LA ECONOMÍA MEXICANA. CRISIS Y REFORMA ESTRUCTURAL. 1984-2006

LA ECONOMÍA MEXICANA. CRISIS Y REFORMA ESTRUCTURAL. 1984-2006

Hilario Barcelata Chávez

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TECNOLOGÍA, DESARROLLO ECONÓMICO Y ESTADO

11 de septiembre de 1996

Los países de desarrollo industrial tardío, como es el caso de México, se enfrentan, hoy, a un grave problema: la incapacidad de sus economías para generar la tecnología necesaria en sus procesos productivos. Ello implica severos problemas para el desarrollo económico ya que propicia desequilibrios en las cuentas del sector externo, procesos acelerados de endeudamiento externo y pérdida de la soberanía debido a la profunda dependencia económica que esto conlleva.

El problema de un débil o nulo desarrollo tecnológico se deriva de las formas particulares que adquiere el sistema de mercado en estos países caracterizado por débiles y poco competitivas estructuras económicas y un elevado grado de dominio de empresas transnacionales que monopolizan la producción para el mercado interno (consumidores y productores).

El problema radica en el hecho de que este sistema de mercado es incapaz de crear las condiciones necesarias para impulsar el desarrollo tecnológico, tanto por el lado de la oferta como por el lado de la demanda. Es un hecho que ante esta incapacidad (que no se presenta en los países de desarrollo industrial avanzado) la única posibilidad de que ese desarrollo se dé, es a través de una política deliberada por parte del Estado para promover y conducir la producción de tecnología. Así lo prueba la experiencia en muchos países de este tipo y recientemente los importantes avances que han mostrado en su crecimiento económico países como Corea y “Los tigres Asiáticos”. Países para los cuales, la intervención del Estado en esta materia ha asegurado un importante proceso de crecimiento primero aprovechando el mercado interno y luego conquistando los mercados internacionales.

Los países que, como México, han carecido de esta circunstancia, se han visto sometidos a la solución que ofrece para estas economías el sistema de mercado de la economía mundial, que encuadra, subordinándolas en la lógica de su funcionamiento, a las economías más débiles y menos desarrolladas. Esta solución, implica que estas economías no producen tecnología, sino que son las empresas transnacionales que se encuentran en esos países las que se convierten en las únicas generadoras de la mayor parte de la tecnología necesaria, la cual, es producida por ellas mismas e importada desde sus lugares de origen. Por las políticas de reparto de mercados y la monopolización que ejercen, estas empresas no trasladan la producción de tecnología a los países en donde la están demandando, convirtiendo al país en un importador neto de tecnología. Situación que el propio sistema de mercado es incapaz de corregir y que, por el contrario, tiende a agudizar.

Sin embargo, para un país es claro que lograr la autonomía y autosuficiencia tecnológica es la única posibilidad que tiene para asegurar un proceso sostenido, sustentable y equilibrado de desarrollo económico. Por ello la autonomía y autosuficiencia tecnológica se convierten en un objetivo de prioridad nacional. Pero es claro, que este tipo de objetivos no se los puede plantear el sistema de mercado, y tampoco tiene forma de alcanzarlos. Por ello, en la medida que es un objetivo de desarrollo nacional, debe de estar reconocido por el Estado y debe ser éste el que establezca la estrategia y ponga a funcionar y dirija los mecanismos para alcanzarlo.

Parece evidente que en países como el nuestro, la tecnología cae dentro de la categoría de los llamados bienes públicos, porque, si bien no son bienes muy diferentes de los bienes privados comercializables (lo cual constituye una característica de los bienes públicos) si cumplen los requisitos de ser bienes para cuya producción las empresas privadas carecen de estímulos y el de que de no intervenir el gobierno se presenta su escasez.

Así, la intervención del Estado para producir tecnología no sólo se justifica en la medida que ésta presenta particularidades propias de los bienes públicos (de acuerdo a la Teoría de los bienes públicos) sino porque, además, la producción de tecnología puede considerarse como una de las fallas del mercado que la Teoría referente a éstas no ha considerado, pero de acuerdo a la propia noción que sobre ellas dicha Teoría.

Si recordamos que entre los principales obstáculos al desarrollo de nuestro país se encuentran: la enorme deuda externa, los constantes y crecientes déficits externos producidos por el crecimiento económico y la incapacidad para ganar mercados internacionales por la baja competitividad. Y que esto es producto del atraso tecnológico. Entonces resulta evidente y urgente que el Estado debe intervenir cuanto antes para establecer una política de corto y de largo plazo en materia tecnológica, pero, sobre todo, establecer, el desarrollo tecnológico como un objetivo de desarrollo nacional y un compromiso ineludible para el propio Estado.