EN TORNO A LAS UNIVERSIDADES EMPRENDEDORAS: EDUCACIÓN, VINCULACIÓN, DESARROLLO Y REFORMULACIONES

EN TORNO A LAS UNIVERSIDADES EMPRENDEDORAS: EDUCACIÓN, VINCULACIÓN, DESARROLLO Y REFORMULACIONES

Coordinadores: Ángel Rosales Torres y Ricardo Contreras Soto

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II.- Desarrollo local y sus principales animadores

Sin duda la globalización ha provocado profundas reestructuraciones productivas, tecnológicas, organizativas, sociales e institucionales en las sociedades contemporáneas. Las nuevas tecnologías de información y comunicación han trastocado las relaciones entre estados – nación, entre organizaciones de diversa índole y entre los individuos. Parece claro que en la “sociedad de la información lo global condiciona lo local y los flujos electrónicos estructuran la economía a partir de relaciones entre unidades espacialmente distantes” (Borja – Castells, 2002:12).

Pero, la globalización además de sus múltiples efectos sobre las economías nacionales, ha revitalizado el interés y la preocupación por las economías locales. Cierto es que la competencia global se desarrolla entre compañías con operaciones mundiales; pero que tienen una localización muy específica en una región, zona geográfica o en una ciudad en particular (Porter, 1999:57). Esto exige cambiar el sentido de las políticas de desarrollo y de las políticas económicas, en particular las que se programan y ponen en práctica en el ámbito local.

Por otra parte, en estas circunstancias sirve muy poco pensar en el espacio en términos de distancia o costos de producción, puesto que lo esencial es determinar cómo introducir innovaciones tecnológicas, organizativas y sociales en el tejido productivo y empresarial.

Para lograrlo es necesario definir las nuevas formas de actuación del conjunto de las administraciones públicas, las cuales deben estimular el avance productivo y la concertación estratégica de los actores económicos, sociales y políticos con el objeto de lograr el desarrollo en el ámbito territorial.

En ese sentido, resulta obligado razonar respecto de los “territorios socialmente organizados” (Alburquerque, 1998:77), pensados en función de sus capacidades para materializar esos avances e innovaciones y para generar sinergias positivas entre los actores, en especial empresariales.

En esa perspectiva, interesa relevar el concepto de espacio no sólo en su dimensión geográfica sino sobre todo su carácter de construcción social. Es decir, el concepto de espacio en su dimensión socio-histórica, que implica la heterogeneidad y complejidad de sus características medioambientales específicas, del perfil de los actores sociales y su capacidad de movilización en torno a estrategias y proyectos diversos, así como la existencia y acceso a los recursos estratégicos para el desarrollo productivo y empresarial.

En este orden de ideas, el desarrollo productivo no sólo depende de directrices e intervenciones del Estado, sino cada vez más de las actividades empresariales privadas o de otros actores de la sociedad civil (por ejemplo, la universidad pública). De ahí que lo vital es que la ciudad, la localidad o la provincia tengan no sólo un gobierno, sino también una serie de agentes que orienten su desarrollo.

Asimismo, debe resaltarse que el logro de la productividad y la competitividad de las empresas privadas es una “función sistémica” (Altenburg – Messner, 2002:8) de todo un conjunto de actividades que costea la sociedad: las educativas y de capacitación de los recursos humanos; las de salud, higiene y vivienda; las de una adecuada resolución de conflictos en el sistema judicial; y sobre todo, las destinadas a garantizar la existencia de los recursos y servicios estratégicos avanzados de la producción en las tres áreas claves de información, capacitación y acceso al financiamiento.

Lo anterior significa que las administraciones públicas territoriales deben intervenir decisivamente en la planeación de las estrategias de desarrollo, aunque diferentes son los contenidos, instrumentos, actores y enfoques de dicho proceso. Vale decir, la intervención pública en sus distintos niveles debe promover una visión estratégica y participativa, encaminada esencialmente a crear los lugares de concertación necesarios entre los diferentes actores sociales y generar un logro común: “el desarrollo económicamente viable, socialmente justo, ecológicamente sostenible y regionalmente equilibrado” (Cezar – Akio, 2002:171).

Todo ello lleva a relevar el papel de la universidad pública en la formación y capacitación de recursos humanos para que desplieguen esfuerzos, conocimientos, habilidades y actitudes acordes con el nuevo paradigma de desarrollo local y con las exigencias de la globalización, y que pueden ser utilizados en esos distintos ámbitos y aspectos de las administraciones públicas, de las organizaciones empresariales, y de las organizaciones civiles y ciudadanas.