LA TRANSFORMACIÓN DE LAS CONCEPCIONES SOBRE EL PROCESO DE DESARROLLO EN LAS POLÍTICAS PÚBLICAS MEXICANAS

LA TRANSFORMACIÓN DE LAS CONCEPCIONES SOBRE EL PROCESO DE DESARROLLO EN LAS POLÍTICAS PÚBLICAS MEXICANAS

Isaac Enríquez Pérez

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Consideraciones finales sobre el capítulo.

Múltiples son las preocupaciones de los organismos internacionales en la delicada tarea de construir una concepción del proceso de desarrollo que exprese su cosmovisión sobre la dinámica socioeconómica de las diversas sociedades; que responda a la correlación de poderes en la esfera internacional; que haga funcional la perpetuación de las asimetrías de poder y la desigualdad social en las relaciones internacionales y al interior de los países; y que brinde planteamientos rectores para el diseño e instrumentación de las políticas públicas nacionales. En este sentido, ni un solo organismo internacional ni menos aún alguna concepción sobre el proceso de desarrollo hegemonizan la acción planificadora de los gobiernos, sino que es la interacción de varias entidades, factores, circunstancias internas y externas, y sistemas conceptuales, lo que se encuentra en la base de las políticas públicas nacionales.

Los organismos internacionales son uno de los agentes y organizaciones que más influyen en la reconfiguración global del capitalismo y en el establecimiento de pautas de comportamiento y de directrices de política pública para la inserción actualizada de los países en la economía mundial y para su participación en las posibilidades de gobernanza del planeta. En los organismos internacionales se exponen y argumentan las principales perspectivas teóricas y programáticas en torno al proceso de desarrollo que influyen en dichas directrices, por lo que estas entidades colocan al alcance de la toma de decisiones para el diseño de las políticas públicas nacionales ciertos debates y temáticas que prevalecen y permean en el ambiente académico, en la estructura formativa y de pensamiento del funcionariado internacional, y en los movimientos sociales de alcance mundial. Estos debates, estas posiciones, e incluso las filosofías y teorías políticas y económicas que les dan sentido se constituyen como el principal código de comunicación entre el funcionariado nacional y el internacional, expresándose en el caso del primero, más que una imposición, un profundo compromiso e identificación, con las estrategias, acciones y planteamientos sugeridos por ciertos organismos internacionales.

Además, las mismas transformaciones organizacionales y estructurales del modo de producción capitalista, de la misma dinámica de las relaciones internacionales, de los intereses e ideologías que sostienen los grupos hegemónicos, o de los movimientos antisistémicos, modifican, diversifican y hacen más complejos los planteamientos, las perspectivas teóricas, las acciones y el perfil de los funcionarios de los organismos internacionales.

A grandes rasgos, desde la década de los cuarenta hasta finales de los sesenta –tal como lo esbozamos en el tipo ideal de desarrollo histórico formulado a lo largo del capítulo–, la concepción del desarrollo impulsada por los organismos internacionales fue aquella ligada a las teorías de la modernización que vieron en el proceso de industrialización una clave para trascender desde las “sociedades tradicionales” hacia condiciones de desarrollo fomentadas por políticas públicas expansionistas de corte keynesiano. Las conferencias internacionales celebradas entre las décadas de los setenta y noventa, conforman una nueva concepción destinada a orientar las políticas públicas y la cooperación internacional en pro de un desarrollo humano sostenible en todo el mundo; la cual está compuesta por dos dimensiones: la formación de las capacidades humanas, que redunda en la mejora de la calidad de vida de las personas; y la participación de la sociedad de manera digna, y la oportunidad individual de contar con opciones y de tomar decisiones en la vida de la comunidad. Ambas complementadas con la perspectiva de la sustentabilidad que radica en la viabilidad de las políticas a largo plazo en términos ecológicos y sociales, y permeadas por las políticas deflacionarias y recesivas que apuestan a la estabilización, redefinición y adecuación de la regulación económica, apertura y privatización en aras de intensificar la expansión e integración global del capitalismo como modo de producción y como proceso civilizatorio.

Más que una imposición vertical y unidireccional por parte de uno o más organismos internacionales, la situación es mucho más sutil, puesto que la construcción de una concepción sobre el proceso de desarrollo en las políticas públicas nacionales reviste una mayor complejidad tanto al interior de los países como en sus relaciones internacionales. Lo verdaderamente importante a analizar en la presente investigación es la convergencia –la relación orgánica– de los documentos nacionales con los planteamientos de los organismos internacionales. En este marco, ¿qué relación existe entre los planteamientos expresados y promovidos por los organismos internacionales y el diseño, hechura e instrumentación de las políticas públicas nacionales en América Latina? ¿qué lineamientos proponen para el diseño e instrumentación de las políticas públicas nacionales necesarias para la inserción y acción de los países en la economía global? ¿cómo son asimiladas las diversas concepciones sobre el desarrollo que sostienen los organismos internacionales en la manera en que el funcionariado del sector público piensa este proceso? ¿cómo se generan las redes de contactos entre el funcionariado de ambas instancias? ¿qué códigos conceptuales y de comunicación comparten, y en cuáles se diferencian? ¿qué márgenes de decisión y de acción tienen los funcionarios nacionales respecto a la planeación del desarrollo? Estas interrogantes fueron importantes al momento de guiarnos en el análisis e interpretación sobre la relación orgánica que se presenta entre los planteamientos y documentos estratégicos de estas instancias y las políticas públicas mexicanas. Ello es efectivo si asumimos que el anterior análisis de los documentos estratégicos de distintos organismos internacionales –y el tipo ideal de desarrollo histórico formulado– fue necesario para desentrañar las filosofías y teorías políticas y económicas, así como el paradigma y concepciones sobre el proceso de desarrollo en los cuales se sustentan y que influyen en el diseño y aplicación de las políticas públicas nacionales que articulan la planeación de dicho proceso.

En concreto y para vincularnos con el siguiente capítulo nos preguntamos cómo se manifiesta en el ámbito nacional lo planteado por los organismos internacionales. En México, gran parte de la complejidad que experimenta la planeación del desarrollo es atribuible a la gravitación que ejercen los organismos internacionales en las concepciones relativas a dicho proceso. Reconociendo esa complejidad, para desentrañar las concepciones sobre el proceso de desarrollo recurrimos a la revisión y análisis de los llamados programas y planes de desarrollo –entendidos como una de las expresiones generales de las políticas públicas mexicanas– en tanto indicadores que nos pueden facilitar la interpretación sobre las transformaciones históricas experimentadas por dichas concepciones.