EL CONFLICTO ENTRE ARGENTINA Y URUGUAY POR LA INSTALACIÓN DE LAS PAPELERAS:
UN CASO DE ESTUDIO

EL CONFLICTO ENTRE ARGENTINA Y URUGUAY POR LA INSTALACIÓN DE LAS PAPELERAS: UN CASO DE ESTUDIO

Valeria Llamas

Volver al índice

 

 

SEGUNDA PARTE: LA INDUSTRIA PAPALERA EN ARGENTINA Y URUGUAY

La industria papelera en Uruguay

El desarrollo de una industria papelera en el Uruguay estaba en el programa de gobierno del Frente Amplio de 1971, año de su fundación. Este impulso al desarrollo de la industria papelera nacional fue anunciado por el candidato a presidente Líber Seregni, quien además enumeró una serie de lineamientos de futuro, en el cual mencionaba que la promoción a la industria papelera sería sobre la base de no ser manejada por monopolios encubiertos y además anunció que tratarían de explorar exhaustivamente las posibilidades de nuevas soluciones técnicas en este sector industrial.

El principal insumo para el programa era el plan de desarrollo de la Comisión de Inversión y Desarrollo Económico (CIDE), una oficina de planificación que había elaborado documentos detallados y, sobre todo, recopilando información al respecto. La CIDE manejaba una doctrina económica estructuralista o cepalina, que impulsaba la industrialización de sustitución de importaciones, protegida por barreras arancelarias.

El otro insumo, eran los programas de los gremios de cada ramo, que en general iban en el mismo sentido.

En Uruguay había fábricas de papel como la Fábrica Nacional de Papel, Cicssa, Isusa y Pamer, pero no fabricaban su celulosa ni su papel de diario, que era importado. Por eso Seregni mencionaba el tema en un discurso sobre comunicación y por eso se refería a explorar soluciones técnicas.

Treinta y cinco años después, la doctrina económica es distinta y el mundo es distinto. La celulosa se piensa fabricar para exportar, no hay peligro de monopolio y la producción se basa en un desarrollo forestal que en ese momento sólo existía en los documentos de la CIDE.

Uruguay poseía hasta el 2007, dos papeleras en su territorio, Fanapel y Parner, las cuales arrojan desde hace muchos años al Uruguay la misma basura tóxica que las papeleras que posee Argentina (10 en total), pero con un agravante: Fanapel, Fábrica de Papel Nacional, había sido comprada por una multinacional inglesa, la Investment Corporation, desplazada de Europa por prácticas de contaminación ambiental. A pesar de ello, estas dos plantas atendían la demanda de papel para Uruguay y además exportaban.

En octubre de 2005, el Intendente del Departamento de Durazno, Carmelo Vidalín, anunció la instalación, que sumada a los dos controvertidos proyectos, sería la tercera pastera uruguaya, por la empresa sueco – finlandesa Stora Enso en su departamento. La inversión prevista sería de 1.250 millones de dólares, creando 10.000 puestos de trabajo durante su construcción, y una vez en funcionamiento, 500 puestos directos, y 2.500 indirectos (Fuente: El Clarín, 10/10/05, p 5).

La instalación sería a orillas del río Negro, afluente del Río Uruguay, que limita a los departamentos de Durazno y Tacuarembó. Es decir, esta planta se instalaría sobre un río interno.

Las autoridades uruguayas defendían está nueva pastera bajo el mismo argumento utilizado por Argentina, en cuanto a que al ser un río interno las aguas llegarían al Río Uruguay sin problemas de contaminación.

Uruguay, a raíz de estas tres inversiones, parecía estar convirtiéndose en un imán para las multinacionales productoras de pasta de celulosa ya que ahora surgía el interés de inversores iraníes de instalar una planta de celulosa en el departamento de Cerro Largo, en el centro-este de Uruguay, tal como había confirmado el intendente Ambrosio Barreiro aunque se advirtió que se encontraban en una etapa preliminar.

El efecto de estas grandes pasteras, tendría consecuencias no sólo sobre Uruguay, porque la demanda sería tan grande que demandaría eucalipto no sólo del país, sino también del sur de Brasil y de Argentina. Esto provocaría un efecto muy grande en el modelo de desarrollo de toda la región.