LA ECONOMÍA MEXICANA. CRISIS Y REFORMA ESTRUCTURAL. 1984-2006

LA ECONOMÍA MEXICANA. CRISIS Y REFORMA ESTRUCTURAL. 1984-2006

Hilario Barcelata Chávez

Volver al índice

 

 

 

 

ÚLTIMO INFORME: EL CREDO DEL LIBERALISMO

1 de septiembre de 2000

Soy liberal, dijo el Presidente Zedillo, en lo político y en lo económico. Creo en la libertad irrestricta como condición para el desarrollo. Creo en la libertad económica como el medio más poderoso para acrecentar la riqueza de los pueblos. Creo en el mercado como el mecanismo que trae el progreso. Creo en la justicia como igualdad de oportunidades y creo que propiciar esa igualdad es la tarea de las políticas públicas. Sí, ya lo sabíamos, pero nunca como ahora, fue tan contundente, claro, oportuno y útil el credo presidencial, credo del liberalismo, para entender el país que nos deja el presidente que se va, para entender la profunda contradicción en que nos deja: pobreza extrema y riqueza inconmensurable; crecimiento sin desarrollo; producción sin reparto justo.

El liberalismo del Sr. Presidente explica su sexenio todo, la lógica de sus actos de gobierno, la intencionalidad de sus políticas, sus afanes, sus preocupaciones y hasta la forma en que valora lo alcanzado. Por eso, no le causa conflicto ni arrepentimiento dejar el país como lo deja, con un caudal millonario de pobres que tal vez votaron por él confiados en su slogan de campaña: “bienestar para tu familia” y sólo vieron acrecentar su pobreza, y todos vimos acrecentar su número y su porcentaje en la estadística nacional. Por eso no le causa conflicto ni arrepentimiento dejar al país en medio del dramatismo de una grosera desigualdad económica entre los más ricos de los mexicanos, que están en las listas de los más ricos del mundo y los pobres más pobres que apenas sobreviven (como los más pobres del mundo) con un ingreso de 18 pesos diarios (y casi siempre menos).

No le causa conflicto, ni arrepentimiento, ni le altera el pulso, ni le quita el sueño, porque es un liberal que, como él ha dicho, cree en la libertad irrestricta como condición para el desarrollo y no alcanza a percibir que la libertad sin límites puede resultar “...tan injusta como la libertad física ilimitada, pudiendo llegar a ser el poderío económico casi tan peligroso como la violencia física” como afirma Popper (La sociedad abierta y sus enemigos) o que “...la libertad en el sentido de ausencia de todo control restrictivo, debe conducir a una severísima coerción ya que deja en libertad para esclavizar a los débiles” según Platón en La República.

Como todo liberal, también cree en la libertad de los individuos para participar en los intercambios económicos, es decir, en el mercado, para lo cual hay que darles igualdad de oportunidades a los individuos. Sin embargo, el Sr. Presidente no nos dice, (en un acto de omisión imperdonable) que dicha igualdad implica que todos deben estar en condiciones de satisfacer, aunque, sea mínimamente, sus necesidades básicas, y tener los medios para participar en el mercado exitosamente, es decir para que este les produzca progreso. Si esta condición de igualdad no se da, las personas no pueden hacer uso de esa libertad. Vistas así las cosas, el Sr. Presidente no logró ni más igualdad ni más libertad en México y eso lo sabe porque la desigualdad de oportunidades está dada, (según el liberalismo) por la existencia de pobreza extrema, situación en la que se encuentra, todavía, la mitad de la población de nuestro país.

Sin embargo, aunque se hubiera logrado la igualdad de oportunidades eso no garantiza el mejoramiento del bienestar y el progreso, porque el mercado es generador natural de desigualdades. Esto es así porque, como mecanismo de distribución, bajo condiciones de libertad irrestricta, el mercado tiende a favorecer la concentración del ingreso haciendo más pobres a los pobres y más ricos a los ricos, a menos que existan mecanismos que lo impidan y que aseguren una igualdad en los resultados, es decir en lo que obtiene cada individuo del mercado. Sin embargo el Sr. Presidente no comporta esa idea de igualdad y, de hecho, su credo la rechaza.

Los fantasmas que al Sr. Presidente pudieran llegarle por los muertos de hambre, por los miserables y sin esperanza, por las injusticias, por los desnutridos, por los pies descalzos, serán conjurados, repitiendo el credo del liberalismo y en la soledad antes de dormir, en el sobresalto, ahuyentará la voz que desde la conciencia pudiera increparlo en un reclamo sordo ¿qué has hecho Ernesto?.