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EFICIENCIA, SOSTENIBILIDAD AMBIENTAL Y EQUIDAD INTERGENERACIONAL EN LOS MODELOS DE GENERACIONES TRASLAPADAS: LECCIONES DE POLÍTICA

Víctor Hernán Aguiar Lozano


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2.1.3 Sostenibilidad, equidad intergeneracional y análisis de óptimos económicos.

La idea de desarrollo sustentable nació de la preocupación mundial causada por la sobreexplotación de los recursos naturales, especialmente después de los años 50s, que estuvieron caracterizados por una alta tasa de crecimiento del PIB y por una degradación ambiental importante (Gutiérrez, 2007). Los primeros debates subrayaban los límites físicos que el ambiente imponía al crecimiento económico y promulgaban la necesidad del fin del crecimiento económico (Meadows, 1972). Para otros, los ecosistemas deben ser vistos como plataformas para que las especies animales se reproduzcan de una manera indefinida, así estableciendo la base del concepto de sostenibilidad ((IUCN), 1980).

Los teóricos económicos se fueron interesando en la sustentabilidad poco a poco. Así, una formulación importante hecha por Robert Repetto afirma que en el centro de la idea de sostenibilidad estaba la noción según la cual no se debe tomar ninguna decisión que pueda afectar las posibilidades de mejorar o mantener el nivel de vida futuro (Repetto, 1985). Es importante también, evocar el vínculo entre la visión de desarrollo sustentable y el del ingreso o del consumo: para Hicks (1946) existe una necesidad de mantener el nivel de ingreso a través del tiempo. De una manera más clara, la regla de oro del crecimiento dice: el máximo consumo el día de hoy, que no disminuye el consumo del futuro. En esta línea, Solow (1974) afirmaba que el deber impuesto por la sostenibilidad no es el de dejar como herencia una cosa en particular pero si la obligación de dejar todo lo necesario para las generaciones futuras puedan alcanzar un nivel de vida al menos tan alto como el nivel de nuestra generación. Para él, es fundamental que no consumamos el capital, en sentido amplio, de la humanidad.

El término desarrollo sustentable se volvió popular luego de su utilización en el Informe Brundtland (1987) o Nuestro Futuro Común –Our common future-, que dio el concepto de Desarrollo Sustentable como: “El desarrollo que responde a las necesidades de las generaciones presentes sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para responder a las suyas”. De una parte, resalta la noción de necesidades, que se oponen claramente a la noción de deseos, reconociendo las necesidades esenciales de los pobres del mundo que deberían tener prioridad. Por otra parte, se subraya la idea de la existencia de límites reales impuestos por la energía, los recursos, la tecnología y las instituciones para satisfacer las necesidades futuras y presentes.

La importancia del Informe Brundtland es muy grande. No solamente porque es citado frecuentemente sino porque ha tenido una enorme influencia sobre la concepción del progreso económico y social. En efecto, nos recuerda que la sostenibilidad se trata de nuestras obligaciones con las generaciones futuras, o más exactamente con sus necesidades. En otras palabras, la sostenibilidad habla de desarrollo con equidad intergeneracional. En sí, lo que propuso el Informe Brundtland es un concepto complejo y profundo que nos invita a pensar en un nuevo desarrollo que va más allá del crecimiento del PIB, pero que permite evitar la conclusión poco atractiva de dejar el mundo como lo encontramos –o el crecimiento cero, como se podría intuir en el Informe Meadows (1972)-.

La sostenibilidad es un asunto de equidad distributiva, es decir, de cómo compartir la capacidad de bienestar entre la gente de hoy y la gente del futuro, y hacerlo de manera aceptable. Un criterio de justicia que se ha empleado con fuerza, aunque no en el contexto de la justicia intergeneracional, por Thomas Scanlon (1982) y, más recientemente, por John Rawls (1993), es: la distribución intergeneracional realizada de una manera, que ni las generaciones futuras ni las generaciones presentes tengan razones obvias de rechazar. Rawls (1971b) sugiere que una forma de derivar principios generales de justicia es ubicar, hipotéticamente, a cada individuo en un punto original, sin que sepa cuál será su posición social posterior ni sus cualidades individuales o talentos. Estando bajo este "velo de ignorancia" se les pediría a las personas que eligieran las reglas que gobernarían la sociedad en la que ellos, luego de la decisión, se verían forzados a vivir. Esta condición se puede extender a nivel inter-temporal.

Otro de los puntos cruciales es la evaluación de optimalidad de los modelos de crecimiento. El uso del criterio estándar paretiano es necesario por ser el estándar en los modelos neo-clásicos. Una situación es considerada Pareto no óptima si es posible mejorar la situación de alguien sin empeorar la situación de nadie. Sin embargo, este criterio ha sido considerado como insuficiente ya que se enfoca sólo en la ausencia de desperdicio (Mas-Collel et al., 1995; CEPA). Es por estas razones que sería de gran interés la inclusión de criterios alternos, como son los criterios Rawlsianos.

Una economía puede encontrarse en una situación Pareto-óptima pero completamente desagradable desde el punto de vista de casi cualquier juicio ético. Es decir, este criterio nos habla de eficiencia pero no de equidad o justicia. Así, es conveniente considerar a la optimalidad en el sentido paretiano como un término descriptivo más que normativo –la ausencia de derroche-. En sí, se puede decir que el criterio plantea una disyuntiva entre eficiencia y equidad ya que si bien resuelve el óptimo individual no resuelve el problema del óptimo en un sentido social más amplio donde no sólo es relevante la asignación de los recursos, sino también la distribución de la renta (Mas-Collel et al., 1995; CEPA).

Kaldor y Hicks elaboraron otro conjunto de criterios, para evaluar las asignaciones. Kaldor (1939) argumentó que una asignación es preferida a otra asignación si moviéndose desde la segunda a la primera, el "ganador" del movimiento puede, mediante un pago global, compensar al "perdedor" por su pérdida de utilidad y aún así tener un beneficio. Un test alternativo fue propuesto por Hicks (1939) en términos de un "soborno" de los perdedores como opuesto a una "compensación" por los ganadores. Una asignación resultaría preferida a otra si, dado un movimiento propuesto desde la segunda a la primera, los perdedores no son capaces de sobornar a los ganadores para que no realicen el movimiento. Obsérvese que el criterio de Hicks invierte la noción de Kaldor (CEPA). Este criterio presenta problemas importantes al ser aplicado a un entorno intergeneracional, debido a que el potencial de compensación puede no existir, ya que ciertas generaciones podrían no encontrarse nunca en el tiempo.

Así, utilizando diversos criterios de sostenibilidad se tiene una mejor interpretación de los resultados de los modelos de crecimiento actualmente implantados y de su deseabilidad social. Es crucial entonces la reformulación e implementación de un modelo teórico, con los ajustes necesarios, para reflejar de mejor manera la realidad medioambiental. Estos ajustes, permiten una mejor comprensión de la situación actual y abrirá camino para políticas económicas –especialmente de crecimiento y desarrollo-. Finalmente, se podría establecer ciertos criterios y principios para la formulación más acertada de las mismas.

3. JUSTIFICACIÓN

La destrucción medioambiental, la crisis ecológica, el calentamiento global, son todos retos formidables para la ciencia. La economía debe reconocer esta realidad y además debe reformular su comprensión del sistema económico para poder dar respuestas y soluciones a estos nuevos problemas. En este sentido, se debe reformular el modelo de Generaciones Traslapadas en términos de las restricciones ambientales y variables ambientales. Esto permitirá dilucidar los efectos reales sobre la eficiencia y equidad de la distribución intergeneracional, tomando en cuenta diversos criterios como el paretiano, rawlsiano y otros. Finalmente, se puede establecer en este modelo, criterios de sostenibilidad de manera formal como la regla de oro verde o edad dorada en tiempo discreto y en un modelo de generaciones traslapadas.


 

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