EL CONFLICTO ENTRE ARGENTINA Y URUGUAY POR LA INSTALACIÓN DE LAS PAPELERAS:
UN CASO DE ESTUDIO

EL CONFLICTO ENTRE ARGENTINA Y URUGUAY POR LA INSTALACIÓN DE LAS PAPELERAS: UN CASO DE ESTUDIO

Valeria Llamas

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Características de la política exterior del Gobierno de Kirchner

La Argentina reconocía en el multilateralismo y en la efectiva vigencia del derecho internacional la posibilidad de construir un orden más justo, racional y solidario. Los valores e intereses que conducían la política son “...la afirmación de la democracia y el respeto irrestricto de los derechos humanos como valor esencial; el compromiso con la paz, la seguridad, el desarme, la no proliferación de armas de destrucción masiva, y la condena del narcotráfico y el terrorismo internacional” .

El respeto de la soberanía y la igualdad jurídica de todos los estados, los principios de no intervención, la libre determinación de los pueblos e integridad territorial, la solución pacífica de controversias y la promoción de los derechos humanos, también se encontraban dentro de los principios que el gobierno calificaba como prioritarios.

El gobierno de Kirchner, intentó consolidar la política comercial como una política de Estado permanente que trascienda la duración de los mandatos de gobierno y contara con la concurrencia del sector privado, comunidad académica, de la sociedad civil en general como un objetivo estratégico, profundizando la estrategia de apertura de mercado, incrementando sustancialmente el intercambio con el resto del mundo, diversificando exportaciones hacia bienes con mayor valor agregado de modo que los beneficios del comercio exterior caigan sobre todas las ramas productivas.

Se continuó luchando en los foros de la OEA y Naciones Unidas su inclaudicable reclamo de soberanía sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur, Sándwich del Sur y los espacios marítimos circundantes.

Uno de los puntos principales de la agenda fue la integración latinoamericana, en particular el Mercosur, visto como un proyecto político regional y de alianza estratégica, al que se debía profundizar su institucionalidad y ampliar la cantidad de sus miembros.

En cuanto a este punto, tres fueron los planos de acción. En primer lugar, el restablecimiento de la credibilidad del Mercosur como una política de Estado. Reafirmando la lealtad argentina a la alianza estratégica con Brasil, eje vertebral de la integración, ya que ambos países tomaban esta alianza para abrirse al mundo a través de negociaciones comerciales internacionales conjuntas. Se intentó trabajar en abrir los mercados de bienes, servicios y compras gubernamentales, para neutralizar “... los efectos de distorsión artificial de la competencia económica originada en políticas cambiarias, fiscales o sectoriales. En el que efectivamente se integren cadenas productivas orientadas a la exportación al mundo” .

En segundo lugar, se debía lograr que el Mercosur sea funcional a las reformas requeridas tanto económicas como sociales, para alcanzar una disciplina colectiva en políticas macroeconómicas, sectoriales y comerciales externas.

Por último, se debía establecer pautas con el resto de los socios para negociaciones comerciales internacionales con terceros países, otros bloques y organismos internacionales.

La posición argentina en materia de política exterior priorizó a la región, en el Mercosur y en pos de una Unión Sudamericana, y una retórica desafiante con respecto a los Estados Unidos, lo cual demuestra una flexibilidad en el modelo práctico, con declaraciones retóricas. En tal sentido, cuentan los hechos de la obstaculización de la Unión Sudamericana, la disputa por el liderazgo de la región entre Brasil y Argentina, sin tener en cuenta que lo que se entorpecía es la integración y en consecuencia el bienestar común.

Los gestos desafiantes con respecto a Estados Unidos se puede mencionar a los encuentros oficiales con líderes opuestos a este, como Hugo Chávez y Evo Morales. Esto no significa que haya contrariado a Estados Unidos en sus intereses más vitales, pero si buscaba de alguna manera el apoyo de la opinión pública y la centroizquierda en general.

Sin embargo, estas acciones que no manifestaban un apoyo hacia Estados Unidos y otros países importantes como España y Brasil, no fueron un impedimento para renegociar las deudas con los tenedores de bonos, con el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y el BID, y para enfrentar con éxito los conflictos con actores transnacionales poderosos, tales como bancos o empresas a cargo de los servicios públicos privatizados, que continuaban exigiendo compensaciones por los costos que sufrían desde la devaluación y la pesificación de enero de 2002.

Otra de las consecuencias de este comportamiento, se dió a nivel regional con las manifestaciones oficiales de enojo u hostilidad hacia el presidente uruguayo, el cual se declaró en más de una ocasión como un amigo.

Por lo tanto, podemos decir que la principal estrategia utilizada por el gobierno es la mediática, es decir, en varios sentidos la política exterior estuvo subordinada a las necesidades de política interna.

La política exterior del gobierno de Kirchner fue fundamental para construir el poder, e inducirla a mejorar la seguridad y bienestar de la población.