LAS POLÍTICAS PUBLICAS EN LA ENCRUCIJADA: POLÍTICAS SOCIALES Y COMPETITIVIDAD SISTÉMICA

LAS POLÍTICAS PUBLICAS EN LA ENCRUCIJADA: POLÍTICAS SOCIALES Y COMPETITIVIDAD SISTÉMICA

Francisco José Calderón Vázquez

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III.2.- El ciclo vital de las Políticas

En la literatura académica la idea del ciclo vital de la política arranca con Lasswell (1956; 1971) quien diseña el esquema de “ciclo vital”, consistente en un curso secuencial por fases, que abarca desde la identificación del problema hasta la evaluación de las políticas. Diseño que con los años resultará el referente básico en la temática. Diversos autores van a redefinir y completar dicho diseño, así Kingdon (1984) propone una secuencia de procesos que incorpora los siguientes pasos: a) definición de la agenda; b) Definición de alternativas para la elección; c) selección concluyente entre las alternativas enumeradas; d) implementación de la decisión. Este esquema será perfeccionado por Hogwood y Gunn (1984) , que plantean un ciclo de nueve fases en el curso vital de las políticas públicas:

1) Decidir qué (identificación de la problemática y definición de la agenda);

2) Decidir cómo abordar dicha problemática (proceso de filtrado de temas-problemas);

3) Definición del problema focal;

4) Proyecciones de Futuro y Pronósticos;

5) Definición de objetivos, fines y prioridades;

6) Análisis de opciones;

7) Implementación, seguimiento y control de políticas;

8) Evaluación y revisión;

9) Continuidad, secuencia o terminación de las políticas

A partir de estas elaboraciones, Pallares (1988), define un ciclo vital de tres fases esenciales: Formulación de las políticas publicas Implementación o aplicación práctica de las mismas y Evaluación de su rendimiento.

Una reflexión previa sobre el esquema cíclico no debería plantear a este instrumento como una suerte de corsé rígido y estricto, única vía de configurar políticas, antes al contrario debería plantearse como una herramienta flexible que permite plantear cuestiones anticipadamente y simultáneamente posibilite su monitorización, de manera que los distintos procesos puedan ser evaluados, y cambiados o ajustados si se detectasen problemas de relevancia.

Entrando en el detalle de las diferentes fases la formulación abarca a su vez cinco pasos :

1) La definición de la agenda política.

2) La definición de los problemas.

3) La previsión.

4) Establecimiento de objetivos.

5) La selección de la opción.

Muy pocas de las reivindicaciones sociales logran trasladarse al campo político, que normalmente resulta impermeable para tales demandas sociales, actuando como una suerte de compartimento estanco. De igual manera, solo alguna que otra logra alcanzar el status políticas públicas. Para que dicha conversión se produzca es necesario que las peticiones o exigencias sociales en cuestión, presenten un perfil particularmente problemático, en términos reales y potenciales, es decir que constituyan lo que Jones (1984) entiende como problema público: “una demanda, una necesidad o una oportunidad de intervención pública”, que requiere para su tratamiento de una acción o intervención pública que provocaría la necesidad imperiosa de actuar sobre las mismas, diseñando una política ex professo para afrontarlas. Dicho perfil problemático, puede venir derivado de una multiplicidad de elementos tales como: el perfil critico de la problemática, perfil amenazador de la misma, perfil de alta emotividad, cuestiones que tengan componentes emotivos, perfil de interés humano, perfil de alta sensibilidad en términos cuantitativos de población, etc.,.

Para Caminal (1996) , autor que resalta el componente socialmente emocional de la temática, “las agendas políticas son más el resultado de la movilización de demandas y presiones que un proceso racional de evaluación de necesidades, valores y objetivos”.

Toda vez definida la agenda política, se procede a la determinación de la problemática sobre la que se pretende actuar. Determinar la problemática, significa por una parte, identificar y deslindar el campo de acción de la política y, además, procurar un conocimiento exhaustivo del mismo. Ello supone la deconstrucción de la problemática, a partir del análisis de la misma, lo que nos indicara sus componentes básicos y esenciales, así como sus raíces y sus secuelas; las causas y consecuencias que se derivan de la misma. La determinación de la problemática de referencia aparece como decisiva en el proceso de configuración de la política, puesto que ésta se pretende como instrumento de superación de la problemática, de ahí que la relación de coherencia entre problemática y política, tenga que ser directa y proporcional.

La subfase de previsión, se refiere a la vocación de futuro con que nace toda política. Es decir, la proyección de futuro que toda política conlleva junto a la idea de pronostico que toda política pública debe contener. Aunque la política se postule como respuesta a una temática actual, ello debe plantearse en términos dinámicos, haciendo entrar al futuro (cuando menos a corto y medio plazo) en el presente, en el sentido de incorporarlo a las previsiones que se realizan en la evolución de una determinada problemática. La previsión supone la visión en perspectiva de una determinada temática, y el análisis de prospectiva de la misma.

La definición de objetivos, es uno de los momentos esenciales del ciclo, puesto que supone la referencia básica de la política en cuestión y el eje a partir del cual se calculan las posibles desviaciones que en el proceso de implementación puedan producirse. Los objetivos o metas que debe perseguir la política, constituyen un referente instrumental decisivo, puesto que, en definitiva estamos construyendo un futuro deseado, a partir de determinadas especificaciones y características. Resulta evidente que alcanzar los objetivos requieren el concurso de muchos elementos (aspectos económicos, descontento popular, problemas políticos, aspectos internacionales, contradicciones gubernativas) que en gran medida escapan al control de los agentes normativos.

Una vez definidos los objetivos debe procederse a la elección de política mas acorde, en coherencia con los diversos aspectos anteriormente reseñados. Puesto que se trata de elegir la opción concreta de política, el componente decisional y el proceso decisorio, resultan decisivos.

Por lo que respecta a la fase de implementación, la mayoría de autores considera que no existe una separación tajante y radical entre la etapa formulativa y la etapa operativa. Seria difícil deslindar con perfección una de otra, de ahí que Barret y Fudge (1981) consideran la implementación “como un continuum de elaboración y acción en el cual tiene lugar un proceso negociador entre aquellos que quieren llevar la política a la práctica y aquellos de los que depende la acción”. La implementación de las políticas públicas corresponde a las Administraciones Publicas, que son encargados y responsables de las mismas.

Por evaluación de políticas públicas, debería considerarse el proceso de monitorización y control de las mismas, en base a las posibles desviaciones de trayectoria en relación a los objetivos y metas establecidos y a los resultados efectiva y fehacientemente alcanzados. Con la evaluación se constata el grado de consecución de las metas predeterminadas, con lo que se ajusta las expectativas existentes con las realidades conseguidas. Dicho ajuste evidenciará los cambios, o modificaciones que en su caso corresponda introducir y realizar.

Con la evaluación se constata si la política y la instrumentación que de la misma se ha realizado es eficaz o no, en cuanto que está produciendo resultados, o no. Cuales son los aspectos aprovechables del proceso de implementación y cuales los desechables. En definitiva, la evaluación, de cara al conjunto del ciclo vital de las políticas, podría ser considerada la fase más relevante por cuanto que evidencia los resultados de la política.