LA ECONOMÍA MEXICANA. CRISIS Y REFORMA ESTRUCTURAL. 1984-2006

LA ECONOMÍA MEXICANA. CRISIS Y REFORMA ESTRUCTURAL. 1984-2006

Hilario Barcelata Chávez

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1ª. Parte: LA REORDENACIÓN ECONÓMICA 1983-1988

CON UNA CRISIS A CUESTAS

1984

En épocas de grave depresión económica, uno de los sectores de la población más golpeados son sin duda los trabajadores. Ellos como una clase en sí, son quienes invariablemente sufren las graves consecuencias de una política económica recesionista: recorte a los programas de apoyo al bienestar social; freno a los salarios que se quedan muy por debajo de los precios; mayor control de sus organizaciones y foros políticos, y sobre todo una brutal represión no sólo física sino también moral e ideológica (o de dónde si no), viene ese falaz y absurdo optimismo pequeño burgués con que los medios masivos de comunicación y principalmente la televisión, están tratando de ocultar la crisis económica, recetando grandes dosis de “circo” a un pueblo falto de pan.

En épocas de crisis, es cuando las estructuras son las susceptibles de ser trastocadas. Por ello es que, aquí, urgen de un mayor reforzamiento de sus componentes si la clase en el poder quiere mantenerse donde está sin cambio alguno.

Tal es el caso del sindicalismo en nuestro país. A lo largo de muchas décadas, el movimiento sindical ha estado controlado por un Estado que ha sabido manipular sus demandas y controlar y ser guía de sus directrices. Mediante mecanismos ya por todos conocidos, (corrupción de sus líderes, represión física, etcétera) se ha mantenido un equilibrio y estabilidad política como en ningún país se ha visto. Sin embargo, ésta no ha servido sino para velar las contradicciones inmanentes a la lucha de clases, las cuales, si bien no de manera clara han venido aflorando en esta época depresiva.

En época de crisis, las contradicciones latentes se agudizan expresándose en una posición más agresiva de los componentes de la clase obrera, al pelear no sólo por incrementos salariales, sino también reclamando posiciones políticas dentro de la estructura de poder. Un hecho que agudiza tales contradicciones, es precisamente la feroz política económica llevada a cabo por el gobierno, la cual, atenta contra el bienestar social de dicha clase, con sus llamadas “políticas de estabilización”.

Así, el primer round en la lucha de clases lo ha ganado la burguesía. Así, los salarios han sido contenidos en un nivel lo suficientemente bajo para poder elevar la tasa de ganancia. El temor o más bien, la incertidumbre que causó el hecho de que el máximo líder sindical amenazara el año pasado con un paro general para exigir aumentos salariales, se diluyó entre el jaloneo de tantos intereses que la “aristocracia sindical” mantiene con el gobierno y el control que sobre aquélla mantiene el Estado.

Así, la clase obrera se encuentra sujeta y sometida a más de una fuerza explotadora: la burguesía directamente y sus agentes; el Estado y los líderes sindicales, que los enajenan y alienan en la lucha de sus propios intereses al conducirlos a firmar “pactos de solidaridad” que no son sino una burla para la clase desposeída.

El sindicalismo, sin embargo, está despertando de su gran letargo. Las políticas de “shock” del actual gobierno han contribuido a ello. Y no deberá extrañar que dentro de poco, las bases rebasen a sus líderes y la pelea, entonces, comience a ser más abierta y decidida.