LA TRANSFORMACIÓN DE LAS CONCEPCIONES SOBRE EL PROCESO DE DESARROLLO EN LAS POLÍTICAS PÚBLICAS MEXICANAS

LA TRANSFORMACIÓN DE LAS CONCEPCIONES SOBRE EL PROCESO DE DESARROLLO EN LAS POLÍTICAS PÚBLICAS MEXICANAS

Isaac Enríquez Pérez

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1.3.- Las teorías de la dependencia y el subdesarrollo latinoamericano como resultado de la expansión del capitalismo.

Las anteriores perspectivas sobre el desarrollo crearon una inconsistencia práctica y política al no concretarse las pretensiones de transitar a una sociedad nacional independiente y de superar el retraso científico, tecnológico y cultural de la región latinoamericana. Ello se evidenció en lo siguiente: hacia la segunda mitad de la década de los sesenta el modelo de desarrollo hacia dentro basado en la industrialización para la sustitución de las importaciones y en el control del empresariado extranjero sobre la planta productiva estaban derivando en una mayor dependencia respecto al comercio exterior y en la extranjerización de la toma de decisiones relativas a la economía nacional. Además, si bien las elites nacionales se erosionaron económicamente ante la presencia de los inversionistas extranjeros, en lo político seguían manteniendo un autoritarismo que impedía la democratización de los países latinoamericanos. Más aún, las promesas de una mayor redistribución del ingreso y del tránsito hacia una sociedad de consumo se vieron frustradas (Dos Santos, 1984).

Como consecuencia de estos problemas y tensiones se gestó el concepto de dependencia para tratar de explicar por qué América Latina no se había desarrollado de la misma manera que los países desarrollados. Buena cantidad de académicos marxistas comenzaron la explicación de este hecho argumentando que el desarrollo latinoamericano está condicionado por ciertas relaciones internacionales que son definibles como relaciones de dependencia; situación ésta que somete al desarrollo de la región a ciertas leyes específicas que lo califican y definen como un desarrollo dependiente (Ibidem:173).

Dos Santos caracterizó a la dependencia como una situación condicionante, es decir, se le concibió como una situación en que un cierto grupo de países tienen su economía condicionada por el desarrollo y la expansión de otra economía. El concepto consideró también que la relación de interdependencia entre dos o más economías, y entre éstas y el comercio mundial, asume la forma de dependencia cuando algunos países (los dominantes) pueden expandirse y autoimpulsarse, en tanto que otros (los dependientes) sólo lo pueden hacer como reflejo de esa expansión, que puede actuar positiva o negativamente sobre su desarrollo inmediato; y se concluye argumentando que la situación básica de dependencia conduce a una situación en que los países dependientes son situados en un retraso y bajo la explotación de los países dominantes (Ibidem:180). Se argumentó también que la dependencia condiciona una cierta estructura interna que la redefine en función de las posibilidades estructurales de las distintas economías nacionales (Ibidem:183).

En la perspectiva del desarrollo dependiente asociado elaborada por Fernando Henrique Cardoso y Enzo Faletto se piensa al desarrollo como un proceso social que aun en sus aspectos puramente económicos se transparenta la trama de relaciones sociales subyacentes; mientras a la dependencia de la situación de subdesarrollo se define como una forma de dominación que se manifiesta por una serie de características en el modo de actuación y en la orientación de los grupos que en el sistema económico aparecen como productores o como consumidores, lo cual supone que las decisiones que afectan a la producción o al consumo de una economía se toman en función de la dinámica y de los intereses de las economías desarrolladas (Cardoso y Faletto, 1987:24). A diferencia de los autores dependentistas que enfatizan la hipótesis de el desarrollo del subdesarrollo al argumentar la exclusión de toda posibilidad de desarrollo en América Latina mientras exista la dependencia y en tanto no se realice la revolución socialista como único camino para superar las condiciones de subdesarrollo (Frank, 1966 y 1987; Marini, 1969), esta perspectiva –en especial en reflexiones esbozadas por Cardoso (1972)– sí considera que en los países dependientes es posible la aparición de algunas formas de desarrollo capitalista y de ciertos procesos de industrialización que son nuevas expresiones de la expansión monopolista en la periferia dirigida por las elites locales articuladas a los mercados internacionales.

Paralelamente a estas formulaciones, otros autores como Ruy Mauro Marini (1991) con la idea de generar una teoría marxista de la dependencia define a este concepto identificando su fundamento en la superexplotación del trabajador que se desenvuelve sobre la base de la vinculación de la economía latinoamericana con la economía mundial, resaltando que la especificidad de esta teoría consiste en determinar la legalidad específica por la que se rige la economía dependiente que se presenta como la condición necesaria del capitalismo mundial, lo cual supone plantear su estudio en el contexto más amplio de las leyes de desarrollo del sistema en su conjunto y definir los grados intermedios mediante los cuales esas leyes se van especificando. Se argumenta que sólo así la simultaneidad de la dependencia y del desarrollo podrá ser realmente entendida (Marini, 1991:99).

De esta forma se gestan las teorías de la dependencia que ponen su énfasis en el análisis del subdesarrollo latinoamericano a partir de la relación y vinculación de la región con la economía mundial tomando en cuenta los factores internos de los países (Cardoso y Faletto, 1987; Dos Santos, 1984 y 2002; Enríquez Pérez, 2002d).

Como el capitalismo latinoamericano manifiesta una dinámica sui generis que se distingue de la adoptada por los países desarrollados, pero que al estar ambas estructuralmente entrelazadas y complementadas, estas teorías llevan a sugerir que el subdesarrollo no es un estado atrasado y anterior al capitalismo sino una consecuencia de él y una forma particular de su desarrollo: el capitalismo dependiente (Dos Santos, 1984:180). Para las vertientes críticas, tanto el desarrollo como el subdesarrollo son aspectos diferenciados de un mismo proceso consistente en la expansión mundial del capitalismo; por lo que, más que aspirar al logro de las condiciones propias de las sociedades desarrolladas, lo que ocurre es una agudización del subdesarrollo con sus respectivos islotes industrializados y modernizados inmersos en las turbulencias del atraso y la marginación.

En una vertiente teórica como la elaborada por Helio Jaguaribe se expresa que el desarrollo de los países latinoamericanos exige rebasar las perspectivas economicistas y plantear el problema a partir del mejoramiento de la racionalidad social más que a partir del aprovechamiento y empleo de los recursos y factores productivos; lo cual entraña para este autor: “a) el despliegue de una cultura racional, científico-tecnológica, fundada en una ética de libertad y en un humanismo social, b) el establecimiento de un régimen equitativo de participación, que torne funcionales y meritocráticas las relaciones entre las masas y las élites y ofrezca amplias oportunidades de calificación y acceso, c) los requisitos usuales de formación y acumulación de capital y mejoramiento del empleo de recursos y factores, y d) la instauración y preservación de un régimen político dotado de efectiva representatividad y de eficaz utilidad” (Jaguaribe, 1984:65 y 66), todo ello –exponía éste mismo autor– impulsado a partir de la autonomía nacional y regional en la toma de decisiones.

En la interpretación sociológica de la dependencia, Fernando Henrique Cardoso y Enzo Faletto, al referirse a la fase sustitutiva de importaciones, señalan que con la penetración de las empresas multinacionales en América Latina, se requiere de un aparato de Estado capaz de ordenar el espacio económico y de proporcionarles los supuestos para la acumulación. El aparato de Estado se fortalece y pasa a asumir y ejercer funciones de reglamentación y producción, y ante la presión de las clases dominadas que pugnan por un reordenamiento radical, el gobierno que ejerce funciones empresariales y de regulación se militariza, volviéndose más fuerte y autocrático. Al permitir la acumulación internacional y realizar la acumulación local, el aparato de Estado empresarial-represivo se separa de la nación y de su base social, siendo esto la contradicción específica del desarrollo dependiente latinoamericano. La lucha política en torno a este aparato de Estado resume lo esencial de la forma de dependencia, esto es, el estilo de desarrollo y de sociedades alternativas dependen de la resolución del problema del Estado (Cardoso y Faletto, 1987:206). Además, estos autores plantean que para definir un tipo alternativo de Estado es necesario saber qué rumbos tomará el proceso de lo que denominan “democratización sustantiva” para permitir que la primacía de lo nacional y popular se afirme y para que un modelo alternativo se esboce libre de los rasgos de burocratismo y de autocratismo; y preguntarse cuáles son los límites entre la necesidad de organización y la vitalidad del comportamiento espontáneo de las masas (Ibidem:210).

Estos mismos autores señalan que el desarrollo dependiente se genera por las fricciones, acuerdos y alianzas entre el aparato de Estado y las empresas, además porque ambos adoptan políticas que forman mercados basados en la concentración del ingreso y en la exclusión social de las mayorías. Plantean que la peculiaridad específica y distintiva del aparato de Estado, en cuanto relación política fundamental, consiste en manifestar una situación de dominio y, por tanto, en expresar los intereses de las clases dominantes y la capacidad que ellas poseen para imponerse a las clases subalternas; esta relación de parcialidad o dominio de una parte sobre el resto tiene que simular y presentarse contradictoriamente ante la conciencia nacional como si fuese la expresión de un interés general (Ibidem:203). Para ambos sociólogos, la ideología de este tipo de aparato de Estado es el desarrollismo que contiene metas explícitas de crecimiento económico y de grandeza nacional, con una profunda justificación de la explotación de los trabajadores tras el argumento de que “por el momento es preciso apretarse los cinturones para que en el futuro se redistribuyan los frutos del crecimiento de la economía”. Señalan también que la esfera política del comportamiento social influye en las expresiones del proceso de desarrollo. En suma, piensan que la acción del aparato de Estado no sólo se limita a sus funciones económicas, sino que también se extiende a las formas en que se expresa como instrumento de dominación.

Pese a los avances teóricos mostrados en estas perspectivas, surgieron una serie de limitaciones que impidieron la continuación de este debate: a) el no lograr articular una economía política de la dependencia, lo que a su vez implicó la ausencia de la formulación de leyes económicas que diesen cuenta de las especificidades del capitalismo dependiente, esto es entendible si se piensa en la procedencia disciplinaria de muchos de sus teóricos (Osorio, 1995); ello también fue impulsado por b) la ausencia de análisis que brindasen la explicación de estas especificidades; c) la incapacidad y la falta de consenso para articular una propuesta teórico/política para alcanzar el desarrollo dentro del modo de producción capitalista mientras no se trascienda a otro como el socialista; d) la ausencia de análisis que abordasen problemáticas específicas –tales como los derechos humanos, la ciudadanía, la cultura política, la naturaleza de las políticas públicas, las dimensiones macroeconómicas del desarrollo, etc.– de la región latinoamericana; e) el abandono de la agenda de investigación por parte de muchos de sus precursores y exponentes ante el surgimiento de objetos de estudio diversificados que apuntaron a una institucionalización de temáticas como la democratización política de la región y la nueva caracterización del Estado latinoamericano asediado por la proliferación de los golpes de Estado encabezados por los militares; y f) factores políticos como la instauración de los Estados Contrainsurgentes en el cono sur que desplazaron de sus países y centros de estudio a muchos teóricos de la dependencia, así como la avanzada de la economía neoclásica inspirada en el monetarismo; y por último, el desmoronamiento de la Unión Soviética y de las expresiones del modo de producción estatista con economías centralmente planificadas (Enríquez Pérez, 2002d).