COSMOVISIÓN MAYA Y SU RELACIÓN CON EL ACONDICIONAMIENTO TERRITORIAL

COSMOVISIÓN MAYA Y SU RELACIÓN CON EL ACONDICIONAMIENTO TERRITORIAL

Edwin Alberto Castillo Lepe

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1.2 UNA APROXIMACIÓN A LOS FUNDAMENTOS DE LA COSMOVISIÓN MAYA

Tal y como ha sido el discurrir de la humanidad en la historia, las comunidades en el proceso de formación de su pensamiento económico, político, religioso, etc, empiezan por la indagación acerca de una serie de fenómenos que cotidianamente tienen que enfrentar, como parte de su existencia: los hechos propios de la naturaleza, la trascendencia del ser, o posiblemente la misma muerte. Ante estos desafíos comienzan las primeras reflexiones a todos estos fenómenos y también se inicia el construir de una serie de explicaciones cargadas en gran medida de un sentido religioso, donde lo mítico y simbólico constituyen elementos claves para la construcción de las formas de entender el mundo y la vida; ya no digamos de la misma formación de un lenguaje coherente para explicar la realidad.

Así es como los diversos pensamientos mito-históricos expresan parte de la trayectoria y orígenes de pueblos milenarios. Desde luego que entendemos el mito fuera de la lente de occidente, donde es considerado simplemente como mentira, falsedad, fantasía; más bien trascendiendo esas limitantes optamos por conceptos antropológicos, donde el concepto tiene un sentido mucho más respetable, si se quiere mucho más próximo al que Aristóteles le daba en la Metafísica: “caminos hacia la sabiduría” (Sandoval, 1,994).

Justamente la autora guatemalteca Palencia (1999) define con prontitud lo que puede entenderse como pensamiento mito-histórico o COSMOVISIÓN: “conjunto de relaciones y estructuras lógicas y simbólicas de comprensión y percepción y sensación del yo, el mundo y el cosmos. La cosmovisión es y nutre la cultura y las condiciones históricas inciden en su movimiento y sistemas de auto construcción”. Más precisamente Sac (1988), en el ejercicio de la espiritualidad Maya, dice que COSMOVISIÓN es la“explicación del mundo y de la vida acerca de los fenómenos visibles y no visibles que acontecen en el transcurrir del tiempo, en forma individual y/o colectiva; además, comprende los campos sociales, científicos, religiosos, económicos, políticos, etc. de los mayas antiguos y contemporáneos”.

De ahí que un elemento sustancial en la estructura del pensamiento cosmogónico de los Mayas se refiere a concebir o captar con claridad la unidad que envuelve lo físico y lo espiritual, ambos “... enlazados al cosmos de tal modo que juntos forman un todo único, armónico y equilibrado denominado Hunab-ku’ o Hun Rak’an.” Es decir, espíritu y materia conforman dos lados de una misma unidad.

Quizá en forma muy elocuente y en el ejercicio de la simbólica, estos conceptos se pueden encontrar en narraciones de libros Mayas como el Pop Wuj, El Chilam Balam, Rabinal Achi, Título de los Señores de Totonicapán, en cuyas páginas los antepasados entretejieron los momentos fundamentales de la creación y expansión del mundo y sus criaturas. Dentro de este mar de acontecimientos el protagonismo de la relación en la modalidad de red diversa y unitaria, que si bien no es homogénea en su multiplicidad de expresiones, nace de un principio energético fundamental. En este sentido esta construcción contiene la sustentación básica para interpretar y sentir al mundo y el universo, como algo conformado por materia y espíritu; a la vez: lo sensible y lo velado.

“Solamente el Arquitecto, El Formador, el Infinito, El Oculta Serpiente, El creador, El Varón Creado estaba en el agua despejada, ahí estaban ocultos entre el limo, entre el verdor, de lo cual vino el nombre de Ocultador de Serpiente, grandes sabios, grandes pensadores se originaron. Así es pues que el cielo estaba etéreo, pero estaba el espirititu del cielo, he aquí su nombre: Kab’ awil (Doble Mirada)” (Chavéz. 1,997).

Sobre el mismo pasaje se encuentra la traducción realizada por Recinos, (1991): “Solamente había inmovilidad y silencio en la obscuridad de la noche. Solo el Creador, el formador, Tepeu, Gucumatz, los progenitores están en el agua rodeados de claridad. Están ocultos bajo plumas verdes azules, por eso se les están ocultos bajo plumas verdes y azules, por eso se les llama Gucumatz. De grandes sabios, de grandes pensadores es su naturaleza. De esta manera existía el cielo y también el Corazón del Cielo, que este es el nombre de Dios y así como se llama.”

Las citas precedentes evidencian cómo desde su propia génesis, la cultura maya prescribe una identidad muy ligada al cosmos en la figura de un ser creador, pero al mismo tiempo formador, que en algunas comunidades kíches también es conocido como Ajaw; Señor o Nuestro Dueño en la traducción, al castellano. En área Maya-mam la forma lingüística varía, porque en la traducción de Ajaw al castellano equivale a tacuatzin, pero en Mam la palabra correcta es Qajaw, que vendría a tener la misma traducción de Señor o Nuestro Dueño.

En ambas lenguas Kiché y Mam; Ajaw (Kiché) Qajaw (Mam) en la profundidad de su significado refiere al establecimiento de una relación entre “un ser trascendente pero al mismo tiempo inmanente. Nótese la dualidad de funciones: trascendente por ser alguien que no es particular, que no es de naturaleza compleja sino simple; es decir, que es omnipresente sin necesidad de tiempo o espacio. Pero es inmanente porque me conmueve, me da halito, me permite saberlo y conocerlo a través de otros seres y de su obra. Su inmanencia se concreta en haber legado la tierra a los hombres.” (Lima, 1,995)

En la misma dirección Chávez, en su traducción del Kíché al castellano dice en uno de los párrafos del Pop Wuj “... estaban ocultos entre el limo”. Igualmente Adrián Recinos traduce la pluralidad de “. .. los progenitores.” Ambas traducciones confirman el elemento binario como fundamento entre el Creador (Tz’aqol) y Formador (B’ itol); Corazón del Cielo (Ruk’u’x Ya’) y de la tierra (Ruk’ u’ x’ Ulew) exactamente como aparecen en el panteón Maya: Todos en la connotación de unidad cuya ecuación podría ser dos es a uno, cuatro es a uno y veinte es a uno. Tampoco se podria dejar a un lado la importancia de lo binario cuando se refiere a lo masculino/femenino, “...tierra/ cielo, frio/calor, Luna/Sol, agua/fuego, tinieblas/luz, oeste/este, norte/sur,...menor/mayor y épocas de lluvia y épocas secas.” (López, 1,991)

Desde luego que el pre-orden contenido en una especie de vacio, según el Pop Wuj, no se interpreta como algo con carencia de movimiento si no más bien como algo que necesita la interacción de dos o cuatro energías para iniciar el movimiento creacionista dentro del transito de lo virtual a lo material, como se puede apreciar desde la propia génesis. El Universo Maya al fincarse en el concepto de la complementariedad, como lo expresa Daniel Matul “tu eres yo y yo soy tu”, resume en esa frase el aspecto binario de los creadores, los abuelos y los hijos contemporáneos y hacia el porvenir.

Por ello es importante tener en cuenta que los Mayas “formaron un orden divino a semejanza del humano constituido por dioses menores con atributos de mensajeros y sirvientes, más un jefe principal para cada grupo de cuatro deidades (cuatricidad-dualidad-unidad).... para así explicar ... que un solo dios podía tener diferentes aspectos con nombres distintos correspondientes.” (Lima, 1,995). De lo anterior se deduce como los mayas construyeron un pensamiento donde el orden cósmico debería de ser representado de alguna manera en el orden terrestre y es por ello la necesidad de acondicionar un territorio y reproducirlo en sus construcciones majestuosas y ciudades tales como: Tikal, Chichén Itzá, Mayapán, Uxmal etc.

Tratando de reproducir la armonía que se daba en el cosmos, “al igual que el sol nace, muere y renace otra vez en ciclos ineluctables, así también los reyes mayas se suceden unos a otros, sin fracturar la cadena que dota de continuidad y orden al mundo” (Florenscano, 1992) y a la inversa, como lo afirma Ricardo Lima, los dioses para los Mayas tendría que tener un orden humano para también generar ese orden terrestre (material) y el orden inmaterial de las divinidades (Ver anexo 1).

La importancia de la creación para el pensamiento cosmogónico Maya es sustancial ya que el espacio creacionista es esencialmente energético: “.... el principio de vida es la energía, El principio de vida es la madre y el padre, El principio de vida es la semilla, El principio de vida es la flor, El principio de vida es Ajaw” (Mucia, 1,996) Así pues reiteramos que el principio de la creación está dentro de Qajaw, lo mismo que el final también esta representado por este concepto de Qajaw; es decir, principio y final del tiempo y el espacio.

Volviendo al momento de la creación, al momento en que surge la tierra el Pop Wuj expresa la cooperación entre dos divinidades que se ponen de acuerdo para iniciar la instauración “Entonces vinieron juntos Tepeu y Gugumatz: entonces conferenciaron sobre la vida y la claridad, como se hará para que aclare y amanezca, quien será el que produzca el alimento y el sustento. ¡Hágase así¡ ¡Que se llene el vació¡ ¡Que esta agua se retire y desocupe (el espacio), que surja la tierra y que se afirme¡. Así dijeron ¡que aclare, que amanezca en el cielo y en la tierra¡ .... como la neblina, como la nube y como una polvareda fue la creación, cuando surgieron del agua las montañas; y al instante crecieron las montañas....Primero se formaron la tierra, las montañas y los valles: se dividieron las corrientes de agua, los arroyos se fueron corriendo libremente entre los cerros, y las aguas quedaron separadas cuando aparecieron las altas montañas.” (Recinos, 1,991)

En estos pasajes creacionistas el pensamiento maya expone la intervención de importantes, elementos como montañas y valles, a propósito del ordenamiento del espacio y del tiempo. Pues la vinculación de estos a su espiritualidad es sustancial, por cuanto dos seres divinos que se encuentran en un espacio y tiempo determinados, empiezan a generar la dinámica desde un vació energético, en ningún caso ascético, porque sustancialmente puede generar materia, o sea la tierra.

De esta manera, la relación de acontecimientos planteados por el Pop Wuj, concibe antes de la creación de la humanidad el concepto o escenario para su habitación. O sea que antes de crearlo, crearon a los animales, y en forma simbólica al venado y los pájaros, a los cuales se les pide por parte de los formadores y creadores que los invocaran . Pero sigue narrando el Pop Wuj, “No hablaron bien –dijeron entre si-.... y les dijeron –os cambiaremos porque no fuisteis buenos, no hablasteis” (Chavez, 1,997). En el momento que se inicia la misma creación las Divinidades dejaron en claro que “No habrá gloria ni grandeza en nuestra creación y formación hasta que

exista la criatura humana, el hombre formado” (Recinos, 1,991). Ello nos indica que una vez creado el contexto es posible transcurrir hacia la perfectibilidad mediante un proceso donde concurren la prueba y el error como fundamento de la ciencia hasta alcanzar el desarrollo de la conciencia humana, de tal manera que en el pensamiento maya la creación de la humanidad en términos físicos y espirituales no fue instantánea, todo lo contrario. Constituye un proceso de experimentación en lo que podríamos llamar laboratorio divino, donde no ocurre el ansia por la certidumbre o por las verdades absolutas. La creación en ese sentido nada más consiste en un primer momento de todo un proceso evolutivo y trasformador hasta el infinito. Eso es lo que se entiende por divinidad..

Luego surge un segundo momento, cuando se inicia la creación del hombre de barro, pero al igual la anterior encontraron defectos “era flojo, se mantenía estirado, aplastado, agachado y se aguadaba; es decir, se disolvía. No movía la cabeza y la vista fija hacia abajo; no podía mirar atrás girando la cabeza” (Chávez, 1,997) Se encuentra un ser creado, pero con un nivel naciente de conciencia limitada. que aun gestaba su identidad cósmica. En la alegoría Popol Wujiana equivale a la superación de la primera creación aun no hablaba; ahora lo hacia “... pero no tenia entendimiento” (Chávez, 1,997); es decir, no alcanzaba a comprender su propia evolución histórica; “no podía mirar atrás girando su cabeza”, por lo que no encontraria su identidad en el origen mismo del cosmos y la naturaleza. Es decir, que no comprendía que él y la naturaleza son uno y corresponden a una misma unidad: Yo soy tú y tu eres yo.

Como se puede apreciar un elemento importante de la conciencia humana es descubrirse parte de la grandiosidad cósmica y a partir de ello generar gratitud como componente fundamental del Espíritu. Por ello los creadores decían a la humanidad primogenica “..invoquen, que nos den prioridad” (Chávez, 1,997). O sea que lo creado sea agradecido ante sus Creadores y Formadores. Y es por ello que al no haber gratitud, hay señal de estancamiento espiritual. Por tanto se inicia un tercer intento. A partir de la formación de los hombres “...de madera, de madera labrada, que hable, que platique sobre la tierra.” (Chávez, 1,997) pero se vuelven a encontrar con que “...no tenían nada de espíritu, mejor dicho nada de pensamiento, no pensaban en el Arquitecto, en el Formador” (Chávez, 1,997) por lo que este nuevo intento fue destruido.

Una posterior posibilidad de los creadores en el proceso evolutivo de conciencia se resume así: “Dijeron entonces Creador, Varón Creado, Arquitecto, Formador, Tepeu, Oculta Serpiente: Ya llegó el amanecer, que se haga bien la construcción que se revele el buscador de la existencia, la descendencia pura, los verdaderos hijos; que se levante la gente, habitantes de la superficie de la tierra –dijeron-“ (Chávez, 1,997). Así es como para la creación de la humanidad era necesario entonces encontrar el alimento del cual iba a ser formada y el lugar a donde se debía de ir a traer el cereal sagrado, nominado “Paxil, de Cayala” (Recinos, 1,991). Así fue como se encontró el lugar donde estaban las mazorcas amarillas y las mazorcas blancas. Los animales “Yac (gato de monte), Utiu (coyote) Quel (chocoyo) y Hoh (el cuervo) <fueron los que guiaron a los progenitores al lugar>...Y así encontraron la comida y esta fue la que entró en la carne del hombre creado, del hombre formado; esta fue su carne...esta fue su sangre.” (Recinos, 1,991) Aquí hay conjunción del reino mineral, la tierra; del reino animal, (gato, coyote y cuervo), mamíferos y aves; del reino vegetal, el maíz, para la creación de la humanidad. O sea el fundamento de una cultura que para su desarrollo entabla relaciones de correspondencia con este elemento.

Los primeros hombres hechos de maíz fueron cuatro, los cuales se llamaban “Balam K’itz’e (el Jaguar de la Dulce Sonrisa), B’alam Aq’ab’ (el Jaguar Madrugador), Maju Kutaj (el Que no necesita nada), Iq’ B’alam (el Jaguar Luna). Cada uno tuvo su Utz’akat o complemento, el nombre de ellas es: Kaja’ Pa luna’, Chomija’, Tz’unmunja’ , Kakixaja”. (Sac, 1,998)