EL CONFLICTO ENTRE ARGENTINA Y URUGUAY POR LA INSTALACIÓN DE LAS PAPELERAS:
UN CASO DE ESTUDIO

EL CONFLICTO ENTRE ARGENTINA Y URUGUAY POR LA INSTALACIÓN DE LAS PAPELERAS: UN CASO DE ESTUDIO

Valeria Llamas

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Papeleras

Hace aproximadamente 25 años, la industria internacional consumidora de papel descubrió que su stock de árboles decrecía, que la demanda se acentuaba y que las crecientes regulaciones ambientales en el primer Mundo iban en detrimento de dicha actividad. En consecuencia, el abastecimiento de pasta de celulosa empezaba a entrar en riesgo futuro.

Dentro del contexto dado por el capitalismo, los carteles de pasta de celulosa (comandados por los nórdicos, porque en los albores de la industria era de los pinos escandinavos de donde se sacaba mejor celulosa) comenzaron a planificar el siglo XXI. Y descubrieron que vastos territorios quizás alguna vez boscosos y postreramente ganaderos podían cobijar nuevos bosques, pero esta vez plantados pensando en su futuro papel. Así es como nacieron, lo que los biólogos y ecólogos denominaron “desiertos verdes”, es decir, miles de hectáreas de bellos bosques conformados por una sola especie.

Los productores mundiales de pasta de celulosa concretaron lo que, también en lenguaje setentista, es división internacional del trabajo y hoy es el subproducto inescindible de la globalización, determinando que la pasta de celulosa que seguirán consumiendo los países centrales (ya sea para consumo directo o para fabricar papel que luego se importaran a los países no centrales) se obtendrá en estas naciones periféricas de tierras fértiles, mano de obra barata, escenarios contaminables y leyes ambientales persistentemente laxas.

De ese modo idearon el proceso, sabiendo de antemano que al final del desarrollo del bosque de una sola especie (en general, eucalipto) debía haber una pastera esperando.

Por eso los empresarios de la empresa finlandesa Botnia argumentaron que estaban completando la cadena de un polo de desarrollo forestal. Por eso, la ubicación de las pasteras en la cuenca del río Uruguay se daba para poder procesar al pie de las forestaciones los miles de árboles allí ya crecidos . Tan brutal es el proceso de otorgamiento de roles por parte del capital internacional, que ya se sabe que del total de la producción anual de pasta base de celulosa de las papeleras de Fray Bentos, que el 90 por ciento ya está previamente colocado en mercados de los Estados Unidos y Europa.

Actualmente, hay cientos de pasteras y papeleras en todos los continentes, son muy importantes y numerosas en los países escandinavos, en Europa Central, en Rusia, en China, en Canadá, en Estados Unidos. Pero también las hay en otras regiones de Asia y África, y en América Latina. Las más importantes en esta última, son las de Brasil.

La industria papelera es reconocida a nivel mundial como una de las más contaminantes. La ciudad más afectada del lado argentino sería Gualeguaychú, en el sur entrerriano, esto se debe a que por la morfología del río la contaminación es llevada hacia la ribera argentina y por supuesto, también al ecosistema de la región.

Hay tres tecnologías para separar la celulosa de la lignina en la madera:

a. Con cloro elemental. Es la más nociva, existe en varios países inclusive en la Argentina.

b. Con dióxido de cloro, en lugar de cloro elemental (tecnología ECF) como la que instaló Botnia en Fray Bentos.

c. Libre de todo tipo de cloro (tecnología TCF) que es la más cara y con niveles bajos de contaminación.

A partir de los años 90, en la mayoría de los países desarrollados se iniciaron fuertes presiones sociales y gubernamentales para disminuir la contaminación producida por las fábricas de pulpas kraft.

Las propuestas actuales para transformar el proceso kraft en una tecnología más limpia se han tratado en comités internacionales que definieron acciones para limitar las emisiones y descargas.

En diciembre de 2001, una comisión europea emitió un documento de referencia donde se establecen las mejores técnicas disponibles para la industria de pulpa y papel.

Las BAT identifican la última etapa de desarrollo disponible de las instalaciones, procesos o métodos de operación que indican la adecuación práctica de un proceso u operación particular para limitar las descargas.

Además de lo anterior, ese documento establece los niveles permisibles de los diferentes compuestos que estas fábricas pueden emitir al agua, al aire y a la tierra. Estos niveles garantizan la sostenibilidad de los recursos. Así desde el año 2001, la industria de pulpa y papel europea se maneja con el compromiso internacional de cumplir dichas pautas y limitar sus emisiones a los niveles permitidos.

En el Convenio de Estocolmo sobre contaminantes Orgánicos Persistentes en sus Partes II y III (Categorías de fuentes), habla de la formación de las dioxinas y furanos y define las formas más adecuadas de fabricación de pulpas celulósicas y papel, abarcando desde la recepción de la madera en la fábrica hasta el secado de la pulpa final. Incluye también la generación y manipulación de productos químicos, el sistema de recuperación y el blanqueo.

Sin duda es más sencillo instalar una fábrica moderna, dotada de toda la tecnología “anticontaminación” que adaptar a las fábricas antiguas.

Cuando se habla de instalar una fábrica nueva, habría que seguir tres pasos básicos para asegurar que será una fábrica limpia. En principio, hay que exigir que cuente con todos los avances tecnológicos que harán de ella una fábrica de baja contaminación. Los organismos estatales competentes deben realizar la evaluación del impacto ambiental de la industria propuesta, basado en el estudio de impacto ambiental presentado. Asimismo, es imprescindible verificar que la fábrica cuente con todos los elementos de mitigación y tratamiento de efluentes establecidos como Mejores Tecnologías Disponibles (BAT) por los organismos internacionales.

Como segunda medida, y para asegurar lo anterior, debe realizarse una rigurosa inspección de las instalaciones previa al otorgamiento de la habilitación industrial.

Finalmente, y para asegurar el buen funcionamiento de la fábrica desde el punto de vista ambiental, deberían realizarse estrictas inspecciones y controles periódicos de los efluentes, tanto cuando la fábrica se encuentra en períodos de régimen normal, como durante los períodos de puesta en marcha.

Por todo lo dicho, es legítimo afirmar que si el problema es la contaminación, el conflicto con Uruguay por la instalación de papeleras en Fray Bentos no es insalvable. Actualmente existen las tecnologías para reducir al mínimo la contaminación producida por este tipo de fábricas. Ahora bien, se debe contar con la buena voluntad de todas las partes involucradas.

Según el criterio de María Cristina Area , debiera conformarse una comisión binacional de expertos, con participación de profesionales de las fábricas involucradas. Esto significaba reunir a los máximos investigadores y científicos (no funcionarios) de ambos países, en el área ambiental y celulósico – papelera. La presencia de los técnicos de las fábricas (ingenieros a cargo) garantizaría la comunicación e información.

Esta comisión debiera rever los proyectos y verificar la presencia de todos los elementos de proceso, mitigación y tratamiento de efluentes, establecidas como Mejores Tecnologías Disponibles en los tratados internacionales y el Convenio de Estocolmo. Si faltara algún elemento, las empresas deberían asumir el compromiso de incorporarlo.

Una vez asegurada la limpieza tecnológica de las fábricas, debiera entrar en plena vigencia el Estatuto del río Uruguay, que establece el régimen jurídico sobre el mismo. Específicamente, el Capitulo XIII en su artículo 56 expresa que la Comisión desempeñará las funciones de dictar normas reglamentarias sobre conservación y preservación de los recursos vivos y prevención de la contaminación; además de coordinar entre las autoridades competentes de las partes la acción en materia de prevención y represión de ilícitos .

Esto significa que esta comisión binacional tiene el poder de establecer los parámetros y niveles de descargas al aire, agua y suelo que ambos países estimen convenientes (los cuales pueden ser tan restrictivos como se quiera) y además, es la encargada de controlar que eso se cumpla.

Esto garantiza una total participación de ambos países en el control de la contaminación de las fábricas que se instalen sobre el río. Finalmente, todo se reduce a la calidad personal, los conocimientos y la integridad de los miembros de esa comisión, para que sea un organismo confiable y eficiente.

Las empresas en su proceso de producción, toman un metro cúbico de agua del río Uruguay por segundo, devolviéndola a 80 grados centígrados y contaminada con dioxinas y furanos, componentes químicos altamente cancerígenos que se bio-acumularán paulatinamente en la cadena alimenticia de argentinos y uruguayos.

La industria papelera prevé una producción de pulpa de eucalipto de un millón de toneladas secas por año, requiriendo para ello 3,5 millones de metros cúbicos sólidos de madera en el mismo período. Además, la fábrica aplicará el proceso Kraft al sulfato en la producción de pulpa, empleando para el blanqueo la tecnología ECF (libre de cloro elemental), utilizándose compuestos de alta toxicidad como, dióxido de cloro y dióxido de azufre serán producidos allí mismo, con el riesgo de formación de dioxinas en dicho proceso, además de producir 50 mil toneladas por año de clorato de sodio y de 25 de peróxido de hidrógeno. El polo industrial, que generará un grave peligro cancerígeno, estará compuesto por dos mega plantas que liberarán a la atmósfera entre uno y tres kilos de dióxido de sulfuro (reconocible por el olor a huevo podrido) por cada tonelada de pulpa producida. Las partículas sulfurosas se combinan con la humedad de las nubes y caen con la lluvia y el rocío: es la llamada y temida “lluvia ácida” .

El problema de la contaminación que producirán las plantas de celulosa es que su tamaño y capacidad, provocarán niveles de contaminación que la naturaleza no puede procesar, lo que significa que se produce un colapso en términos ambientales.

La industria papelera utiliza elementos que como se menciona en los párrafos anteriores, pueden resultar contaminantes, por lo que los países con legislaciones más protectivas del medio ambiente las están reubicando en zonas menos restrictivas.

El representante en Uruguay de la papelera Botnia, Carlos Faroppa, defiende su postura aclarando que los parámetros que se presentaron y se aprobaron en Uruguay son los mismo de la Unión Europea. Además, aclara que traerán más beneficios que complicaciones por ser la mayor inversión de la historia uruguaya, atraer turismo por la actividad permanente, la construcción de viviendas, la mano de obra, el aprovechamiento de la riqueza forestal, los negocios con Argentina y en servicios como una red de efluentes cloacales en Fray Bentos, los cuales se trataran y no se arrojaran crudos al río como hoy en día.

Las empresas solicitaron la cofinanciación de la Corporación Financiera del Banco Mundial, ya que esta es considerada líder global en el respeto de los standars ambientales y sociales de los proyectos de inversión privados que cofinancia.

Desde sectores universitarios, dan su apoyo a las pasteras, ya que al menos aseguran que Botnia, no utilizaría el método más contaminante y tradicional, que incluía cloro gaseoso para el blanqueo, según la doctora en ingeniería papelera, María Cristina Area. La tecnología de la empresa Botnia incluye dióxido de cloro, que está explícitamente aceptada en el Convenio de Estocolmo sobre contaminantes orgánicos persistentes. Se trata de una tecnología amigable con el ambiente.

En ocasión del seminario “Hacia el desarrollo de una cuenca foresto-industrial” , los especialistas de la industria de la celulosa y el papel coincidieron en que es necesario revisar la normativa medio ambiental de la Argentina y de Uruguay, las cuales están desactualizadas en comparación con las leyes que rigen a los países europeos y a EEUU. Además Faroppa Negri, asesor estratégico de Botnia se sumó a lo mencionado por el resto de los especialista y agregó que las industrias no generarán dioxinas ni furanos (químicos contaminantes), ni lluvia ácida, ni desechará efluentes tóxicos ni usará cloro elemental.

Cuando la Corporación Financiera del Banco Mundial público el informe preliminar, el cual mencionaba que las pasteras cumplían los requisitos técnicos ambientales aunque en raras ocasiones las plantas podían emitir gases olorosos a una distancia de entre 5 y 10 kilómetros, dio un tiempo de 60 días para escuchar la opinión del público en general y especialistas técnicos sobre la metodología y las conclusiones del estudio.

Las autoridades de ambas empresas opinaron satisfechos de los resultados, por la oportunidad para que la gente se quede tranquila, ya que estaban preocupados por “... la falta de conocimiento y la distorsión de la información, por parte de quienes han querido hacer de esa información una política contraria a las inversiones...” . Además expresaron que este informe corroboraba que no habría impactos en el aire, agua, emisiones, turismo, siendo similares a los realizados por Botnia en el 2003. En fin, el equipo técnico indicó que los proyectos eran viables.