EN TORNO A LAS UNIVERSIDADES EMPRENDEDORAS: EDUCACIÓN, VINCULACIÓN, DESARROLLO Y REFORMULACIONES

EN TORNO A LAS UNIVERSIDADES EMPRENDEDORAS: EDUCACIÓN, VINCULACIÓN, DESARROLLO Y REFORMULACIONES

Coordinadores: Ángel Rosales Torres y Ricardo Contreras Soto

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IV.- Papel de la Universidad Pública en los espacios locales

Puede decirse que desde los años noventa del siglo XX, la universidad pública en América Latina, y en México en particular, se ha ido abriendo progresivamente a las nuevas demandas de la sociedad y desarrollando un papel cada vez más activo en la prestación de servicios a la colectividad en general, aunque aún falta mucho por hacer (Ferraro, 2003).

Cada vez más se materializan iniciativas de intercambio y relación con su entorno tanto en el área de la docencia – a través de la formación pre y post laboral- como en la investigación mediante la transferencia tecnológica, a la vez que la universidad pública ha ido adquiriendo cada vez un mayor protagonismo y presencia en su ámbito local de actuación.

La labor docente y formadora de la institución universitaria mexicana, siendo la más tradicional y conocida, es la que ha ido experimentando reformas a lo largo de los años dada la necesidad de acomodar los conocimientos impartidos a las demandas reales de la sociedad.

Es imprescindible el replanteamiento de las enseñanzas y planes de estudios tradicionales mediante el establecimiento de currículos más abiertos y pluridisciplinares que faciliten una mayor polivalencia y rápido reciclaje de conocimientos, así como prestar mayor atención al reciclaje permanente de los conocimientos y las técnicas para evitar la rápida obsolescencia profesional.

En ese sentido, la institución universitaria en México no sólo debe dar importancia a la educación enfocada a conseguir un título, sino también a la educación contínua mediante cursos de extensión universitaria, cursos de corta duración con título que contribuyan a la actualización de los currículos de estudios universitarios y posgraduados o cursos de reciclaje ad hoc para las empresas, siempre bien adaptados a la estructura económica y social de la localidad/región.

La segunda tarea de la universidad mexicana es la investigación, que es un prerrequisito básico para la buena docencia y para incrementar la presencia de la enseñanza superior en los ámbitos de la innovación y la modernidad (Battaner, 1992).

El desarrollo de ideas, la investigación de nuevos problemas en nuevas áreas, la creación de ciencia y tecnología, forman uno de los pilares básicos de la labor universitaria. La escasa vinculación de la universidad con su entorno productivo y social ha hecho que muchas de las investigaciones realizadas en el seno de la universidad pública no hayan sido aplicadas, o que con frecuencia las iniciativas en las que participa esta institución fueran llevadas a cabo más por un grupo de profesores fuertemente implicados en un proyecto antes que como resultado de una iniciativa del conjunto de la institución universitaria.

Igualmente, es cierto que la universidad pública y la empresa privada muchas veces se miran con desconfianza y suspicacia. La institución universitaria teme formalizar sus vínculos con el mundo empresarial para no caer en un burdo comercialismo y no amenazar su libertad académica. Por su parte, la empresa se queja del poco sentido práctico de las investigaciones universitarias y de las ideas hostiles a la empresa de una parte del estamento académico.

Se requiere entonces desarrollar la capacidad interactiva de académicos y emprendedores para la generación de conocimiento productivo y social. Es necesaria la formulación de un problema de investigación mutuamente construído. Para ello debe ser posible que ambos actores asuman una relación contínua de intercambio que construya códigos comunes de comunicación (Bianchi, 2002: 166).

Este cambio de rumbo exige que la universidad pública mexicana fortalezca –entre otras cosas- su función de transferencia tecnológica. Cada vez más se aprecian departamentos universitarios con contactos con industrias, empresas o consultorías para realizar los trabajos más diversos y heterogéneos.

En particular, la colaboración universidad – empresa puede materializarse en diferentes formas (ILPES.1998:104-105):

1.- Prestación de bienes y servicios por parte de la universidad como agencia de consulta y asesoría técnica.

2.- Realización de proyectos concertados de investigación y desarrollo tecnológico nacidos en la empresa.

3.- Cesión de patentes y licencias de explotación.

4.- Formación de recursos humanos con acciones específicas e incluso a la medida para cada empresa.

5.- Creación de pequeñas empresas conjuntas para la explotación inicial de resultados innovadores de la investigación.

6.- Apoyo por parte de la universidad a la creación de empresas, no como socio financiero sino como entidad generadora de tecnología (parques científicos y tecnológicos y unidades de incubación).

Para las universidades públicas mexicanas la transferencia de tecnología conlleva tres claros beneficios: mejora la calidad de la enseñanza, la investigación permite la obtención de recursos suplementarios y contribuye a la competitividad de las empresas y por tanto al desarrollo económico del entorno.

No obstante, también requiere de ella la realización de inversiones en equipamiento y recursos humanos y una revisión y cuestionamiento de sus estructuras internas, sus formas de funcionamiento, así como del status y el comportamiento de sus miembros.

Lo importante a destacar es que más allá de la formación en capacidades específicas (a través de postgrados y cursos de educación contínua, por ejemplo), desde la universidad pública se han hecho significativos avances en la preparación de grupos de investigadores , los que configuran hoy una masa crítica de recursos capacitados en dar respuestas en aquellos temas vinculados al desarrollo local. Es decir, el papel de las universidades locales sigue siendo fundamental para apoyar el desarrollo de su propio entorno territorial (Boisier, 2005).

Todo ello resalta la responsabilidad social de la universidad pública, su compromiso con la sociedad donde está inserta. Su papel va más allá de enseñar, investigar y difundir cultura. El compromiso social de la institución universitaria es brindar -en tanto experta técnicamente y desarrolladora del conocimiento- un sentido de perspectiva al resto de la sociedad, servir de guía a los otros miembros de la localidad ante sus preocupaciones y problemas cotidianos.

Esta reflexión nos permite acotar que la universidad pública en el contexto de globalización y de nuevos procesos de desarrollo local, requiere entender que el proceso de enseñanza-aprendizaje en cualquier organización contemporánea es algo más que el desarrollo de procesos de entrenamiento y capacitación de tipo convencional. Hoy en día toda organización que aprende es aquella en la cual inventar nuevos conocimientos no es una actividad especializada, dominio de un grupo reducido, sino una forma de comportamiento general en que cualquiera es un trabajador con conocimiento (Yoguel, 2005: 166-167).

Las organizaciones actuales, en particular la universidad, lo que requieren más que enseñar, es aprender a través de una amplia variedad de sistemas y procedimientos involucrando a sus individuos en las prácticas de aprendizaje, y en la articulación y aplicación del conocimiento. Esta forma de enseñar-aprender se da en forma muy específica en el proceso de aprendizaje de agentes que están al interior de sistemas locales o que forman parte de sistemas de empresas que interactúan con otros actores locales. Y, ahí es donde la institución universitaria se inserta no sólo enseñando, sino principalmente aprendiendo e interactuando con otros actores sociales para ir configurando el proceso de desarrollo local.