LA ECONOMÍA MEXICANA. CRISIS Y REFORMA ESTRUCTURAL. 1984-2006

LA ECONOMÍA MEXICANA. CRISIS Y REFORMA ESTRUCTURAL. 1984-2006

Hilario Barcelata Chávez

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SATURACIÓN COMERCIAL: OTRA CARA DE LA CRISIS

1990

La crisis económica que vivimos actualmente se manifiesta de variadas maneras. Importa aquí resaltar el creciente desempleo producto de la falta de nuevas inversiones productivas. Y el deterioro del poder adquisitivo del ingreso, ocasionado por el constante crecimiento de los precios y el casi nulo avance de los salarios. Estos dos factores se han conjugado para producir un fenómeno muy particular. Fenómeno que por obvio, a veces, pasa desapercibido, pero que es necesario analizar como característica de una economía en crisis. Y que hay que considerar como consecuencia de esta última y causa de su agudización.

La falta de empleo o la existencia de uno mal remunerado ha obligado a un amplio número de personas a buscar nuevas fuentes de ingreso. Para muchos desempleados la solución ha sido lanzarse a las calles con su comercio ambulante. Otros, ya sea empleados con necesidad de completar su ingreso, o desempleados con ahorros producto de sus años de trabajo buscan en el comercio formal la solución a la “quiebra familiar”. Por estas razones ciudades como la nuestra muestran sus calles invadidas por puestos comerciales ambulantes. Y muestran también una prolífica apertura de nuevos y pequeños establecimientos comerciales.

Los que, a pesar de su extenso número no representa una ampliación del mercado en términos de la diversificación de productos o servicios que se ofrecen al público. Por el contrario existe una tendencia a la concentración en giros comerciales tanto en los tradicionalmente explotados como en otros de creciente recreación. Este hecho se explica por el efecto demostración-imitación (copiar ideas ya realizadas y con cierto éxito), pero que tienen su raíz en dos factores primordialmente: el limitado volumen de recursos monetarios para instalarse y un gran desconocimiento acerca de los giros comerciales que podrían ser mas redituables. Esto significa, por una parte, que no se tiene una idea precisa respecto a qué negocio es más recomendable montar en función de los recursos con que se cuenta. Por tal razón muchas personas se aventuran en inversiones que van más allá de sus posibilidades. Por ello las perspectivas de éxito se reducen al mínimo. Pero este desconocimiento se refiere también a la ignorancia de los inversionistas acerca de ciertos aspectos básicos para decidir hacia qué rama comercial orientar sus capitales. Cuestiones esenciales como los niveles de demanda de ciertos productos; el volumen de oferta de los mismos; y la cantidad y área de influencia de los establecimientos que ya los comercializan. Estos son sólo algunos factores de los muchos que se soslayan en el momento de invertir. Y son, por lo mismo, causa de irremediables bancarrotas. Por ello no es extraño encontrar un extendido número de nuevos comercios entre los que se destacan: aquellos dedicados a la venta de alimentos preparados; venta de prendas de vestir; renta de películas en video cassette (Video-Clubs) tiendas de “regalos” y “chácharas”; centro de fotocopiado; y establecimientos con máquinas de video juegos. La mayoría de ellos aparecen en el mercado con la misma velocidad que se desaparecen para, posteriormente, volver aparecer sin una lógica aparente que explique este comportamiento. Aunque esta lógica radica en la falsa idea de que el éxito de un negocio ya establecido puede ser reproducido en otro con características similares. Ello por la creencia subjetiva de que se responde a una demanda lo suficientemente amplia y en expansión. Sin embargo esta creencia no toma en consideración dos elementos reales y contundentes: uno, la solidez financiera que requiere el proceso de maduración de un proyecto (solidez que muchos nuevos inversionistas no tienen).Y dos, que la demanda para los productos o servicios que se intenta comercializar no está creciendo a la misma velocidad que el número de establecimientos que los expenden.

Es más, ni siquiera hay una seguridad de que dicha demanda esté realmente creciendo.

Como la apertura de nuevos negocios responde más a una necesidad de sobrevivencia familiar que a un espíritu empresarial, es lógico que la decisión del cómo, cuándo, dónde y en qué invertir, se ajuste más a preferencias familiares y consideraciones subjetivas que a una evaluación basada en la racionalidad económica.

Sucede entonces que al entrar en operación estos negocios producen una saturación en ciertos giros comerciales (en muchos dado el tamaño del mercado en esta ciudad capital). De tal forma que la mayor parte de estos nuevos establecimientos no logran capturar una demanda adecuada para hacerse rentables. Esto es así, porque la demanda se polariza a medida que crece el número de comercios de un mismo tipo, a tal grado que se obtienen ingresos muy escasos. Ingresos que no permitirán la recuperación de la inversión y, mucho menos, la expansión comercial.

Esta situación se agudiza por la tendencia a la concentración espacial de estos establecimientos en sectores determinados de la ciudad. Lo que es también un producto de una mala decisión al invertir.

Por otra parte, estos nuevos comercios tampoco basan su gestión en principios empresariales. Su administración se lleva a cabo de manera improvisada. Ello porque no existe un conocimiento de los fundamentos gerenciales. Lo que conduce, necesariamente al fracaso. Sin embargo, por operar bajo principios extra-empresariales, la falta de éxito no conduce a una respuesta de carácter empresarial (como sería el cierre definitivo). Por el contrario, como el fin último del negocio es obtener recursos que complementen el ingreso familiar, permanecerán en el mercado en tanto cumplan esa función, por muy escasos que estos recursos sean. La rentabilidad empresarial es, pues, sustituida por el beneficio familiar.

Por estas razones pululan por toda la ciudad cientos de comercios que no tienen futuro, pero no cierran, en tanto cumplen con esa pre-extra-empresarial.

Así, los nuevos comerciantes al entrar al mercado saturando giros y espacios se vuelven víctimas de un proceso generado por ellos mismos.

De otra parte, un elemento que tampoco se valora al invertir, es la posibilidad de hacerlo en un área productiva y no en la comercial. Pero si bien ello produciría mejores resultados, sucede que los individuos buscan siempre una actividad más inmediata. Además, no existe la calificación técnica necesaria en el grueso de la población para emprender una actividad de esa naturaleza. Así, la saturación comercial se vuelve, entonces, un parámetro para medir el grado de desconocimiento de la gestión empresarial y la falta de capacitación técnica para desempeñar un oficio manual. Al mismo tiempo el fracaso de los nuevos establecimientos y su permanencia en el mercado revela el verdadero motivo de la “expansión comercial”, que se reduce a la extrema necesidad de mantener la subsistencia familiar. De esta forma, pareciera, que el crecimiento, amplio del comercio es una manifestación de la recuperación económica. Pero en realidad, ésta, no es sino la evidencia de la agudización de la crisis. Ya que como hemos visto tal crecimiento surge como un mecanismo de defensa ante ella. Y no sucedería si la crisis estuviera cediendo. Ya que ello se reflejaría en más empleos, mejores salarios, precios más bajos y por ende una mejor necesidad de buscar formas, como la descrita, para subsistir.

En conclusión lo que importa aquí no es proponer una “reordenación comercial”. Se trata de mostrar cómo la crisis económica está generando nuevos problemas al presionar a la búsqueda de nuevos mecanismos para afrontarla. Mecanismos que no han sido eficientes y cuya evidencia de que la crisis está lejos de solucionarse.