LA ECONOMÍA MEXICANA. CRISIS Y REFORMA ESTRUCTURAL. 1984-2006

LA ECONOMÍA MEXICANA. CRISIS Y REFORMA ESTRUCTURAL. 1984-2006

Hilario Barcelata Chávez

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SEGUNDO INFORME: INTEGRACIÓN Y SOBERANÍA

1990

El segundo informe del Presidente Salinas de Gortari invita (como casi todas sus declaraciones públicas) a la reflexión y a la crítica.

En principio se observa en éste la reiteración de la llamada Tesis del Cambio, donde los conceptos de modernidad, soberanía, justicia, solidaridad, integración económica y Estado, son definidos o redefinidos de un modo tal que chocan con la realidad a la que aluden. E incluso con la lógica misma del planteamiento general.

Llama la atención el tono reiterativo del discurso pues la posición gubernamental ya es bastante conocida. Sin embargo, dicha reiteración vale para mantener viva la idea que justifica el programa de gobierno que ha producido descontento y pobreza. Pero vale también como un intento más para convencer (a los que aún no están convencidos) que el rumbo que lleva el país es el más adecuado.

Nada nuevo parece haber en el informe y sin embargo leyendo entre líneas podemos encontrar definiciones cuestionables y claras contradicciones.

De entrada el Presidente Salinas aclara y precisa “se moderniza para hacer viable la economía en un entorno internacional de fuerte competencia y, así, generar empleo y oportunidades para todos”. De aquí entonces que los cambios que sufre nuestra economía sean la vía para propiciar su modernización. Pero ni ésta ni aquellos son un fin en sí mismos. Tampoco son instrumentos que directamente vayan a operar para el mejoramiento de las condiciones actuales de nuestra sociedad. Son instrumentos para propiciar la integración adecuada de nuestro país al entorno internacional. Integración a través de la cual será posible mejorar las condiciones internas de la nación. El cambio y la modernización para ser útiles y efectivas deben pasar por el exterior. Como tales sólo tienen significado en tanto condición necesaria para una integración eficiente. Es pues (ahora queda claro) la integración total de nuestro país a la economía internacional, el elemento que, se supone, permitirá alcanzar los objetivos nacionales. Y esto significa hacer depender nuestro desarrollo de factores ajenos y fuera de nuestro contexto. Significa trasladar los centros de decisión sobre el desarrollo nacional al exterior. Es apuntar como condición necesaria para que éste se dé, la existencia y preeminencia del factor externo. Factor que escapa al control y dirección internos y por tanto nos subordina a otros países o procesos sobre los que no tenemos influencia. Eso se llama perder soberanía. El presidente lo sabe y lo anota cuando se refiere a que: “la interdependencia no se opone por necesidad a la soberanía; la supone cuando está fundada en el control y la dirección del cambio interno: “De aquí que no se entienda como, para el Presidente, nuestro país mantendrá su soberanía en la conducción del desarrollo, si este sólo es posible (de acuerdo a su planteamiento) a través de la integración. Siendo que la integración es proceso que supone elementos fuera de nuestro control en su mayor parte. Es decir supone una “...subordinación que para nosotros es inaceptable”. Según las propias palabras del Presidente en su informe. Esta contradicción no tiene, sin embargo, ninguna respuesta en el discurso.

Agrega el Presidente: “no es firme la soberanía fundada en el estancamiento, en la automarginación de los centros internacionales de tecnologías y recursos, bajo el argumento ingenuo de que allá se inventan reglas de intercambio desventajosas para los países en desarrollo. Soberanía nunca significó autosuficiencia y autarquía, falta de influencia o de relaciones”. (El subrayado es mío).

Lo que parece entenderse de aquí, es que la soberanía no alude únicamente a un “control en la dirección del cambio interno”. Se refiere también a la generación de un proceso de desarrollo equilibrado y justo. Así lo establece el Presidente cuando dice “...fortalecemos la soberanía promoviendo la justicia y elevando el bienestar del pueblo.”

La soberanía en este sentido tendría dos vertientes; una hacia el exterior y otra hacia el interior.

Si desde el punto de vista presidencial la integración es condición para el desarrollo nacional, entonces, ésta reafirmará la soberanía interna. La no integración implicará estancamiento y atraso, características de una “soberanía débil”.

Hasta aquí el argumento parece lógico y consistente. Sin embargo parte del supuesto a priori de que la integración no atenta contra nuestra soberanía frente al exterior. No se dice cómo ni por qué. Pero existe el convencimiento de que es un argumento ingenuo el decir que los centros internacionales de tecnología y recursos (esto es, los centros hegemónicos de poder internacional) inventan reglas de intercambio que le son desventajosas a países como el nuestro. Esto se entiende, entonces, dicha soberanía no corre ningún peligro.

Tal afirmación (grave viniendo del Presidente de la República) parece olvidar años de historia que nos han enseñado que el subdesarrollo del país tiene una de sus causas principales en la rigurosa y puntual aplicación de esas reglas cuya existencia ahora se niega. Se olvida o no se quiere reconocer que, por ello, hemos perdido ya nuestro desarrollo.

Pero si efectivamente se cree que la integración del país a los centros de poder financiero y tecnológico no atenta contra la soberanía nacional no se entiende por qué el Presidente afirma lo siguiente en su informe; los países de Europa Central “...experimentan ahora con las instituciones políticas y ensayan audaces estrategias económicas, porque prácticamente ha desaparecido el ejercicio hegemónico de su gran vecino. Pueden aceptar riesgos internos porque ya no tienen en sus fronteras ningún desafío inmediato a su soberanía. No es el caso de América Latina...”. (...) “...nuestra circunstancia geopolítica se mantiene y por ello permanece como propósito fundamental la defensa de la soberanía”. (El subrayado es mío).

¿No es esto un reconocimiento de que el ejercicio hegemónico de nuestro gran vecino (E.U.) implica un desafío inmediato a nuestras fronteras? ¿No significa esto que nuestra soberanía se mantiene amenazada por esa hegemonía? ¿No son esas reglas de intercambio desventajosas las que fuerza a dicha hegemonía y la convierten en un desafío? No son, acaso, esas reglas el instrumento con que nuestro vecino amenaza nuestra soberanía y cuya defensa, por tanto debemos mantener como propósito fundamental?. He aquí otra contradicción sin respuesta.

Dice el Presidente en su informe que quien no se adapte a tiempo a la nueva situación internacional dejará pasar las posibilidades que ésta ofrece y “...se verá obligado a pagar una a una todas las desventajas