SANTA MARÍA JALAPA DEL MARQUÉS: 
PUEBLO SEPULTADO POR EL VASO DE LA PRESA ¿PRESIDENTE BENITO JUÁREZ¿

SANTA MARÍA JALAPA DEL MARQUÉS: PUEBLO SEPULTADO POR EL VASO DE LA PRESA ¿PRESIDENTE BENITO JUÁREZ¿

Pedro Maldonado Cruz y Rosa María Mendoza Marín

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1.6 El Proceso de Relocalización

A fines del año de 1957, la Secretaría de Recursos Hidráulicos, inició la construcción de la presa “Presidente Benito Juárez”, pero los habitantes dudaron que los ríos Tehuantepec y Tequisistlán pudieran ser controlados. Los más incrédulos pensaron que las aguas de la presa no abarcarían el pueblo, por eso no le dieron importancia a la construcción. Cuando se iniciaron los trabajos, como la producción era suficiente, únicamente 22 personas originarias del municipio de Santa María Jalapa del Marqués, trabajaron como obreros en la construcción de la presa, los demás permanecieron ajenos totalmente a los acontecimientos.

Fue el año de 1961 en el mes de abril, cuando se recibió la orden de abandonar el lugar, fue así como la prosperidad del granero del Istmo, se paralizó bruscamente. Los pobladores desalojados del pueblo, para que sus tierras fueran inundadas por las aguas del vaso de la Presa Presidente Benito Juárez. Las reuniones realizadas donde se hablaba de una relocalización se hacen una realidad, los habitantes fueron trasladados al lugar que actualmente es la cabecera municipal. Los campesinos del municipio, estuvieron al margen de las decisiones políticas y de los sectores que en ella participaron.

En la Ciudad de Oaxaca, anunciaban: “Concluyen la presa de Jalapa del Marqués pero los vecinos padecen hambre” . En efecto, en el nuevo pueblo todo era incierto, ya se erigían las casas dadas en restitución. Algunos edificios públicos no se habían terminado, como el caso de la sala de conferencias, que les construyeron para la realización del acostumbrado culto religioso, no les construyeron ninguna iglesia. Las calles no estaban pavimentadas, no había alumbrado. Este lugar daba la impresión de ser un pueblo fantasma, las avenidas amplias terregosas, sin ningún árbol que desentonara, con el color gris de las viviendas, los habitantes parecían pequeñas hormigas que iban sigilosas con su carga a cuesta .

La vida adquirió un nuevo ritmo, el futuro era incierto. Debajo de la loma se quedaron los tesoros de la comunidad, la tierra fértil y el agua abundante. A la llegada al nuevo pueblo la gente lloraba de hambre e impotencia, los que lograron traer dinero, tenían para comprar lo que necesitaban para comer, en el nuevo pueblo no había agua ni para beber, la mandaban en pipas desde Tehuantepec .

Para sembrar por vez primera en la zona de riego, los campesinos tuvieron que esperar dos años, a partir del traslado al nuevo pueblo, tiempo en que se concluyó la construcción del canal de riego. Si bien, a algunos campesinos se les restituyeron sus tierras, éstas no fueron aptas para el cultivo de granos que estaban acostumbrados a sembrar. A partir de la relocalización sólo tres cosechas se obtuvieron, sin uso de sustancias químicas para lograr la producción de granos, posteriormente, el maíz creció pequeño y débil, incapaz de llenar “las barcinas de las carretas” con las mazorcas, de la producción obtenida por los trabajadores del campo. Estos, preocupados, llamaron a los técnicos agrícolas, con la esperanza de encontrar el mal que aquejaba la tierra. La respuesta fue siempre la misma, “fertilizantes, son necesarios los fertilizantes” .

En el pueblo de Santa María Jalapa del Marqués, sepultado por las aguas del vaso de la presa, los habitantes estaban dedicados a las actividades agrícolas, con el cambio del pueblo los habitantes, debían ayudarse con otros trabajos, para completar el ingreso, ante la baja productividad de la tierra destinada para el cultivo. No obstante, la pregunta era ¿a qué otras labores dedicarse?. A partir del año de 1961, los diferentes niveles de gobierno no han generado un proyecto que permita generar un desarrollo sostenido en la comunidad.

Paradójicamente la presa no benefició, a la comunidad que desterró, en cambio, ésta transformó en zona de riego al Istmo oaxaqueño, en la década de los años sesenta. Para las personas relocalizadas, el precio que han pagado por vivir en un pueblo diseñado y construido, (Plano No. 2) para la modernidad resulto demasiado alto.

En este proceso de relocalización no les proporcionaron casa a todos los afectados, solamente se construyeron 694 casas, de las cuales 539 fueron catalogadas como tipo 1, por tener una habitación, cocina y baño, con 44.85 m2 de superficie construida, 117 casas conocidas como tipo 2, tienen 2 habitaciones, cocina y baño con 61.00 m2 de superficie construida y 40 casas llamadas tipo 3, tienen 3 habitaciones, cocina y baño con 82.50 m2 de superficie construida. Las construcciones fueron realizadas sus muros a base de blocks de cemento y loza de concreto armado, cuentan con servicio sanitario, agua potable y drenaje.

Algunos vicios ocasionados, por las personas responsables que participaron en el proceso, de construcción y asignación de las viviendas, no les proporcionaron vivienda a toda la población afectada. Ante la problemática social, que se generó con las personas afectadas, las autoridades encargadas de la relocalización del pueblo, tomaron la decisión de indemnizarlos económicamente especialmente, a las personas que no se les había asignado casa. En la ubicación de las personas, en las casas que se construyeron para los afectados, en el nuevo pueblo fue en forma al azar, esto propició que se quebraran relaciones vecinales que implicaban lazos de solidaridad.

Tuvieron que reorganizarse para enfrentar la problemática que generó el cambio, el primer problema a su llegada al nuevo pueblo fue la falta de agua, no tenían ni para beber, y realizar las actividades domésticas. Tenían que esperar que se las enviaran en pipas de Tehuantepec, esta sociedad desplazada estaba acostumbrada al agua abundante, se bañaban y lavaban la ropa en los ríos, acarreaban la necesaria para la realización de sus labores en sus hogares. El proceso de adaptación a su nueva realidad, se realizó con esfuerzo como todas las casas eran del mismo color, cuando salían de sus casas el regreso les generaba el problema ya no encontraban el lugar donde vivían y entraban a domicilios equivocados, fueron algunos de los dramas sociales que se vivieron.

La pérdida del territorio para los pobladores fue grave, implicó la ruptura de equilibrados, procesos de interrelación hombre – cultura – medio de siglos. Quedando como resultado, la pérdida de recursos naturales y la cancelación de multitud de conocimientos, prácticas como el conocimiento del clima y el medio, utilizados como técnicas productivas y estrategias laborales. Acceso a productos naturales, creencias, costumbres, sitios de culto religioso y práctica terapéutica, etc., elementos de gran relevancia para la supervivencia física y cultural de las personas y el fortalecimiento de la comunidad. Quedando sepultado así, el granero del istmo, como se le conocía al pueblo de Santa María Jalapa del marqués, les quitaron a los comuneros 7 794.20 hectáreas para la presa. La población perdió sus tierras en el mes de mayo del año 1961, cuando fueron cerradas las compuertas de la presa para ser llenado el vaso. El decreto de expropiación se publicó el 31 de mayo de 1974, es decir, 13 años después.

Para las personas del pueblo, la relocalización generó sentimientos de impotencia, y aquellas de edad más avanzada, fueron invadidas por la tristeza que sentían por la pérdida de su pueblo; varias fallecieron, a la llegada al nuevo pueblo donde fueron relocalizados. Hasta la fecha, los pobladores aun recuerdan el terruño que los vio nacer y aprovechan cuando baja el nivel del agua del vaso de la presa, para ir al pueblo y llevarles flores a sus muertos.

Esto nos ubica en el contexto de lo que significa para un pueblo perder el lugar que los vio nacer y crecer, porque como dicen los ancianos “Lo que nunca se ha tenido no se desea tanto como lo perdido, la buena tierra y el agua abundante fueron y serán nuestra mayor riqueza”.