LA ECONOMÍA MEXICANA. CRISIS Y REFORMA ESTRUCTURAL. 1984-2006

LA ECONOMÍA MEXICANA. CRISIS Y REFORMA ESTRUCTURAL. 1984-2006

Hilario Barcelata Chávez

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RECESIÓN Y CRISIS AGRÍCOLA

1988

Qué lejos han quedado los tiempos en que nuestro país, gracias a un crecimiento sin precedentes en la agricultura, había alcanzado la autosuficiencia alimentaria. Cuando el sector agrícola crecía a tasa del 6% anual y fue la fuente de recursos sobre la cual se basó el portentoso desarrollo industrial.

Hoy vivimos una realidad distinta, las continuas y constantes transferencias de valor dentro del mismo sector de los estratos campesinos más bajos a las grandes empresas agrícolas y hacia afuera, al sector industrial, aunados a una política lesiva al ejidatario y pequeño propietario proyectaron al país a vivir una de las más fuertes crisis agrícolas que hayan presenciado.

De 1982 a 1986 observamos que la tasa media de crecimiento anual de este sector declina con un 0.76% inferior al 2.8% de incremento demográfico, cuando de 1977 a 1981 había crecido a una tasa anual promedio del 5.9%. En 1986 la caída fue aún más brusca pues declinó en un 4.96% y en 1987 creció un 0.60%.

En este último año la producción de frijol cayó en 3% en el ciclo primavera-verano y de 13.3% en el ciclo otoño-invierno con respecto al mismo período del año pasado. El maíz se redujo 3% y 14.8% respectivamente y el trigo aunque se incrementó 4.6% en el primero se redujo a 8.1% en el segundo.

La consecuencia de esta contracción agrícola ha sido el incremento desmedido de las importaciones en granos, las cuales se incrementan de 2,117,545 toneladas anuales en el período 1971-76 a 7,284,364 en el período 1983-87 que representa más del 20% de consumo interno que evidencia la pérdida de la autosuficiencia alimentaria.

En este fenómeno han influido varios factores, primero el giro en la política agrícola del actual gobierno, que desde sus inicios puso en práctica medidas que estimularon la sustitución de cultivos de consumo interno por cultivos de exportación, en el afán por conseguir divisas para el pago de la deuda externa.

Segundo, la restricción con el gasto público en el sector agrícola (el ejercido por SARH, SRA, BANRURAL, FIRA ANAGSA, etc.), el cual representó en 1986, tan sólo el 52.1% del ejercido en 1981. En el mismo sentido actuó la reducción en la inversión de capital fijo estatal en fomento agropecuario, la cual declinó en un 38.5% con respecto a la de 1981.

Tercero. Los precios de garantía han venido en constante deterioro incidiendo sobre la producción agrícola.

Así el precio de garantía del arroz, cayó un 22% de 1982 a 1987 en términos reales. El cártamo disminuyó 49.7% ; la cebada un 35.3% el frijol 10% y el ajonjolí 6.5% en el mismo período. Así como el sorgo y la soya cuyos precios de garantía cayeron 25% pero el que tuvo una caída más amplia fue el trigo que sufrió una declinación del 56.7%.

La violenta caída del poder adquisitivo del ingreso ha provocado también que la producción agrícola haya perdido su dinámica de crecimiento. Entre 1980 y 1986 el consumo por habitante se redujo en un 29.2%, el de frijol 20.2%, el de arroz en 29.6%. Sobre todo porque aunado a la caída del salario real, los precios de los productos agrícolas se incrementan entre un 300 y 600% entre el precio que obtiene al campesino y el precio final al consumidor, debido al fuerte intermediarismo lo que perjudica gravemente tanto al productor como al consumidor.

Sin duda es momento de plantear una nueva política agrícola, que permita a nuestro país alcanzar la autosuficiencia alimentaria y con ello asegurar que la alimentación de los mexicanos no dependa de los caprichos de los grandes capitalistas extranjeros. Al mismo tiempo asegurará el mejoramiento en el nivel de vida de los campesinos quienes necesariamente se verían beneficiados por una política que los apoyara en la producción para pasar de la subsistencia a la comercialización.

La ceremonia misma ha demostrado que no se puede exprimir impunemente el fruto de trabajo de los campesinos. Todo tiene su precio. La crisis agrícola es la que paga la política que ha privilegiado durante muchos años a la gran empresa capitalista del campo, la mayoría de las cuales son transnacionales o con ligas indisolubles a ellas.