LA TRANSFORMACIÓN DE LAS CONCEPCIONES SOBRE EL PROCESO DE DESARROLLO EN LAS POLÍTICAS PÚBLICAS MEXICANAS

LA TRANSFORMACIÓN DE LAS CONCEPCIONES SOBRE EL PROCESO DE DESARROLLO EN LAS POLÍTICAS PÚBLICAS MEXICANAS

Isaac Enríquez Pérez

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1.7.- Los enfoques neokeynesianos.

Tras la inconsistencia y tropiezos del Consenso de Washington expresados en las recurrentes crisis financieras en la década de los noventa y primeros años del siglo XXI y ante el malestar que genera la concepción fundamentalista de la globalización, se presentan los enfoques neokeynesianos (Meier y Stiglitz, 2001; Stiglitz, 2002 y 2003), que sin oponerse a los principios del mercado, señalan los efectos negativos derivados de la nueva regulación a los flujos de capital y de la apertura comercial indiscriminada y, tras una fuerte crítica a “la promesa de las instituciones globales” (Stiglitz, 2002) proponen una “globalización con rostro más humano” que procure una reforma de los principales organismos internacionales y del sistema financiero mundial, enfatizando la relevancia del aparato de Estado en la promoción y fomento del proceso de desarrollo.

Con estas propuestas y enfoques se trata de proporcionar una mayor viabilidad a las medidas adoptadas para la reestructuración económica y gubernamental. Entre las interrogantes planteadas por sus exponentes destacan: ¿cómo reactivar el papel del aparato Estado en la construcción de mercados en circunstancias marcadas por la transnacionalización del diseño y toma de decisiones en materia de políticas públicas? ¿cómo reformar el perfil y las funciones del sistema de organismos internacionales para que respondan a sus promesas ante la intensificación de los procesos de globalización económica? La tesis central de esta perspectiva teórica sostiene que para hacer frente a la expansión de la economía global los gobiernos precisan del diseño e instrumentación de políticas públicas que incentiven el crecimiento económico nacional y que a su vez promuevan y procuren una distribución equitativa de sus frutos; es decir, se argumenta que el aparato de Estado y el mercado son complementarios, pero que éste último es el centro de la economía, mientras que el primero es apropiado para desempeñar funciones relevantes que tiendan a ser limitadas y acotadas en la misión de hacer de los mercados entes más eficientes y sensibles. En este sentido, según esta perspectiva teórica, a los gobiernos les corresponde la función de modelar la dinámica de la economía global.

Como puede apreciarse, las teorías y enfoques del desarrollo reseñados difieren por el énfasis que conceden a los actores, los agentes, las relaciones de poder y de dominación, y las circunstancias que impulsan el proceso de desarrollo, mismos que se transforman a lo largo de la historia. Las anteriores teorías y enfoques del desarrollo son diferentes porque fueron creadas en distintos contextos históricos iluminando ciertas esferas de la realidad social. Esto es, los tres primeros enfoques que se reseñaron arriba fueron construidos en una época en que América Latina experimentaba las primeras etapas de la industrialización sustitutiva de importaciones, y en que las formas de dominación tendían al autoritarismo estatal sin permitir la participación de otros agentes y actores socioeconómicos. En el caso de la perspectiva de la CEPAL y de la dependencia, se enfatizaron las condiciones desiguales y contradictorias de la inserción de la región en la economía mundial procurando la autonomía en la toma de decisiones; mientras que los últimos cuatro enfoques hacen referencia a las actuales circunstancias en esferas como el nuevo asistencialismo; el diseño de las políticas sociales; el papel de las instituciones en la economía; la relevancia de la acción, la cultura y la organización de las pequeñas comunidades; los nuevos proyectos de industrialización y la reestructuración del espacio y del territorio; así como a la reforma de los organismos financieros internacionales promotores de la globalización económica. Cada enfoque refiere esferas distintas y complementarias de la realidad social y las define en circunstancias históricas específicas. Estas teorías apoyan en la iluminación de ese aspecto concreto de la realidad que estudian; ayudan a entender el contexto histórico en que fueron construidas, así como las características de los actores y agentes que promueven el proceso de desarrollo; más aún, representan indicadores que señalan las transformaciones de los mercados y del proceso desarrollo como objeto de estudio. Sin embargo, es necesario orientar la mirada a lo que sucede en México respecto a las especificidades de las transformaciones referentes a la planeación, promoción y fomento del proceso de desarrollo analizando la forma en que se construyen los mercados y se distribuye la riqueza a partir de la redefinición de las concepciones esbozadas en las políticas públicas y en las intervenciones del aparato de Estado en dicho proceso.

Dados estas puntualizaciones, retomamos los planteamientos de Karl Marx para esbozar una noción del concepto de desarrollo que nos facilite el examen de su trayecto histórico y de sus especificidades en el caso de México, reconociendo que la historia se rehace y que para interpretar cómo se rehace es necesario analizar los niveles de abstracción que tienen como eje central al concepto de praxis económica (sobre las características de la teoría de la praxis que metodológicamente permiten el estudio de los sistemas económicos a lo largo de la historia véase Acevedo López, 1983).

En la Introducción general a la crítica de la economía política escrita en 1857, Marx argumenta que la producción de los individuos está socialmente determinada (Marx, 2000:282), es decir, que los individuos sólo producen en sociedad. Además, Marx interpreta a la praxis económica como un todo articulado. Esto es, define al proceso productivo como integrado por los momentos de la distribución, el cambio y el consumo, momentos articulados de una totalidad, diferenciaciones dentro de una unidad (Ibidem:299).

Este mismo pensador argumenta que hasta sus días se conceptualizó que: “en la producción los miembros de la sociedad hacen que los productos de la naturaleza resulten apropiados a las necesidades humanas (los elaboran, los conforman); la distribución determina la proporción en que el individuo participa de estos productos; el cambio le aporta los productos particulares por los que él desea cambiar la cuota que le ha correspondido a través de la distribución; finalmente, en el consumo los productos se convierten en objetos de disfrute, de apropiación individual” (Ibidem:288). Además, nos indica que se pensaba que es a partir de la producción como el proceso recomienza siempre de nuevo (Ibidem:299 y 300). Sin embargo, Marx sostiene que el proceso económico es una totalidad orgánica.

Luego de explicar que el individuo produce un objeto y que, consumiéndolo, dicho objeto retorna al individuo mismo, Marx dice lo siguiente: “en la sociedad, en cambio, la relación entre el productor y el producto, una vez terminado este último, es exterior y el retorno del producto al sujeto depende de las relaciones de éste con los otros individuos. No se apodera de él inmediatamente. Además, la apropiación inmediata del producto no es la finalidad del sujeto cuando produce en la sociedad. Entre el productor y los productos se interpone la distribución, que determina, mediante leyes sociales, la parte que le corresponde del mundo de los productos, interponiéndose por lo tanto entre la producción y el consumo” (Ibidem:294).

Explicando esto último de manera más detallada, Marx argumenta así: “un individuo que participa en la producción bajo la forma de trabajo asalariado, participa bajo la forma de salario en los productos, en los resultados de la producción. La organización de la distribución está totalmente determinada por la organización de la producción. La distribución es ella misma un producto de la producción, no sólo en lo que se refiere al objeto –solamente pueden ser distribuidos los resultados de la producción–, sino también en lo que se refiere a la forma, ya que el modo determinado de participación en la producción determina las formas particulares de la distribución, la forma bajo la cual se participa en la distribución” (Ibidem:295).

El mismo Marx sostiene que antes de ser distribución de los productos, la distribución es “1) distribución de los instrumentos de producción; 2) distribución de los miembros de la sociedad entre las distintas ramas de la producción [...] (Subsunción de los individuos a determinadas relaciones de producción)” (Ibidem:296).

Partiendo de esta explicación planteada por Marx en torno al proceso productivo definido como praxis económica, es posible señalar que en el proceso económico todos los seres humanos no ingresan ni participan en las mismas condiciones; esto es, los individuos realizan actividades diferentes y se les retribuye de distinta forma, no entran como iguales a dicho proceso y por tanto no salen como iguales. Pero el proceso no se repite, sino que tiende a complejizarse al igual que sucede con sus actores y agentes. Particularmente, Marx demuestra que los cambios se suceden continuamente con el análisis de la relación entre el momento de la producción y el momento del consumo.

Los corolarios que elaboramos a partir de los conceptos propuestos por este autor son los siguientes: una vez que la distribución determina la proporción de la producción que le corresponde al individuo, dicha distribución estará definida por la modalidad o el tipo de trabajo que desempeña el mismo individuo en el proceso económico. De esta forma, como no se participa en igualdad de condiciones dentro del proceso económico, entonces lo que históricamente se presenta en las sociedades –y entre ellas– es un desarrollo desigual, un posicionamiento diferenciado de los individuos y, agregamos, de los países dentro de los procesos de producción y distribución. Así pues, el desarrollo es un proceso histórico que se produce y se reproduce a partir de la interacción que ejerce con el subdesarrollo en tanto su contraparte y su complemento. Aún más, el desarrollo no es un fenómeno consumado ni absoluto en la realidad social, sino que es un proceso que coexiste con contradicciones que lo aceleran, lo retardan o lo bloquean en los sectores económicos, en el territorio y en la sociedad en general.

De este modo, el proceso de desarrollo y la misma construcción de mercados que entraña, no se realizan de manera espontánea, sino que precisan de la intervención y legitimación de las instituciones estatales para organizar a la sociedad y a sus actores en aras de hacer converger sus intereses y recursos dispersos, variados y limitados. Se trata pues, de un proceso gestionado, dirigido y estructurado; arraigado en un entramado institucional propicio para incidir deliberadamente en la reestructuración de una sociedad y para contener las contingencias a fin de no interrumpir su curso. En suma, el sentido del proceso de desarrollo consiste en crear nuevos mecanismos, instrumentos y estrategias para conservar la desigualdad y hacerla funcional, así como en construir el lugar que ocupa la población en la economía.

Así, el análisis e interpretación del proceso de desarrollo exige una exploración de las transformaciones experimentadas por el capitalismo, y de los actores e instrumentos que lo sustentan; esto es, la dinámica que adopta el proceso de desarrollo y el subdesarrollo como su proceso complementario, tanto en el papel como en la práctica responde a la naturaleza estructural y organizacional del modo de producción capitalista. En gran medida, las políticas públicas entrañan el impacto de la dinámica que hoy en día adquieren estas transformaciones, al tiempo que son la expresión y proyección de cierta concepción de sociedad sustentada por el cambiante grupo que hegemoniza desde las instituciones del poder político.