LA TRANSFORMACIÓN DE LAS CONCEPCIONES SOBRE EL PROCESO DE DESARROLLO EN LAS POLÍTICAS PÚBLICAS MEXICANAS

LA TRANSFORMACIÓN DE LAS CONCEPCIONES SOBRE EL PROCESO DE DESARROLLO EN LAS POLÍTICAS PÚBLICAS MEXICANAS

Isaac Enríquez Pérez

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6.2.- La reorientación de la propensión geopolítica y geoeconómica para facilitar la integración de México en la expansión global del capitalismo.

Gran parte de las políticas públicas diseñadas y ejercidas por el aparato de Estado en México durante los últimos veinte años responden a las necesidades marcadas por la intensificación de las relaciones interestatales y comerciales. Dos acontecimientos acentuaron esta tendencia: el ingreso de México al GATT en 1986, hecho que marcó la pauta para emprender a fondo las estrategias de apertura de la economía nacional; y la emergencia de nuevos regionalismos y procesos de integración económica en Europa y en el Este de Asia que ponen en tela de juicio y contrarrestan la expansión del poderío empresarial y político de los Estados Unidos en tanto país hegemónico del sistema mundial. Ambas circunstancias estimulan la firma de acuerdos y tratados comerciales, el ingreso a bloques regionales y el diseño de políticas públicas de alcance transnacional.

Con esta reorientación de la función geopolítica y geoeconómica, se privilegia en las políticas públicas mexicanas y en las intervenciones estatales una concepción estratégica del territorio y de su aprovechamiento en el proceso económico y en la expansión global del capitalismo. El control, dominio y explotación del territorio en tanto fuerza productiva estratégica para la valorización y acumulación del capital se expresa tanto en la integración de bloques comerciales –por ejemplo, el emanado del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y el pretendido en el Área de Libre Comercio para las Américas (ALCA)– como en la formulación y publicitación de políticas públicas nacionales de alcance sectorial –el Programa Nacional de Desarrollo Urbano 1995-2000, y el Programa Nacional de Desarrollo Urbano y Ordenación del Territorio 2001-2006– (Enríquez Pérez, 2002a) o de corte transnacional –el Plan Puebla-Panamá por ejemplo– (Enríquez Pérez y Flores Sandoval, 2002).

Los retos que se presentan consisten en compensar los efectos negativos de un desarrollo regional desequilibrado, desarticulado y desarticulador, centralizador y concentrador, asimétrico e ineficiente en la irradiación del progreso social en el territorio nacional que predominó en los últimos sesenta años y que se sustentó en el impulso de los sectores económicos y no de las regiones. A los territorios locales, y en especial aquellos que se encuentran en reserva –los del Sur-Sureste mexicano por ejemplo–, se les asume como recursos escasos con dimensiones dinámicas para la integración activa en la expansión de los procesos globales mediante la producción y abastecimiento de materias primas, capacidades empresariales, mano de obra masiva y barata, creatividad de los líderes locales, mercados poco explotados, acceso al sistema urbano nacional, conocimientos tradicionales tanto productivos como medicinales, privilegiada posición geoestratégica para el desplazamiento de los flujos comerciales, y espacios poco utilizados que se convierten en reservas necesarias para la reproducción del capital en los sistemas internacionales de producción integrada y en los encadenamientos mercantiles globales impulsados por las redes empresariales que adoptan los sistemas de manufactura flexible (Enríquez Pérez, en prensa).

Esta incorporación y reconversión de espacios inéditos que fungen como reservas territoriales y como asentamientos poblaciones rurales con economías de autoconsumo se proyectan y se impulsan con la finalidad oficial de crear entornos y condiciones propicios para la generación de ventajas comparativas y competitivas a partir del aprovechamiento y potencialización de su localización estratégica; la disponibilidad de recursos naturales abundantes; y, su posible acondicionamiento para la construcción de infraestructura básica que permita la atracción de inversiones, los flujos comerciales y la integración de las regiones a los circuitos internacionales de producción y consumo –el Istmo de Tehuantepec, la sierra de los Chimalapas, el Corredor Biológico Mesoamericano, etc. son ejemplo claro de ello– (sobre estos espacios véase Presidencia de la República, 2001).

En tanto que con bloques regionales como el constituido con el TLCAN (véase anexo III) y el proyectado con el ALCA se propone utilizar la posición geoestratégica que posee México en el contexto internacional y en las rivalidades interbloque. Se busca también una profundización mayor de las estrategias de apertura que orientan la economía nacional hacia el exterior con mayor intensidad desde 1988, así como un posicionamiento adecuado –aunque en los hechos muchas veces desventajoso–, a partir de la generación de las ventajas comparativas y competitivas, en los sistemas internacionales de producción integrada, en los encadenamientos mercantiles mundiales y en las redes financieras globales, y en los cada vez más intensos procesos de armonización y estandarización de políticas económicas que se promueven en espacios globales de decisión.

En suma, tanto las políticas públicas como cantidades importantes del gasto público, y en general buena parte de las decisiones y funciones gubernamentales, se canalizan al estímulo de una intensa inserción de México en las circunstancias planteadas por los procesos de integración regional y global. Las estrategias de estabilización, redefinición y adecuación de la regulación económica, privatización y apertura que fomentan la orientación de la economía mexicana hacia el comercio exterior, el fortalecimiento del empresariado privado –sobre todo del transnacional ubicado en el país– en detrimento del aparato productivo nacional, la generación de condiciones propicias para el establecimiento de la inversión, entre muchas otras funciones estatales, lo evidencian contundentemente. Para una corroboración de los argumentos esgrimidos en este parágrafo resulta importante consultar los mapas plasmados en el anexo III.