EL CONFLICTO ENTRE ARGENTINA Y URUGUAY POR LA INSTALACIÓN DE LAS PAPELERAS:
UN CASO DE ESTUDIO

EL CONFLICTO ENTRE ARGENTINA Y URUGUAY POR LA INSTALACIÓN DE LAS PAPELERAS: UN CASO DE ESTUDIO

Valeria Llamas

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Uruguay y el Banco Mundial

El 5 de mayo de 2005, los presidentes de Argentina y Uruguay acordaron dejar el control oficial de las aguas en manos de la Comisión Administradora del Río Uruguay, de carácter binacional.

Antes de la primera reunión prevista con una comisión de técnicos de ambos países para analizar los impactos ambientales de las papeleras, Argentina realizó una presentación ante el presidente del Banco Mundial, Paul Wolfowitz, manifestando su preocupación por el asentamiento de las fábricas.

Las empresas Botnia y Ence, habían solicitado la cofinanciación de la Corporación Financiera Internacional del Banco Mundial, ya que es considerada líder global en el respeto a los standars ambientales y sociales de los proyectos de inversión privados que cofinancia. Por esta razón, los grupos inversores solicitaron su participación para obtener una garantía de los standars.

Esta presentación resultó en la suspensión del financiamiento internacional hasta tanto no se realizara una evaluación de impacto ambiental. Dicha evaluación sería realizada por la Corporación y luego comunicada a ambos países. A modo de protesta, el gobierno uruguayo no envió sus delegados a la comisión técnica mixta, en actitud diplomática ante el bloqueo del financiamiento internacional impulsado por la Argentina.

Cuando el equipo técnico del organismo internacional arribó a la región para estudiar el impacto, el Presidente Tabaré Vázquez envió una carta al presidente del Banco Mundial, en la que destacaba la importancia para Uruguay de la construcción y financiamiento de las dos papeleras y exhortaba a la entidad crediticia a acelerar la resolución del tema.

Además el gobierno de Uruguay acordó con la empresa finlandesa coordinar acciones para enfrentar las demandas presentadas en la OEA por el gobernador Busti, al mismo tiempo que presentó la demanda ante el Banco Mundial.

Cuando la Corporación Financiera del Banco Mundial público el informe preliminar, el cual mencionaba que las pasteras cumplían los requisitos técnicos ambientales, aunque en raras ocasiones las plantas podían emitir gases olorosos a una distancia de entre 5 y 10 kilómetros, dió un tiempo de 60 días para escuchar la opinión del público en general y especialistas técnicos sobre la metodología y las conclusiones del estudio.

En abril de 2006, la Corporación Financiera Internacional dió a conocer el documento con las conclusiones del científico canadiense Wayne Dwernychuk para aceptar y descartar críticas al informe preliminar que había elaborado un experto elegido por la Corporación. Entre las conclusiones de dicho informe, se indica que pese a los problemas o imprecisiones de los proyectos de las papeleras, “... los comentarios que expresan la preocupación de que las plantas causen daños ambientales catastróficos carecen de sustento, son irracionales e ignoran la experiencia de muchas otras modernas plantas de kraft de celulosa blanqueada...” . Una definición que le otorga razón a uno de los argumentos uruguayos.

Con este segundo informe favorable, Uruguay pensaba que Argentina estaría satisfecha y tranquila porque desde ese país se había pedido la intervención del Banco Mundial. Sin embargo, el Banco Mundial mencionó que faltaba información sobre el diseño, la operación y monitoreo ambiental de las plantas, por lo que condicionó su línea de crédito de 400 millones de dólares hasta que se cumplieran los requisitos indicados en el informe.

En mayo de 2006, la Corporación Financiera Internacional llegó a un acuerdo con Ence y Botnia para implementar un plan de acción destinado a completar el proceso de evaluación ambiental y social de las plantas. Dicho plan preveía que el borrador del Estudio de Impacto Acumulado fuera revisado por expertos independientes, luego ser analizado por el panel de expertos canadienses para verificar que se dé respuestas a las recomendaciones, para luego ser publicado y la Corporación Financiera Internacional junto a la Agencia Multilateral de Garantías de inversiones decidieran si procedían o no.

Las respuestas por Botnia fueron facilitadas, verificadas y el crédito se otorgó pese a los reclamos por parte de Argentina.