LA TRANSFORMACIÓN DE LAS CONCEPCIONES SOBRE EL PROCESO DE DESARROLLO EN LAS POLÍTICAS PÚBLICAS MEXICANAS

LA TRANSFORMACIÓN DE LAS CONCEPCIONES SOBRE EL PROCESO DE DESARROLLO EN LAS POLÍTICAS PÚBLICAS MEXICANAS

Isaac Enríquez Pérez

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3.- El sistema de manufactura flexible y la expansión e integración global del capitalismo.

Las nuevas formas de estructurar el proceso productivo y de organizar las empresas, generalizadas en los países desarrollados desde la década de los setenta y exportadas a regiones como la latinoamericana hacia los años ochenta, fundan su racionalidad en decisiones de corte geoestratégico orientadas a la reconstrucción de mercados.

De la gran corporación centralizada y verticalmente integrada, con las innovaciones organizacionales japonesas, se transitó a la articulación de redes empresariales y se generó una nueva división técnica del trabajo que privilegia, por encima de la producción de altos volúmenes de bienes y servicios, la producción de alto valor sustentada en la manipulación simbólica y del conocimiento aplicado al proceso productivo para satisfacer, eficiente y oportunamente, las necesidades específicas de los clientes a través de las múltiples e interdependientes unidades y subunidades dispersas y descentralizadas que se encuentran unidas a otras tantas corporaciones –también descentralizadas– que se desplazan por todo el mundo (Reich, 1993).

De lo anterior, se desprende un nuevo patrón de acumulación que se puede denominar de la manufactura flexible, con el cual las mercancías ya no son producidas en una sola unidad productiva centralizada, sino que más bien, los productos finales son combinaciones internacionales de insumos generados con la fragmentación y transferencia global de la cadena de valor agregado. La incorporación y ensamble de insumos producidos en múltiples latitudes del mundo por variadas empresas responden a mercados y clientes con exigencias específicas y que requieren una producción de alto volumen, flexible, personalizada y con excelentes estándares de calidad.

Este sistema de manufactura flexible, que es la expresión organizativa del capitalismo contemporáneo, se manifiesta en alianzas estratégicas y en la cooperación, a partir de proyectos específicos, entre grandes empresas, unidades descentralizadas de cada una de ellas y redes de pequeñas y medianas empresas, que aún sin ser propiedad de la corporación matriz, interactúan y se integran entre sí o, con otras redes empresariales. El ensamble de los insumos que provienen de empresas territorialmente alejadas, requiere de procesos de calidad en la fabricación que cuenten con una sofisticada precisión apoyada en la microelectrónica y en las tecnologías de la comunicación y de la computación, y con una gestión altamente flexible sustentada en la informática y que posibilite la programación de la producción para que dichos insumos respondan al volumen solicitado y a las estrictas especificaciones personalizadas de los consumidores (véase Coriat 1992a, 1992b y 1997; Reich, 1993; y Castells, 2002). Muchas veces se trata de lo que se denomina corporación vacía, acotada tan sólo a la gestión y coordinación de la multitud de unidades descentralizadas y dispersas –incluso miles de pequeñas y medianas empresas– que le proveen insumos o productos finales de acuerdo a sus especificaciones y estándares de calidad. Esta nueva modalidad de empresa utiliza la subcontratación como un mecanismo para reducir considerablemente los gastos generales; esto es, otras empresas especializadas le proveen de los bienes y servicios estandarizados y específicos –tales como el alquiler de fábricas, maquinaria y equipo, oficinas y bodegas para inventarios; la elaboración de insumos a entregar oportunamente para su ensamble y embalaje; y, los servicios de transporte, logísticos, legales, publicitarios y de marketing, de contabilidad, de procesamiento de información, y de asesoría financiera y fiscal– a un precio competitivo y de manera eventual o temporal.

Reconociendo la esencia de la organización flexible, las empresas especializadas en la producción de alto valor ya no precisan de las estructuras piramidales y burocráticas que concentraban y manejaban cuantiosos recursos en una sola planta, ni de los ejércitos de obreros disciplinados e inhibidos en su creatividad que estuvieron sujetos a labores repetitivas y predecibles. Más bien, la organización flexible de las empresas orientada a la generación de alto valor se caracteriza por una coordinación horizontal que permite la estructuración de una red; y más que apoyarse en la jerarquía centralizada y vertical encabezada por el Director General, destacan –a decir de Reich– tres habilidades fundamentales e interdependientes que son las fuentes del alto valor y de las ganancias: 1) la identificación de problemas, de las ventajas competitivas y de las oportunidades; 2) la resolución de problemas que surgen ante los desafíos de producir bienes y servicios únicos y adaptables; y 3) la intermediación o negociación estratégica basada en el análisis de ideas relativas a las tecnologías y a los mercados específicos que permitan saber qué posibilidades de éxito tendrán los nuevos productos, así como atraer el financiamiento y los expertos necesarios para emprender los proyectos (Reich, 1993:94 y 95). El mismo Reich señala que lejos de interferencias burocráticas, la comunicación permanente, precisa y fluida entre los empleados que desarrollan estas habilidades resulta importante para responder de manera oportuna a las necesidades y preferencias específicas de los clientes (Ibidem:98). Se trata pues, con el desarrollo de estas habilidades, de formar y consolidar ventajas competitivas, de agregar mayor valor a la economía mundial y de dinamizar y fortalecer los mercados internos a partir de ello.

Más que activos fijos, las compañías que forman parte de las redes empresariales globales privilegian la combinación del conocimiento técnico y del know how de ventas con el respaldo de la habilidad estratégica y financiera (Reich, 1993, p. 100; Drucker, 1994). En suma, la red empresarial tiene como matriz a una compañía propietaria de alguna histórica y renombrada marca comercial, que especializada en el desarrollo de las tres habilidades citadas en el párrafo anterior delimita y estipula la concepción y las decisiones estratégicas, los proyectos productivos y las especificidades requeridas para satisfacer sus necesidades, además de estructurar la interconexión con el resto de las empresas desconcentradas y subcontratadas, de tal forma que el control, la propiedad y las decisiones operativas se dispersan.

Sin afán de incurrir en algún determinismo, la organización flexible y la expansión de las redes empresariales globales que estructuran una nueva dinámica y gestión del capitalismo, son motivadas y facilitadas en buena medida por la importancia que adquieren las tecnologías de la información y el conocimiento aplicado al mismo conocimiento y al proceso productivo.

De esta forma, siguiendo a Manuel Castells, el nuevo modo de desarrollo informacional surgido en las últimas décadas del siglo XX tiene como fuente de la productividad a la tecnología especializada en la generación de conocimiento, al procesamiento de la información y a la comunicación de símbolos; siendo la acción del conocimiento sobre sí mismo un elemento distintivo respecto a otros modos de desarrollo. La racionalidad de la acción social, en el contexto de este nuevo modo de desarrollo, consiste en la orientación hacia la innovación y avance tecnológicos; o lo que es lo mismo, hacia la acumulación de conocimiento y hacia mayores grados de complejidad en el procesamiento de la información (Castells, 2002:43).

Si partimos de esta interpretación, la difusión de la organización flexible y la integración global del capitalismo funcionando como una unidad en tiempo real y a escala planetaria están profundamente vinculadas a la aplicación e innovación de las tecnologías de la información.

No es que las actividades industriales desaparezcan, sino que son fortalecidas –en el contexto de la organización flexible– con las tecnologías de la información y son proyectadas a escala global generando, mediante estas, una nueva e intensa dinámica en la competencia y rivalidades empresariales y en la incorporación, procesamiento y aplicación que del conocimiento y del capital simbólico se hace en todo el proceso económico.

Las transformaciones organizacionales de las empresas que redefinieron el proceso productivo y los mercados, interactuaron con la difusión y aplicación de las tecnologías de la información, aunque fueron independientes y precedieron a estas. Como lo explica Castells, dichas transformaciones organizacionales tuvieron como finalidad enfrentar y reducir la incertidumbre provocada por el acelerado cambio experimentado en el entorno económico, institucional y tecnológico de la empresa, mediante el aumento de la flexibilidad en la producción, gestión y comercialización; además, se orientaron a redefinir los procesos de trabajo y las prácticas de contratación, adoptando en un principio el modelo de “producción escueta” con el objetivo de ahorrar mano de obra mediante la automatización de ciertas actividades del proceso productivo, la eliminación de tareas y la supresión de estratos directivos (Ibidem:181).

Gran cantidad de autores (por ejemplo Castells, 2002; Coriat 1992a, 1992b y 1997; Reich, 1993; Drucker, 1996) distinguen variadas formas de flexibilidad organizativa que sostienen una interacción e influencia mutua pero que son diferentes expresiones surgidas en circunstancias históricas específicas que trastocaron y rebasaron a las organizaciones jerárquicas, centralizadas y verticalmente integradas que producían altos volúmenes estandarizados y controlaban los mercados de manera oligopólica. Las distintas formas de flexibilidad organizativa, apoyadas durante los últimos años en las tecnologías de la información y en el transporte multimodal, convergen, interactúan y se sustituyen para constituir y proyectar las redes empresariales horizontales, desconcentradas, interconectadas y articuladas a partir de unidades multifuncionales autónomas en sus decisiones operativas, y adaptables a la incertidumbre y a los acelerados cambios –pues sólo organizadas en red resulta provechosa la flexibilidad– que son los motores principales de la expansión e integración global del capitalismo.

Con la reconfiguración del capitalismo y de sus estructuras organizacionales, la rentabilidad, la productividad y la eficacia económica de las redes empresariales, así como el desarrollo económico y la competitividad de los países –en especial de las escalas o ámbitos locales que gozan de ventajas comparativas– dependen cada vez más de la habilidad para agregar alto valor; de la capacidad para generar y aplicar al proceso productivo un eficiente e innovador avance tecnológico y una necesaria reestructuración organizacional en la división técnica del trabajo; de la formación de recursos humanos de calidad y adaptables a las condiciones de las organizaciones flexibles; y, de la solidez y eficiencia de los entramados institucionales. Estos mecanismos se convierten, durante las últimas tres décadas, en ejes rectores de las políticas públicas aplicadas por multitud de gobiernos en el mundo –sobre todo aquellos que buscan un mejor posicionamiento de sus territorios en la economía mundial–.

La caída de la tasa de ganancia experimentada en la década de los setenta por las principales empresas obligó a éstas –con el apoyo de los gobiernos de las economías desarrolladas– a minimizar los costos de producción, especialmente los de la mano de obra, despidiendo empleados y reduciendo los salarios de los que se quedaban, y desconcentrándose a los territorios que les ofreciesen mayores ventajas comparativas; a mejorar los niveles de productividad; y, a buscar nuevos mercados –en ocasiones de reciente formación como los ubicados en lo que fueron las áreas de influencia de la ex Unión Soviética–, mediante la integración de bloques económicos regionales y la apertura de las economías nacionales, para comercializar los abundantes bienes y servicios. Este último objetivo, resultó fundamental para el aumento del comercio internacional y de la afluencia de inversión extranjera directa en las últimas dos décadas, de tal manera que la expansión e integración global del capitalismo se intensificó.

La generación de mayores ganancias, el acceso a nuevos mercados, y su posterior interdependencia a partir de la incursión de las redes empresariales globales que integran a los territorios y a la población con mayores ventajas comparativas en los países, precisaron de procesos de apertura de las economías nacionales para un mayor desplazamiento de las inversiones; de la privatización de empresas públicas estratégicas dedicadas a la generación y explotación de los recursos energéticos, a las telecomunicaciones y a las finanzas; así como también de la aplicación estratégica de las tecnologías de la información para intensificar los vínculos, las alianzas, la comunicación y la coordinación operativa entre las empresas.

Esta expansión e integración global del capitalismo, aunque aún está en proceso y no alcanza su plenitud, se manifiesta también en los mercados financieros –ubicados muchos de ellos en paraísos fiscales– que funcionan en tiempo real como espacios virtuales en los cuales las transacciones millonarias se gestionan y se realizan de manera permanente y acelerada. Son transacciones que comprenden mercados bursátiles –propicios para el ingreso y salida de inversiones especulativas–, ahorros depositados en el sistema bancario, fondos de pensiones gestionados por instituciones financieras privadas, y mercados de divisas. Esta interconexión de los flujos de capitales financieros conduce a una intensificación de la interdependencia entre todas las economías del planeta, e incluso a una generalización de los riesgos derivados de la volatilidad y del contagio relacionados con las masivas entradas y salidas de inversiones a corto plazo y con la especulación de divisas en los mercados cambiarios.

Aunque las innovaciones científico/tecnológicas, organizacionales y administrativas están concentradas en unas cuentas firmas y en universidades globales asociadas a éstas y ubicadas por lo general en nichos, territorios y ciudades específicos y especializados que generan economías de aglomeración, la transmisión del conocimiento o del know how se extiende y difunde de manera desigual entre las principales redes empresariales, en gran medida motivado por la intensa movilidad de los empleados dedicados al procesamiento y a la manipulación simbólica.

La apertura y la nueva regulación de las economías nacionales, a pesar de la protección ejercida sobre determinados sectores, influye en el aumento de los flujos comerciales de las industrias estratégicas, muchos de ellos relacionados con las transacciones intrafirma como parte de la dinámica de los sistemas internacionales de producción integrada y de los encadenamientos mercantiles globales que se derivan de la segmentación y dispersión del proceso productivo. Los avances en la comunicación internacional y en el transporte minimizan los costos de transacción y facilitan la movilidad territorial de los bienes, los servicios y el conocimiento. La formación de bloques económicos regionales como los derivados de la integración de la Unión Europea y del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), así como las medidas y recomendaciones desprendidas de la Ronda Uruguay del Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT) y de la creación de la Organización Mundial de Comercio (OMC), la formación de amplios mercados en la cuenca del pacífico que incrementan los flujos comerciales con Asia, el ingreso de Rusia y del área de influencia de la ex Unión Soviética al comercio internacional, y la mayor afluencia de inversiones, son todos ellos factores impulsores de la integración global de la economía.

La nueva división internacional del trabajo –que no se delimita por países, sino por la búsqueda que hacen las empresas de territorios con condiciones propicias (bajos costos y capacitación apropiada de mano de obra, impuestos mínimos o nulos, infraestructura y aptos mercados internos, limitadas reglamentaciones relacionadas con el cuidado del medio ambiente, etc.)– se estructura a partir de la convergencia de las redes empresariales globales especializadas en la producción de alto valor y en el manejo sofisticado de las tecnologías de la información; y de los enclaves y territorios orientados a la producción flexible, personalizada, adaptable y reprogramable de alto volumen estandarizado que aprovechan los bajos costos de la mano de obra y el trabajo devaluado en los servicios, la producción de materias primas –a partir de la explotación de los recursos naturales–, y las actividades informales y relacionadas con la economía criminal. Los territorios, las poblaciones y los agentes económicos se vinculan a este proceso a través de los sistemas internacionales de producción integrada, de los encadenamientos mercantiles y de las redes financieras globales que privilegian cada vez más la aplicación del conocimiento al proceso económico.

En el sistema de la manufactura flexible –base material y organizacional de la expansión e integración global del capitalismo durante las últimas tres décadas–, las decisiones empresariales y las concepciones esbozadas por los actores y agentes económicos en el proceso de construcción de mercados toman en cuenta que el conocimiento se convirtió en el elemento estratégico más dinámico para generar innovación tecnológica y organizacional y para agregar mayor valor a los factores de la producción. En este sentido, la racionalidad de la toma de decisiones en las empresas parte del reconocimiento de que la producción implica cambios dinámicos, constantes y permanentes que necesitan de la transformación y de la capacidad de adaptación de las estrategias de la organización. La misma dinámica de las organizaciones flexibles está determinando los procesos de toma de decisiones al interior de las empresas. La inserción de las unidades productivas en redes empresariales más allá de las fronteras nacionales, así como la diversificación del destino de las inversiones, son circunstancias que inciden en la toma de decisiones del empresariado (Enríquez Pérez, 2003). Esta racionalidad empresarial está impulsando la aparición y consolidación de un nuevo actor social dedicado al procesamiento y a la manipulación de símbolos, y que es capaz de agregar valor a la economía mundial mediante la aplicación de su conocimiento, el despliegue de su competencia, el aprovechamiento de sus contactos financieros y políticos, y su versatilidad para adaptarse y convivir en variados entornos culturales. Este nuevo empleado que construye y dirige las redes empresariales globales es el analista simbólico (Reich, 1993) orientado cada vez más a constituir una clase mundial que desarrolla el saber y la capacidad para dominar recursos y para actuar más allá de sus fronteras nacionales y a través de amplios territorios (Kanter, 2000, p. 22).

En síntesis: interdependencia; dinamismo y alta productividad de las redes empresariales globales; espacios locales aptos; desarrollo tecnológico y capital humano especializado; gestión gubernamental para la atracción de los flujos de inversión y de tecnología; formación de bloques económicos regionales; armonización y estandarización de políticas económicas; apertura de las economías nacionales; estructuración de un sistema de comunicación mundializado; formación y consolidación de encadenamientos mercantiles y de redes financieras globales, son todos ellos, desde las últimas tres décadas del siglo XX, mecanismos interactuantes e indispensables que crean las condiciones propicias para la expansión y la integración global del capitalismo. Por supuesto, la planeación e intervención ejercidas por los aparatos de Estados son fundamentales en este proceso, de ello se ocupa el siguiente apartado.