EN TORNO A LAS UNIVERSIDADES EMPRENDEDORAS: EDUCACIÓN, VINCULACIÓN, DESARROLLO Y REFORMULACIONES

EN TORNO A LAS UNIVERSIDADES EMPRENDEDORAS: EDUCACIÓN, VINCULACIÓN, DESARROLLO Y REFORMULACIONES

Coordinadores: Ángel Rosales Torres y Ricardo Contreras Soto

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VI.- A MODO DE ILUSTRACIÓN: EXPERIENCIA DE UN PROGRAMA DE POSGRADO EN MÉXICO

Particularidades del programa

Después de dos años del proceso de gestación y formalización, el programa de Maestría en Gestión Estratégica del Desarrollo (MAGED) inició el curso propedéutico en noviembre de 2001, y el primer semestre en febrero de 2002 con diez estudiantes. El programa se desarrolla desde la Facultad de Economía de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (UMSNH) ubicada en la ciudad de Morelia, estado de Michoacán, al centro-occidente de México. Tiene una duración de cuatro semestres y se imparte bajo la modalidad de exigencia de tiempo completo, en virtud de lo cual el alumno recibe una beca mensual. En septiembre de 2004, comenzó la tercera generación con siete estudiantes (la segunda y cuarta generación con ocho y trece, respectivamente), y en septiembre de 2006, la quinta generación inició con diez estudiantes y se prevé abrir convocatoria por generaciones en períodos subsecuentes.

Con la experiencia adquirida, la conformación de la planta académica (un total de doce profesores – investigadores de tiempo completo ) y el trabajo colectivo de profesores y estudiantes, se ha precisado la orientación del programa de maestría hacia el desarrollo local. En virtud de lo cual desde septiembre de 2006, cambió su denominación a Maestría en Desarrollo Local (MADEL), tratando de convertirla en un espacio de análisis y discusión acerca de los actores claves del desarrollo local/regional: las empresas, la ciudadanía, el gobierno municipal y los otros niveles de gobierno, así como las interrelaciones que se establecen entre ellos .

Estos cambios se adoptan a partir de tres constataciones:

Primera: Hacia los años ochenta, después del agotamiento de los modelos de desarrollo económico, el avance del neoliberalismo y los efectos de la globalización, se desplegaron una diversidad de respuestas que impulsaron procesos originales de desarrollo en ámbitos locales, basados en consensos ciudadanos, brindando nuevos horizontes que han permitido la gestión de la organización de la producción de modo más eficiente en términos sociales. En ello han concluido los avances en las teorías del desarrollo regional y del desarrollo endógeno, los avances de la teoría de la firma y los mercados imperfectos con una visión evolucionista e institucional, así como los aportes en gestión, planeación estratégica y gobernabilidad local.

Segunda: A partir de la experiencia internacional, se evidencia que el desarrollo local/regional es el resultado de las acciones concretas de los actores locales, de las condiciones productivas y sociales básicas, de los patrones industriales y de la formas organizacionales, administrativas e institucionales, y;

Tercera: La globalización, además de sus múltiples efectos sobre las economías nacionales, ha revitalizado el interés y la preocupación por las economías locales. Ciertamente la competencia global se desarrolla entre compañías con operaciones mundiales; pero que tienen una localización muy específica en una región, zona geográfica o en una ciudad en particular. Esto exige cambiar el sentido de las políticas de desarrollo y de las políticas económicas, en particular las que se programan y ponen en práctica en el ámbito local.

En esta óptica, el programa MADEL pretende constituirse en una alternativa de posgrado en la región centro-occidente y en el país, que enfatice en la formación de investigadores especialistas en el análisis, elaboración de alternativas y promoción del desarrollo local con perspectiva integral e interdisciplinar.

La puesta en práctica de un programa de maestría como la MADEL, requiere transformar ciertas funciones, así como los arreglos institucionales de la universidad pública que hoy prevalecen, es decir se requiere avanzar hacia una nueva institucionalidad, (Cazés, et. al., 2000: 209), temas sobre los cuales discutimos en secciones precedentes, y que en esta sección precisamos desde la experiencia de ese programa.

Aquí cabe preguntarse acerca de las tendencias de transformación de la universidad para los próximos treinta años. Según lo imagina Patricia Nicholson (2003: 285-288), hay dos vías de transformación: “universidad empresa” y “universidad comunitaria”.

Los graduados de la “universidad empresa” se encuentran principalmente en los campos técnicos tales como ingeniería de ordenadores e investigación médica. En este caso el propósito básico de la universidad debe ser una institución dedicada a intensificar el conocimiento de la sociedad a través de la exploración del ámbito físico. La colaboración con las grandes empresas adquiere enorme importancia y los ingresos universitarios proceden cada vez más de asociaciones y aventuras empresariales conjuntas realizadas con otras instituciones y empresas. Puesto que la educación de la fuerza de trabajo pasa a convertirse en el principal valor para la institución, cada vez se pone un menor énfasis en la concesión de títulos y un mayor énfasis en premiar las licencias para el ejercicio de la práctica. La combinación entre conveniencia de enseñanza, eficiencia de la investigación facilitada por internet y la inyección de recursos por parte de patrocinadores comerciales, lleva a la universidad empresa a convertirse en una red de aprendizaje avanzado.

Por su parte, los graduados de la “universidad comunitaria” son principalmente políticos, asistentes sociales, embajadores y profesores. Al reconocer sus fortalezas curriculares, su misión como universidad resalta el papel que juega en la exploración del ámbito político y el efecto que tienen los seres humanos sobre el planeta. Son muy apreciadas las titulaciones en ciencias medioambientales, política pública, psicología y derecho. Sus ingresos son crecientemente provenientes del sector público. La financiación gubernamental (que previamente se entregaba en forma de ayuda financiera y becas para los estudiantes) se empieza a entregar cada vez más en forma de subvenciones por trabajos comunitarios. La mayor parte de esas subvenciones no están destinadas a la investigación, sino al establecimiento de programas que tengan características de agenda social. La universidad empieza a desarrollar asociaciones formales con organismos gubernamentales y sin afán de lucro para llevar a cabo su misión.

Respecto a esta imagen hay evidencias empíricas que la pueden sustentar, no obstante nosotros preferimos imaginar una simbiosis creativa de las fortalezas de los dos tipos de universidad para el caso de la universidad pública mexicana con capacidad para interactuar con los agentes públicos y privados empresariales y con fuentes de financiamiento diversas, para cumplir un papel estratégico y constructor de consensos en el proceso incluyente de desarrollo local.

En ese sentido, estamos convencidos que hay tres actores sociales que en México pueden constituirse en los principales animadores y promotores del desarrollo local: los empresarios, los gobiernos y la universidad. Acerca de los roles de esta última discutimos en la sección anterior. Aquí reflexionamos sobre las acciones y compromisos de empresarios y los diversos niveles de gobierno

Se parte de la idea que, en el proceso de desarrollo local, es bastante crucial el propio papel de las organizaciones privadas, en especial los propios empresarios, debido no sólo a que su función económica es condición necesaria para alcanzar los objetivos propuestos, sino también porque los instrumentos para el desarrollo local serán eficaces si son asumidos por ellos mismos.

Ha de tenerse en cuenta que es en el sector privado donde se hallan la mayor parte de los capitales disponibles de manera que la comunidad local, a través de las autoridades municipales, debe intentar influir sobre la utilización de esos capitales para fortalecer la capacidad de crecimiento económico y de creación de empresas a nivel local.

En este contexto, las empresas, y especialmente las pequeñas y medianas empresas, son decisivas para el desarrollo local. Ellas estimulan una localidad o región, le dan una densidad, una estructura, una dinámica en base a su capacidad para crear empleo, innovar, diversificar y modernizar la economía local y adaptarse de forma flexible y creativa a los cambios (ILPES, 1998: 108).

Sin la iniciativa y la inversión privada, el sector público local, estatal o federal difícilmente puede convertirse en motor de nuevos proyectos porque la puesta en marcha de los programas de desarrollo para un sector o área concretos sólo en parte puede ser realizada por la administración pública. De ahí que frecuentemente se piense en proyectos conjuntos a través de empresas mixtas o esquemas de coinversiones. Entonces esquemas de colaboración entre el sector público y la comunidad empresarial deben ser la pauta para el logro del desarrollo local (Silva, 2002: 8).

En esta perspectiva, la mayoría de los empresarios no debe pensar sólo en su propio beneficio sino en su capacidad de crear empleos y en asumir una responsabilidad social en la comunidad local. Este mayor interés por el ámbito local debe basarse en el hecho de que las decisiones tomadas a nivel municipal tienen un apreciable y más cercano impacto en la propia actividad empresarial, y por tanto, deben sentir una mayor necesidad de participar en el proceso.

Frecuentemente se observa en México que los pequeños empresarios tienden a instalarse allí donde viven, favoreciendo con ello un mayor desarrollo de su zona. Este hecho ha facilitado la expansión y la diversificación de las economías locales, y se potencia más si existe el apoyo de instituciones públicas u organismos no gubernamentales destinados a ayudar a los empresarios, por lo menos durante los primeros años de existencia de su empresa. En este mismo sentido, muchas autoridades locales han contribuído al asentamiento de este tipo de iniciativas a través de políticas dirigidas a la formación de las personas interesadas o mediante medidas de apoyo (económicas, de asistencia técnica y de infraestructura) a la creación de nuevas empresas.

Al nivel local, también resulta sumamente interesante contar con un sector empresarial que se distinga por su capacidad de dar respuesta ante las nuevas oportunidades, que favorezca la introducción de nuevas tecnologías y su aplicación en las empresas existentes. La existencia de este tipo de empresario responde en parte a la tradición empresarial que haya existido anteriormente; pero aún en el caso de que no se contara con los antecedentes previos, una de las posibilidades para obtenerlo es procurar la proximidad de un entorno de formación relacionado con la empresa y la disponibilidad de una mano de obra calificada.

En este marco se inscribe el programa MADEL que procura fomentar entre sus alumnos este nuevo espíritu empresarial y la preocupación por el desarrollo empresarial como base del desarrollo local que aprovecha las potencialidades endógenas y las condiciones del contexto regional, nacional e internacional.

Por otro lado, en México, si el Gobierno Federal debe cumplir un papel promotor de la economía nacional, el gobierno municipal lo debe hacer en la economía local. Específicamente, las presidencias municipales deben constituirse en el mecanismo de fomento y apoyo de cadenas productivas y de redes empresariales que eleven la productividad y competitividad de la región, de modo que se generen más ingresos públicos y privados, se organice una lucha focalizada contra la pobreza y se mejore efectivamente la vida cotidiana de la mayoría de los pobladores.

Puede decirse que el ayuntamiento es el órgano de gobierno local, mientras que el municipio es la suma de elementos que forman el espacio local: sus familias y habitantes, las riquezas y potencialidades del territorio y el gobierno local.

En esta perspectiva, la presidencia municipal en lugar de convertirse en empresaria o productora de bienes, debe revalorar la iniciativa privada y los esfuerzos por crear micros y pequeñas empresas que es lo que más abunda en el espacio local. Así, debe aceptar el desafío de potenciar los recursos humanos y productivos de su entorno, para facilitar mayores oportunidades de generación de riqueza y empleo en el espacio local y promover un desarrollo económico local sustentable.

Lo anterior, iría creando lo que se puede denominar municipio productivo (Chauca, 2002:11-12). Éste es ideal para reactivar al municipio rural y superar el marco del clásico ayuntamiento dedicado a la limpieza y a los servicios básicos del entorno. Debe canalizar créditos, asistencia técnica y capacitación productiva, financiera y empresarial. Debe proveer flujos de información, sistemas de mercadeo y procesos de extensión tecnológica. Debe contribuir a identificar proyectos productivos locales, fuentes de crédito e inversión y estrategias para fortalecer capacidades y oportunidades y podría convertirse en sujeto de crédito internacional.

En suma, el municipio productivo debe convertir al espacio local en un entorno de oportunidades para los ciudadanos, que conjugue la preservación del medio ambiente, la seguridad alimentaria y el acceso a servicios básicos con fondos de inversión para proyectos, espacios de concertación interlocal, crear infraestructura para la comercialización de productos, caminos, puentes, ferias, etcétera .

Vale la pena precisar que las posibilidades de acción que pueden desarrollar los ayuntamientos para fomentar la actividad empresarial y el empleo local, pueden dividirse en tres grandes categorías :

1.- Actividades que afectan a la oferta de los factores necesarios o favorables al establecimiento y expansión de las nuevas empresas: Promoción inmobiliaria, ayuda financiera, estímulo de las capacidades locales mediante una oferta formativa y educativa orientada principalmente a los grupos más desfavorecidos en el mercado de trabajo, formación para la gestión empresarial, asistencia técnica e información actualizada y profunda sobre mercados, proveedores, disponibilidad de capital y otros recursos.

2.- Actividades que ayudan a la creación o identificación de oportunidades de mercado para las empresas: Compras y contrataciones públicas, desarrollo de empresas locales donde se haya detectado recursos ociosos y promoción de nuevas instituciones o empresas privadas.

3.- Actividades que ayudan a la creación del ambiente necesario para el buen desarrollo de las empresas: Promoción de una cultura empresarial favorable al autoempleo, animación socio – cultural para transformar las ideas en realizaciones concretas, y mejora de la flexibilidad y la accesibilidad administrativa de las organizaciones públicas locales ante las empresas de la zona.

En definitiva, las tareas a realizar por los gobiernos locales son el diseño de los programas y actuaciones necesarias para potenciar un desarrollo lo más armónico posible de la comunidad local; la identificación de las potencialidades de desarrollo endógeno y su integración en los programas regionales y nacionales de desarrollo; el apoyo a los proyectos e iniciativas locales para la puesta en marcha de los servicios públicos apropiados; la estructuración de los intercambios entre los empresarios locales, las instituciones educativas, científicas o financieras y las otras administraciones y autoridades públicas; la identificación y formación de los empresarios potenciales; y la organización de lo local mediante la creación de servicios de comercialización y exportación de los productos locales. Todo ello además de las acciones tradicionales de carácter asistencial y de planificación urbana.

Pensamos que el programa MADEL puede contribuir a la formación de recursos humanos especializados que posean esos conocimientos, habilidades y actitudes de animadores del desarrollo local.