la desregulación, y

j) garantizar los derechos de propiedad

Con el propósito de evaluar objetivamente la transición desde el punto de vista de las técnicas de producción y su incidencia en las MYPES, dado que el avance tecnológico del posfordismo influyó en la conformación de las nuevas políticas económicas del Estado instrumentadas en la siguiente década, es conveniente profundizar sobre el “fordismo” para luego diferenciarlo de su sucesor, el “posfordismo”, diciendo que el primero se inició en los años veinte del siglo pasado, un poco después de la terminación de la primera guerra mundial con gran intensidad; se sustentó en los postulados de Taylor, autor de la “administración científica”.Se caracterizó por el impulso de cambios radicales que afectaron la economía mundial al modificar aspectos claves como la organización industrial, la producción de tecnología, la dinámica de los mercados y el manejo de las políticas económicas tanto en los ámbitos nacional e internacional. Sus rasgos principales fueron:

a) La producción masiva de bienes no diferenciados y altamente estandarizada;

b) La división del trabajo y clara separación entre las labores de ejecución y concepción en el interior de la empresa;

c) El papel protagónico de la gran empresa en la inversión, en la producción y en la innovación;

d) El uso de maquinaria especializada y el predominio de mano de obra no calificada;

e) La producción con economías de escala, cadenas de montaje y producción en serie; y

f) El uso de petróleo barato como factor energético clave para el éxito de la empresa.

Ese “fordismo” se basó en la búsqueda incesante de reducción continua de costos y en la ampliación de los mercados. El Estado proporcionaba la infraestructura necesaria y un importante gasto social que tenía como sustento la teoría del bienestar, que atemperaba las desigualdades ocasionadas por la dinámica de la concentración del ingreso.

Pero su modelo se colapsó en la década de los años 70 con la crisis petrolera que ocasionó un alza en el precio del crudo. Sin embargo, su operación exitosa que favoreció la expansión del capitalismo, se basó, en gran medida, en asignar a la gran empresa el desarrollo de las iniciativas tecnológicas a través de fuertes gastos en investigación y desarrollo, realizados en su oficia matriz, cuyo éxito posteriormente se trasladaba a alguna planta filial de la periferia para bajar sus costos usando mano de obra barata. La periferia desempeñaba un papel receptor de la tecnología de la modernidad.

En el ámbito espacial la dinámica “fordista” determinaba una integración territorial jerárquica, así como una fuerte concentración urbana que motivó la competencia interempresarial y, finalmente, la formación de economías de aglomeración y de polos industriales.

En virtud de que esta estrategia no generó el desarrollo equilibrado e integral de las regiones o Estados, sobre todo en lo que se refiere a la tasa de ganancias acostumbrada, se perfeccionó a través del modelo posfordiano, que se caracteriza por:

a) La diversificación de la demanda de consumo; por una menor producción masiva y altamente estandarizada;

b) Flexibilización de las tecnologías y en la organización industrial, donde la electrónica y la informática son muy importantes;

c) La generación de mano de obra polivalente y más calificada;

d) La descentralización de funciones dentro de la gran empresa, situación que propicia una desintegración vertical;

e) El desempeño de un papel más importante de las pequeñas y medianas empresas, mediante los mecanismos de subcontratación y descentralizaciones empresariales;

f) Predominio de las economías de alcance (producción flexible) sobre las de escala; y

g) Crecimiento de la importancia de las instituciones, como actoras del desarrollo económico local y regional.

El posfordismo como alternativa resulta interesante porque permite superar la limitación de la producción masiva de un solo producto en la gran planta, ya que ahora es posible producir bienes diferenciados en las cantidades requeridas por el mercado, lo cual evita acumular inventarios y proporciona una nueva relación de la empresa con sus clientes y sus proveedores al organizarse con lemas como “calidad total, justo a tiempo y cero inventarios”.

El cambio tecnológico se hace continuo debido a la rapidez con que se modifican los productos y los procesos requeridos para elaborarlos; que ya no sólo en la Metrópoli, sino también en las regiones periféricas se aprovecha la innovación tecnológica al convertirse en productores de conocimiento, que las hace desempeñar un papel activo a diferencia del rol pasivo que desempeñaban en el fordismo.

El beneficio observado en los últimos años es impresionante, existen parques tecnológicos, ciudades de la ciencia, incubadoras de empresas y distritos industriales en los que predominan las pequeñas y medianas industrias integradas en redes locales, que a la vez compiten y crean alianzas de cooperación comercial, financiera y tecnológica y. lo más importante: con un enfoque de preservación del medio ambiente.

En el modelo “posfordiano” se hace énfasis en la creación de una atmósfera de innovación empresarial productiva en las regiones, la cual se define como el ambiente social y económico en un espacio determinado en que se transmiten sinergias de las empresas, los trabajadores y las instituciones, para favorecer internamente el aprendizaje en el proceso de innovación, siendo elementos muy importantes la educación y la capacitación laboral (círculos de calidad) y, fuera de la empresa: las incubadoras y los centros de investigación y desarrollo.

El sustento tecnológico del modelo posfordiano proviene de la combinación de las innovaciones de la tecnología de la informática con los principios japoneses de organización de la producción. En la tecnología de la informática confluyen en un racimo de innovaciones interrelacionadas mediante la microelectrónica, las telecomunicaciones y las computadoras ( OCDE, 1988b: 11). Japón avanzó y superó a Estados Unidos en varias ramas industriales debido a que adoptó en sus principios de organización de la producción, formas especiales de coordinación entre los sectores público y privado para gestar un capitalismo de orientación desarrollista, en tanto que Estados Unidos como representante del fordismo se mantuvo con ese enfoque productivo y perdió ante Japón la superioridad que mantenía en las industrias electrónica, micro electrónica, telecomunicaciones y automotriz, principalmente.

La producción flexible constituye la principal característica del nuevo paradigma; ello significa la segmentación o división del proceso de fabricación en muchas unidades, por lo general en empresas o unidades de producción separadas, lo cual permite amplia variedad de cambios en su forma de articulación horizontal y vertical, facilitando ajustes rápidos en la producción diferenciada de productos que se venden en mercados segmentados. Algunos países de Asia Oriental tuvieron éxito con la aplicación de este paradigma, en tanto que en los países de Europa Occidental se avanzó lentamente o se hizo de manera accidentada debido a la carencia de instituciones que articularan las partes que integraban la nueva organización técnica de la producción.

Esto último es aplicable a muchos países en vías de desarrollo como México y explica por qué en la década de los años 80 se hallaban aun más rezagados con respecto de los ya mencionados. Esta situación se mantuvo mucho tiempo por que influyó en su contra el problema de su deuda externa que los agobiaba y restaba capacidad de actualización. Por fortuna durante la década de los años 90 se resolvieron o atenuaron sus problemas financieros, y, se difundieron internacionalmente los efectos de la tecnología informática, asimismo, se aceleró la reestructuración capitalista, lo cual provocó que algunos países subdesarrollados, ahora llamados emergentes, se integraran a la economía mundializada en los aspectos productivos, financieros y comerciales.

No obstante lo anterior, la transición de los últimos años, no sólo ha producido aumentos en la productividad de las empresas y en sus exportaciones, también ha generado inestabilidad e incertidumbre en países como México, donde el Estado ha perdido la capacidad que tenía para resolver los problemas de su economía, ya que los grandes avances de las comunicaciones y al manejo oportuno de la información privilegiada entre las empresas, aunados a la creciente interdependencia de la producción y a la integración financiera, han debilitado las barreras que garantizaban cierto aislamiento nacional y posibilitaban el uso efectivo del instrumental keynesiano.

Es por ello que la aplicación de la nueva tecnología de la producción flexible además de reconfigurar el espacio mundial, ha determinado que los programas de producción de las grandes empresas mexicanas y multinacionales estén influenciados por la demanda externa y por acciones conjuntas de empresarios mexicanos asociados con extranjeros, en otras palabras, la acción intervencionista del Estado mexicano en la economía se ha visto disminuida por el avance tecnológico que le resta autonomía y, como contraparte, se ha acrecentado el poder concurrencional del capitalismo internacional: la interacción de las fuerzas del mercado globalizado.

A reserva de retomar el tema cuando se analice su instrumentación y efectos específicos causados en México, es importante señalar que este avance en el ámbito internacional, en la mayoría de los casos, ha fortalecido como polos de desarrollo de innovaciones a las grandes y viejas metrópolis conocidas, es decir, no ha favorecido al desarrollo integral y equilibrado en las regiones del mundo.

También, como premisa para el análisis posterior, se destaca que no han desaparecido sino que han reclamado mayor atención la micro, pequeña y mediana empresas en las regiones en que se ha desarrollado el capitalismo “posfordiano”.


 

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