LA TRANSFORMACIÓN DE LAS CONCEPCIONES SOBRE EL PROCESO DE DESARROLLO EN LAS POLÍTICAS PÚBLICAS MEXICANAS

LA TRANSFORMACIÓN DE LAS CONCEPCIONES SOBRE EL PROCESO DE DESARROLLO EN LAS POLÍTICAS PÚBLICAS MEXICANAS

Isaac Enríquez Pérez

Volver al índice

 

 

5.- Sobre las concepciones relativas al proceso de desarrollo prevalecientes en México desde la década de los ochenta.

Como se observó con anterioridad, desde 1980 con el Plan Global de desarrollo 1980-1982, comienzan a esbozarse nuevos planteamientos sobre la intervención del aparato de Estado en el proceso de desarrollo. Sin embargo, es con el estallido de la crisis de la deuda y con la llegada de una nueva elite gobernante a los espacios determinantes de la toma de decisiones cuando se marca distancia respecto a aquellas políticas públicas inspiradas en el nacionalismo revolucionario y en la concepción keynesiano/estructuralista.

Es importante destacar que como las políticas públicas indican las funciones del gobierno en torno a la construcción de mercados y a la redistribución de la riqueza, la transformación de las concepciones sobre el proceso de desarrollo expresa un cambio histórico en la naturaleza de estas funciones. A su vez, esta modificación de las concepciones sobre el desarrollo hace eco de un debate académico e intelectual mundial que plantea los constructos teóricos y los conceptos que sustentan los planteamientos y argumentos de los documentos estratégicos de los organismos internacionales y de las políticas públicas nacionales. En el presente apartado daremos cuenta de las principales reflexiones teóricas que apoyan a las concepciones sobre el proceso de desarrollo expuestas y promovidas en los documentos oficiales diseñados por el gobierno mexicano desde 1982.

En general, en América Latina con el agotamiento de la concepción keynesiano/estructuralista se desvaneció y se frustró el planteamiento normativo cepalino de constituir un capitalismo autónomo latinoamericano con base en la estrategia de industrialización para la sustitución de importaciones. Los motivos fueron múltiples: en primer lugar, no fue erradicada la dependencia externa sino que se redefinió con la afluencia de inversión extranjera y con el creciente endeudamiento, fenómeno que se cuestionó fuertemente desde el marxismo latinoamericano; además, se profundizó la ineficiencia y desarticulación del aparato productivo, traduciéndose ello en agudos desequilibrios regionales y sectoriales al interior de los países, en la baja –o nula en muchos casos– vocación para la innovación tecnológica, y en la incapacidad para contrarrestar el desempleo –como el precio relativo del factor trabajo es más alto que el del capital, el empresariado tendió a utilizar éste último en mayor medida– y la distribución desigual del ingreso originada a raíz del uso de tecnologías intensivas en capital dentro del proceso productivo y de la expansión de mercados oligopólicos; y se presentó la nula articulación de una política monetaria y de precios relativos para responder a los problemas inflacionarios y a la regulación y asignación selectiva de la demanda agregada (para mayores detalles sobre el agotamiento del enfoque cepalino véase Preston, 1996:capítulo 10; Villarreal, 1986:capítulo VI; ).

En suma, como lo señala René Villarreal, el enfoque estructuralista de la CEPAL no concretó la integración, en un sistema coherente, de una teoría económica capaz de manejar los grandes agregados macroeconómicos en el corto plazo y articularlos con los objetivos deseables y prioritarios de mayor alcance en el tiempo (Villarreal, 1986:174). Más aún, podemos agregar que las prolongadas políticas proteccionistas derivaron en la oferta de productos de baja calidad y con altos costos y precios.

Problemas macroeconómicos como las devaluaciones y la inflación, que no fueron padecidos de manera acentuada por México entre 1954 y 1970, irrumpieron como el talón de Aquiles del estructuralismo cepalino. El mismo estancamiento de la productividad, el desequilibrio externo, y las limitaciones, imperfecciones y contradicciones del intervencionismo estatal en la economía no fueron explicados por este enfoque durante la década de los setenta. Para algunos autores, el estructuralismo cepalino derivó en una rebelión científica interrumpida al subestimar la trascendencia de los aspectos monetarios y financieros del desarrollo, lo cual al final de cuentas, influyó de manera importante para no integrar una teoría macroeconómica a la teoría del desarrollo y la dependencia acuñada en América Latina (Ibidem:capítulo VI).

Como se explicó con anterioridad, hacia finales de 1982 con la crisis de la deuda en marcha, México inicia de manera titubeante un periodo de intensa reestructuración de la economía con base en estrategias de estabilización, redefinición y adecuación de la regulación económica, privatización y apertura al comercio internacional. Entre 1988 y el año 2000, este proceso se afianza abiertamente en el diseño y ejercicio de las políticas públicas, derivando ello en un profundo viraje en las formas de concebir y planear el proceso de desarrollo.

¿En qué consisten estas nuevas concepciones sobre el proceso de desarrollo? ¿cuáles son sus principales postulados y planteamientos?¿qué posturas teóricas están detrás de ellas? ¿cómo se manifiestan en México y qué papel le asignan al aparato de Estado en el proceso de desarrollo?

En los últimos veinte años, las concepciones sobre el proceso de desarrollo que predominan en México se caracterizan por los siguientes rasgos: una vocación deflacionaria y monetarista; la restricción presupuestal en aras de la gestión adecuada y oportuna de la deuda pública; la retracción del aparato del sector público en el proceso económico; y la desincorporación y privatización de las empresas paraestatales en aras también de reducir el déficit fiscal. Su racionalidad ya no lo es mas la estructuración del mercado interno sino la inserción actualizada del país en los mercados internacionales a través de la industrialización orientada hacia las exportaciones de manufacturas maquiladas; y en este sentido, la podemos caracterizar de aperturista y estabilizadora en aras de los equilibrios en la balanza de pagos y en indicadores macroeconómicos como la inflación. Paralelamente a estos postulados, que si bien son propios de la teoría económica deflacionario/monetarista, se presentan variadas concepciones que enfatizan diferentes esferas de la realidad y desde donde se aborda al proceso de desarrollo: nos referimos a aquellas relacionadas con las perspectivas del desarrollo sustentable y su preocupación discursiva por el cuidado del medio ambiente y su armonía con el crecimiento económico; el abordaje del proceso de desarrollo desde una perspectiva de género y étnica; las reformas institucionales para hacer viables los cambios estructurales de la economía; el fomento de las capacidades y del capital social, y el nuevo asistencialismo focalizado de la política social compensatoria; la relevancia de los derechos humanos y de la democratización del sistema político, y las interconexiones entre todos estos componentes (véase diagrama 1, pág. 28).

Partiendo de este reconocimiento, explicamos con mayor detalle los aspectos teóricos centrales de las concepciones sobre el proceso de desarrollo que predominan en las políticas públicas de las últimas dos décadas.