EN TORNO A LAS UNIVERSIDADES EMPRENDEDORAS: EDUCACIÓN, VINCULACIÓN, DESARROLLO Y REFORMULACIONES

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Coordinadores: Ángel Rosales Torres y Ricardo Contreras Soto

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Algunas reflexiones sobre el desarrollo regional del estado de Guanajuato en el contexto de la competitividad

Héctor Ruiz Rueda
Nicasio García Melchor¹

Partiendo

La pujanza económica que se desarrolló en Guanajuato a partir de la Colonia, sigue caracterizando al estado en los inicios del siglo XXI. Sin embargo, la indigencia y pobreza descrita por Mathieu de Fossey a su paso por varios lugares de Guanajuato a mediados del siglo XIX, lejos de erradicarse, continúan recordando lo observado por el viajero francés:

¡Cosa sorprendente! En el seno de una abundancia de bienes de la tierra, se encuentran más mendigos que en otra parte: ellos pululan en las pequeñas ciudades del Bajío. Apenas la diligencia se detiene, un círculo de indigentes desarrapados, de ciegos, de mutilados, se forma alrededor de las portezuelas. Sus súplicas son tan insistentes, que, aunque la mendicidad desvergonzada inspira poco interés, uno no sabría permanecer sordo ahí: se les tira rápidamente una limosna para librarse de la importunidad. Los propietarios de haciendas, en el Bajío, debieran ser más generosos hacia sus gentes de gleba de lo que se es en cualquier otro lugar, considerando las riquezas que les da la agricultura. Sin embargo no es así: los tratan al contrario, con un rigor, una injusticia que uno no sabría censurar demasiado. Un peón no recibe por día más que 2 reales para él y para su familia, sin ningún otro socorro en natura; y si el quiere criar un puerco, una vaca, está obligado a dar a su amo la mitad del valor del puerco o del becerro que acaba de nacer. Si quiere cultivar una porción de terreno, todos los gastos de labranza, de simientes, de escardo, etcétera quedan a su cargo. Tiene que dar todavía al propietario la mitad de su cosecha. He ahí por qué los infelices habitantes del Bajío no pueden avanzar nada, y no tienen más que la miseria en perspectiva para sus días de viejos.

En el marco de un desarrollo desigual, que tanto en su sociedad como en su territorio siguen caracterizando a Guanajuato, la presente ponencia tiene como propósito mostrar algunas reflexiones sobre la situación que prevalece en el estado, que por un lado evidencia la fortaleza macroeconómica de la entidad y el beneficio de una pequeña parte del territorio y de la sociedad, y por el otro, de manera contraria, muestra los rezagos que vive la gran parte del territorio y de la población, a pesar de la inserción y competitividad que Guanajuato ha logrado en el contexto de la globalización económica que se continúa imponiendo en el mundo y en el país.

De estas reflexiones llama la atención, el grave deterioro de los recursos naturales, especialmente el del agua, que al mismo tiempo que ponen límites al desarrollo económico presente y futuro, muestran signos alarmantes para la convivencia humana, pues representan el caldo de cultivo de disputas y conflictos sociales que en los últimos años se han protagonizado en la entidad y que, por supuesto, pueden incrementarse en el futuro.

Para dar cuenta de lo anterior, en el primer apartado se hace un breve recorrido histórico sobre la manera en que se ha desarrollo el estado hasta la actualidad. Enseguida se analiza la propuesta de desarrollo del actual gobierno, con énfasis en la parte económica, especialmente respecto al desarrollo desigual y asimétrico que se sigue dando entre las diferentes regiones, y donde el Bajío industrial es la porción más beneficiada. Después de analizar esta polarización del desarrollo regional, termino por señalar que la concreción de la nueva ola de industrialización implica una mayor demanda de recursos naturales cada vez más escasos y degradados.

Del centro granelero y minero al centro industrial y comercial

La transformación de Guanajuato a partir, principalmente, de factores exógenos, se ha dado como una constante a lo largo de su historia. Sus orígenes se encuentran en el proceso de conquista mediante el cual se inició la transformación del espacio de caza y recolección de los nómadas chichimecas, en “un complejo único de minería, agricultura e industria” , como lo ha llamado Wolf. De esta forma, la producción cerealera que caracterizó al Bajío, se destinó para abastecer a los centros mineros de Guanajuato y del norte del país, mientras que la minería permitió participar a Guanajuato desde el siglo XVI y hasta principios del siglo XIX, en una “economía-mundo”. Junto a lo anterior, el comercio con otros puntos del país de productos elaborados en Guanajuato a partir de la transformación de materias primas traídas de otras regiones, permitió ubicar a Guanajuato como uno de los territorios con mayor población y con mayor poder económico en la Nueva España.

La decadencia de la minería y de la producción cerealera, fundamentalmente como consecuencia de la insurrección encabezada por Hidalgo, fueron reactivadas a fines del siglo XIX, gracias a la llegada del ferrocarril y de inversión extranjera. Al mismo tiempo que esta nueva reorganización del espacio estatal dio paso al nuevo auge económico, también abrió las puertas a la migración de los guanajuatenses a otros puntos del país y principalmente a los EE.UU. Esta dinámica estatal impuesta por el ferrocarril, impulsó, junto a los cereales y una diversa gama de hortalizas y frutas producidas en haciendas y ranchos, el comercio de productos con otras regiones del país. Productos como los zapatos, prendas de vestir y sombreros, fueron ampliamente demandados desde principios del siglo XX, dando paso a cierta especialización regional en los procesos industriales y comerciales. Además, la fresa cultivada en Irapuato desde mediados del siglo XIX, empezó a exportarse a las fábricas de conservas de los EE.UU., gracias a la conexión del ferrocarril con la frontera norte.

Acontecimientos como la Segunda Guerra Mundial y la participación de los EE.UU. en ella, así como el orden internacional surgido al término de la contienda con su consecuente división del trabajo, y las políticas que impulsaron los gobiernos poscardenistas, de nueva cuenta impactaron a Guanajuato, y sentaron las bases para la nueva modernización del espacio regional, a través de la industrialización y de la aplicación en el campo de la nuevas tecnologías de la revolución verde. De este proceso modernizador, resultó, principalmente: la creación a principios de la década de 1940, del Centro Agrícola Experimental en León; el establecimiento de congeladoras de fresa desde 1946 y su exportación en fresco y congelada a Europa y los EE.UU.; el auge en los mismos años de la industria cigarrera y su exportación a los EE.UU.; la terminación de la presa Solís en 1949 y la mayor perforación de pozos para regadío a partir de la década de 1950, que incrementó la superficie irrigada del estado convirtiendo al Distrito de Riego 011 Alto Río Lerma, en el primero a nivel estatal y uno de los más importantes del país; y, la construcción y puesta en operación a principios de la década de 1950, de la Refinería “Ing. Antonio M. Amor” en Salamanca.

De esta forma, la posición geográfica, estratégica y bien comunicada de la porción central del estado, con un clima templado y benigno para la producción de una amplia diversidad de cultivos, así como la calidad de sus suelos con una infraestructura hidroagrícola en expansión, resultaron ser, a principios de la década de 1960, foco de atracción y penetración de nuevas agroindustrias, sobre todo de capital trasnacional, que articuladas a la agricultura y al funcionar como verdaderos monopolios, empezaron a determinar qué semillas, fertilizantes, insecticidas y maquinaria se debía usar, introduciendo cultivos antes desconocidos (sorgo y hortalizas para exportación, principalmente), favoreciendo el desarrollo de los grandes agricultores, modificando el patrón regional de cultivos y obteniendo el dominio efectivo sobre amplias extensiones de tierra, principalmente, a través de la agricultura por contrato.

En este proceso de modernización e industrialización, la porción central del estado, correspondiente a la franja norte del Bajío, resultó la más beneficiada, al localizarse en ella el principal corredor industrial y comercial del estado. Tal importancia se continuó refrendando a partir de la apertura e integración económica y comercial que se ha dado en el país, principalmente con la firma y entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). Por ello, no es extraño que el Aeropuerto Internacional, el recién creado Puerto Interior y el proyecto del Tren Interurbano, por nombrar sólo algunos proyectos, se ubiquen en esta porción regional. Tampoco es extraño que además de la amplia gama de ramas industriales con que cuenta actualmente (química y petroquímica; el cuero y el calzado; la textil y de la confección; la metal-mecánica; la alimentaria; la de construcción; y, la automotriz y de autopartes), se contemple para dicho corredor industrial, el desarrollo de industrias con un alto contenido tecnológico.