LA EDUCACIÓN JURÍDICA AMBIENTAL EN LA EDUCACIÓN AMBIENTAL PARA EL MIZC. 
PROPUESTAS Y CONSIDERACIONES GENERALES

LA EDUCACIÓN JURÍDICA AMBIENTAL EN LA EDUCACIÓN AMBIENTAL PARA EL MIZC. PROPUESTAS Y CONSIDERACIONES GENERALES

Aylí Díaz Bacallao

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1.3 La educación ambiental como instrumento de gestión para el MIZC

Es innegable que el origen principal de la problemática ambiental lo encontramos en la conducta humana. La falta de información, conciencia y capacidad, se constituyen en las principales causales de la inadecuada respuesta social.

No se debe entonces sucumbir a la lógica del progreso a toda costa, y si bien se deben defender los recursos naturales, será para considerar su uso y aprovechamiento en el marco de un proceso de desarrollo que garantice también la disponibilidad de los mismos a las generaciones futuras. Existen varias formas de llevar a cabo esa defensa; un medio fundamental, entre otros, es la educación ambiental.

Los signos de la formación de una conciencia sobre la necesidad de proteger la Naturaleza; y con ello la preocupación por desarrollar acciones educativas con este propósito, empiezan a aparecer en la misma medida que crece el impacto de la civilización humana sobre el Medio Ambiente y que la problemática ambiental fue haciéndose cada vez más perceptible. Así nace el término educación ambiental, de lo cual los primeros indicios de los que se tienen información aparecen en la década del 40 en Europa. (Novo, 2001)

El concepto de educación ambiental ha ido evolucionando en la misma medida que lo ha hecho el de medio ambiente y el de desarrollo aunque no con la misma celeridad. De esta manera el concepto de educación ambiental ha ido adecuándose al desarrollo del pensamiento ambiental desde una educación orientada a -la preservación de la Naturaleza (década del 60), a -la protección del Medio Ambiente , y más recientemente al desarrollo sostenible.

De hecho, una cuestión que pasa a un primer plano después de la Conferencia de Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo, celebrada en Río de Janeiro en 1992, es la relación medio ambiente-desarrollo, a partir de lo cual la educación ambiental adquiere una nueva dimensión y adecuación temática y conceptual.

En el documento preparatorio del Programa 21 sobre Educación, Capacitación y toma de Conciencia se plantea: “Una prioridad mayor es la reorientación de la Educación hacia el desarrollo sostenible, mediante el mejoramiento de la capacidad de cada país para plantear cuestiones del medio ambiente y el desarrollo en sus programas educativos...”. (ONU, 1992.)

Incluso en la propia Agenda 21, en su capítulo 36, párrafo 36.3, se considera que la “Educación Ambiental es de importancia crítica para promover el desarrollo sostenible y aumentar la capacidad de las poblaciones para abordar cuestiones ambientales y de desarrollo…” (CNUMAD, 1992)

La tendencia actual de algunas regiones y países -no hay unanimidad mundial-, es reorientar la educación ambiental hacia una educación para el desarrollo sostenible.

La política cubana no está ajena a esta tendencia, de hecho en la Ley 81/97 del Medio Ambiente de la República de Cuba en su capítulo 8 concepto no. 10 se define a la Educación Ambiental como, “… un proceso continuo y permanente que constituye una dimensión de la educación integral, orientada a que en el proceso de construcción y producción de conocimientos, de desarrollo de hábitos, habilidades, y actitudes, así como en la formación de valores, se armonicen las relaciones entre los seres humanos, y de ellos con el resto de la sociedad y la Naturaleza, para propiciar la orientación de los procesos económicos, sociales y culturales hacia el desarrollo sostenible”(Ley 81, 1997)

A los efectos de esta investigación se asumirá este concepto pues expresa el proceso con un carácter de continuidad a través de toda la vida del individuo. Además lleva implícito la proyección pasado- presente-futuro y se proyecta al sujeto individual, al sujeto colectivo (grupos sociales) y a la sociedad. Se declara como dimensión y considera procesos integrados entre sí, no acciones aisladas o paralelas al sistema educativo, de manera que sea posible producir cambios en la personalidad del sujeto con una orientación definida hacia el mejoramiento de las relaciones entre el hombre la sociedad y la Naturaleza, como condición para reorientar los procesos económicos, sociales y culturales hacia el desarrollo sostenible.

El propósito de la educación ambiental, en cualquiera de las tres vías en que ella pueda desarrollarse , es reconstruir las relaciones de las personas y de los grupos sociales con su medio de vida así como con el medio ambiente global.

Ella es esencial para el desarrollo de sociedades responsables. Permite la producción y la difusión de saberes críticos, favorece el desarrollo de competencias éticas y estratégicas, estimula, orienta y sostiene la acción ambiental, como también se alimenta de esta última, para contribuir a la resolución de los problemas socio-ambientales contemporáneos y a la construcción de un mundo que favorezca la calidad de ser de las personas, de los grupos sociales y de las otras formas de vida relacionadas entre si. (Sauvé, 1998)

La actividad de educación que se desarrolle, debe reconocer permanentemente la existencia de experiencias adquiridas de amplia validez para el educando, comprobada en las acciones de su vida, de esa experiencia debe partir la educación para fundamentar su acción y contenido, ello implica que el proceso de comunicación que se establece debe darse en todas las direcciones necesarias.

Las acciones educativas, deben expresarse de diversas formas y en todo tipo de actividades. Las acciones educativas son susceptibles de reproducirse siempre que vivan juntas dos o más personas en cualquier tipo de sociedad organizada. (Belmed, 1967)

Un componente estratégico del proceso para el desarrollo sostenible, y que se vincula estrechamente al avance de las investigaciones científicas, lo constituye la educación y la concientización pública en asuntos relacionados con el medio ambiente y los recursos marinos y costeros. De lo que se trata es de una educación que no sólo contribuya al incremento de la cultura ambiental de la sociedad y de sus individuos, sino que logre un amplio espíritu de participación de los ciudadanos en la definición, gestión y solución de los problemas ambientales que les rodean. En este sentido es preciso tener en cuenta que:

 Su propósito esencial será transformar de manera positiva la actitud colectiva e individual de los ciudadanos hacia su entorno, convirtiéndolos en factores activos del proceso de implementación, desarrollo, evaluación y perfeccionamiento del MIZC.

La educación para el desarrollo sostenible, para la protección del medio ambiente, se justificará en la medida que se conciba como la integración de procesos por medio de los cuales una comunidad o grupo social, grande o pequeño, trasmite sus poderes y fines adquiridos con la idea primordial de garantizar su propia existencia y su desarrollo continuo, tanto como la existencia y desarrollo de las generaciones que le sigan.

La participación de los actores sociales en su sentido más integral no es solo como respuesta a una movilización convocada, sino como intervención activa en todo el proceso de desarrollo social, desde la identificación de los problemas y necesidades, hasta la consecuente definición y formulación de políticas.

El MIZC presupone la incorporación de todos los actores sociales que coexistentes en la zona costera, en todos los procesos (Gestión, planeación y ejecución de acciones) que se dan en el área costera, pero ¿Están preparados esos actores sociales para el MIZC?

Según Miranda (haciendo referencia a uno de los actores sociales que se han identificado) las comunidades costeras no están preparadas para participar con este enfoque porque, tradicionalmente, por intereses económicos y clasistas, han quedado excluidas del mismo. Es por ello que, incorporar a la comunidad en todo este proceso, adquiere gran relevancia desde la participación pública en su carácter democrático, y demanda para ello de un trabajo previo de educación ambiental. (Miranda, 2002)

La educación ambiental en los términos que se han manejado y proyectado, se vislumbra como uno de los recursos fundamentales a los que habrá de echarse mano en cuanto se quiera llevar adelante un adecuado proceso de MIZC. Una vez que los ciudadanos estén más capacitados para la participación en la toma de decisiones y en la solución de los problemas locales, contribuirán a mejorar las condiciones de su medio ambiente natural y psicosocial, transitando hacia modos de vida más sanos.