LA ECONOMÍA MEXICANA. CRISIS Y REFORMA ESTRUCTURAL. 1984-2006

LA ECONOMÍA MEXICANA. CRISIS Y REFORMA ESTRUCTURAL. 1984-2006

Hilario Barcelata Chávez

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UNA NUEVA ESTRATEGIA DE DESARROLLO

1995

El economista nativo de un país de la periferia, sin capacidad crítica, que sigue al pie de la letra y con ufana pedantería al autor extranjero, por ilustre que éste sea, se asemeja al lacayo que imita gozoso y grotesco los finos modales de su señor.

Jesús Silva Herzog (padre)

El profundo problema estructural que vive nuestro país desde hace ya varias décadas consistente en su incapacidad para producir los bienes de capital que requiere, se vino a agudizar con la violenta e irracional apertura comercial que se implementó a partir de 1985.

Uno de los logros no alcanzados de la estrategia de sustitución de importaciones es precisamente el no haber podido crear una planta productiva capaz de abastecer el mercado nacional con maquinaria y equipos, para dejar de depender del exterior. No es este momento para discutir las razones de por qué pasó esto. Lo que interesa es el hecho de que en lugar de profundizar esa estrategia se le condenó por ineficiente, se le culpó de todos los males económicos del país y se le sustituyó por una estrategia de apertura comercial que no sólo acabó con lo poco que había en materia de producción de bienes de capital en el país, sino que, además, metió a México en una profunda crisis.

Se sigue insistiendo que la crisis es coyuntural, temporal y pasajera. Se equivocan. El origen de la crisis está en la incapacidad de la economía mexicana para poder producir la base material para su desarrollo. Y ello no es posible en un esquema de apertura comercial.

Esta estrategia global es la que debe ser replanteada. Así, la primera medida que habrá que tomar si realmente se quiere subsanar los errores y aligerar los riesgos de crisis recurrentes es replantear la apertura comercial. Principalmente en lo que se refiere al Tratado de Libre Comercio. Es necesario renegociar las tarifas máximas de arancel que pagan las importaciones, cuotas y permisos de importación. Si es necesario imponer aranceles a aquellos productos importados que ya no lo pagan pero que su presencia daña el desarrollo de la industria nacional.

Es necesario crear un programa serio de impulso a las exportaciones que integre y mantenga en el mercado externo a más empresas nacionales. Programa que deberá basarse en mejorar la calidad y no en ofrecer vía un peso sobrevaluado un precio más atractivo. Programa que debe incluir tanto créditos, asistencia técnica y promoción de los productos en el extranjero. Estas medidas permitirían solucionar el problema del déficit de la cuenta corriente. Causa fundamental de las recurrentes devaluaciones y, por tanto, de las crisis económicas. De la mano de este programa deberá existir otro que fomente el desarrollo de la industria nacional, partiendo de la base de que debe estar más protegida contra las importaciones.

Es indudable que para llevar a cabo estos dos programas es necesario controlar el crecimiento de la tasa de interés e impulsarla a la baja. Ello con el fin de hacer los créditos más accesibles y susceptibles de ser pagados. El gobierno debe intervenir en lograr este objetivo, ya que en particular lo elevado de la tasa de interés se debe a un fenómeno especulativo mas que a una situación real.

La baja en la tasa de interés eliminaría algunas de las presiones inflacionarias producidas por el costo del dinero. De igual forma facilitaría la recuperación de la inversión y también del consumo, sobre todo de aquél que depende del crédito.

Es indispensable indizar la economía para evitar el desajuste entre los precios relativos. Sobre todo el del salario que normalmente es el que más se rezaga. Con ello, se evitaría la quiebra de las empresas por el disparo de los precios y la quiebra que genera la caída de la demanda producto de la caída del salario.

En un momento de emergencia económica creo que sería muy justificable aplicar algún control al cambio de moneda extranjera. Lo justifica el hecho de que por no existir controles, la fuga de capitales ha propiciado una profunda escasez de divisas que ha ocasionado la devaluación. De otro modo de nada servirán los recursos que a modo de préstamo están llegando del exterior. Así como llegan se van a ir si no se establece algún control. En el mismo sentido es importante reflexionar ¿Vale la pena pedir prestado para que los especuladores sigan saqueando al país?

Debe reorientarse la política de compras de las empresas y del gobierno hacia empresas nacionales, como sucedía antes de la apertura comercial. De este modo se impulsaría la reactivación económica, el empleo y el ingreso.

El Estado no puede perder de vista la importancia estratégica que para el desarrollo del país tienen las empresas paraestatales y detener su venta. En el mismo sentido impulsar un proceso de modernización y cambio estructural de las mismas para adecuarlo a las exigencias de desarrollo del país. Es cierto que los recursos por venta de paraestatales han sido muy amplios, pero más vale que lo sepamos de una vez. El llamado Fondo de Contingencia que se creó con los recursos de la venta de paraestatales no sirvió para impulsar el crecimiento económico. Sólo sirvió para pagar las deudas del gobierno. Igual destino tendrán los préstamos que están llegando a nuestro país. Son recursos que se aplicarán a pagar deudas. Por ello sería conveniente reestructurar adeudos de inmediato. Ampliar plazos de pago y de plano declararse en moratoria en algunos casos, antes de seguir en ese perverso proceso de pedir prestado para pagar préstamos anteriores. La deuda crece cada vez más y no es momento de andarse con tibieza.

Creo que es momento que el Presidente Zedillo dé un golpe de astucia, dé un viraje a su política económica hasta hoy comprometida con los grandes grupos económicos del país y del extranjero. Es menester pensar en el pueblo de México y un cambio de estrategia como el que aquí se sugiere no sólo tendría efectos positivos en la economía sino que, además, generaría un acercamiento entre la sociedad y el gobierno y una mayor credibilidad por parte de aquélla. De manera que ofrecería su apoyo al presidente y esto le daría la fuerza suficiente para imponer su programa y crear los consensos con los grupos económicos que podrían oponerse a este plan.

El gobierno debe dejar de ver por los intereses de los grandes grupos económicos que no han hecho nada por México y volver sus ojos hacia una estrategia de verdadero desarrollo y bienestar para todo el país, para lo cual debe renunciar al pasado.