LA ECONOMÍA MEXICANA. CRISIS Y REFORMA ESTRUCTURAL. 1984-2006

LA ECONOMÍA MEXICANA. CRISIS Y REFORMA ESTRUCTURAL. 1984-2006

Hilario Barcelata Chávez

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4ª. Parte: TRANSICIÓN DEMOCRÁTICA E INERCIA NEOLIBERAL

2000-2003

DEFLACIÓN: LAS VICTIMAS DE LA ECONOMÍA DE MERCADO

12 de marzo de 2001

Durante el mes de Febrero el Índice Nacional de Precios al Consumidor disminuyó 0.07%. Cifra histórica que provoca júbilo en los medios gubernamentales porque implica un control del crecimiento de los precios. “Buenas noticias”, le llamó Guillermo Ortiz, Gobernador del Banco de México. Sin embargo, quizá no haya mucho que celebrar y sí mucho que lamentar, pues, aunque no lo parezca, el monstruo de la inflación tiene rostro humano. Veamos por qué: La inflación en febrero disminuyó debido a una reducción promedio del 6.5% de los precios de los productos agropecuarios y de un 15% en las frutas y verduras. Entre otros, los productos que redujeron su precio fueron: tomate un 37.8%, limón 23.7%, naranja 7.9%, carne de ave 3.7%. ¿Son buenas noticias? No para los productores de estos bienes, (que en este país son pequeños propietarios de bajos recursos) porque sus ingresos caen junto con los precios y con ellos, sus expectativas de mejoramiento del bienestar y su capacidad para generar empleos. En Veracruz, en particular, hay muchos productores que no están sonrientes por la caída del precio de la naranja o del limón o del tomate. Conozco personalmente a alguien, como muchos otros productores agrícolas veracruzanos, para quien la caída del precio del tomate no fue una buena noticia, porque incluso le hizo perder su inversión.

De hecho la crisis agrícola que vive el estado, se debe, en buena medida, a que los productos de este sector no pueden obtener un mejor precio para sus productos. Ahí está también el caso del café y del azúcar.

Particularmente la causa de la caída de los precios agropecuarios ha sido la mejora en la capacidad productiva, lo que ha propiciado un exceso de oferta. Es decir que a estos productores, por ser más productivos, el mercado los castigó con un precio más bajo. En otras palabras, resulta que cuando mejores condiciones existen para producir más, que se supone es lo que necesita un país, ocurren las peores cosas.

En el caso del tomate, influyó, también, sobre el precio, el hecho de que Estados Unidos, importador tradicional de este producto cerró, la frontera al jitomate mexicano. Por cierto, lo mismo ha ocurrido con el café: la caída del precio se debe a la reducción de la demanda internacional.

A nivel interno, también ha habido una reducción drástica de la demanda de estos productos, lo que ha contribuido a la caída de precios. Esta reducción de la demanda ha sido promovida por el Banco de México a través de una política monetaria restrictiva cuyo objetivo es, precisamente, disminuir la inflación. En otras palabras, las políticas gubernamentales operan en contra de los productores nacionales. Pero no sólo en contra de ellos. La política monetaria que propicia la reducción de la demanda interna, implica una caída del consumo de las personas, particularmente de las personas de bajos ingresos que son las que más demandan este tipo de productos. De modo que la reducción de la inflación se ha conseguido, mediante el sacrificio del bienestar de los consumidores pobres y de los productores pobres, es decir, que la caída del INPC en febrero, fuente de júbilo para el gobierno, se ha conseguido a costa de un alto costo social, para cuyo combate, el gobierno no tiene una política social.

¿Qué hay que hacer? Primero, el combate a la inflación debe darse mediante la reducción de los precios de otros productos que impacten menos a los productores más precarios. En febrero, hubo otros precios que subieron como los servicios médicos, el gasto doméstico, el autobús urbano, los refrescos envasados, y la vivienda, todos ellos proveídos al mercado por empresas con mayor capacidad para afrontar una caída de sus precios. Segundo: hay que fortalecer el consumo, no disminuirlo. En la medida que haya más demanda, se podrán comprar mayores volúmenes de producción y se evitará que haya excesos de oferta que hagan caer los precios. Si la población tuviera mayor capacidad adquisitiva, los precios no habrían caído de la forma en que lo hicieron perjudicando a los productores.

No se trata, desde luego, de que haya inflación, sino de que los precios se mantengan a un nivel que sea redituable la producción para este tipo de productores. Sin embargo, el gobierno ha practicado, con una devoción cuasi-religiosa, esta política de control inflacionario, ignorando que sirve para combatir la inflación cuando es un fenómeno coyuntural (como en Estados Unidos). Sin embargo, no es eficaz para combatir la inflación cuando ésta tiene un origen estructural, como en México. En este caso, el incremento de los precios es provocado por la estrechez del mercado interno, la monopolización de las actividades económicas productivas y comerciales y la incapacidad de los productores pequeños y medianos para responder de modo rápido a la expansión de la demanda.

Mientras estos problemas no se corrijan, estará latente el problema inflacionario y su control pesará sobre el bienestar de la población.