LA ECONOMÍA MEXICANA. CRISIS Y REFORMA ESTRUCTURAL. 1984-2006

LA ECONOMÍA MEXICANA. CRISIS Y REFORMA ESTRUCTURAL. 1984-2006

Hilario Barcelata Chávez

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FOBAPROA: NACIONALIZAR LA BANCA O ASUMIR LOS RIESGOS DE LA PRIVATIZACIÓN

3 de septiembre de 1998

Algo debe quedar firmemente claro. El que paga manda. Si hay que dedicar dinero público a los bancos, entonces que estos regresen a manos del Estado. Si es tan importante su función, que se reconozca constitucionalmente como sector estratégico y lo maneje el gobierno. Después de todo, durante los diez años que estuvo bajo propiedad del Estado nunca hubo una crisis bancaria y sí reportó altas ganancias.

Si como contribuyentes habremos de pagar algo que no gastamos, que, al menos, sea a cambio de la propiedad de los bancos a quienes se les rescató con dinero público.

Y si se quiere que los bancos sean privados, entonces que asuman sus propios riesgos y responsabilidades con su propio capital y no pretendan socializar sus pérdidas.

O bancos estatales y le entramos todos, o bancos privados y que cada quien le haga como pueda.

Suponga Ud. que es accionista de una gran empresa y que un día el director general llega ante el Consejo de Administración (conformado por todos los accionistas) para pedirle que en razón a una emergencia económica de la empresa y para evitar su quiebra, necesita que se le autorice la contratación de un crédito tan grande que duplicaría la deuda de la empresa. El crédito debería ser pagado en los próximos veinte años y su pago requiere, forzosamente, aportaciones adicionales de capital por parte de cada accionista. Suponga, además, que el director le comunica al Consejo que ya firmó los pagarés correspondientes al susodicho crédito, aunque no tenía facultades para hacerlo. ¿Qué haría Ud. como accionista?

Este ejemplo fue utilizado por el diputado panista Juan Miguel Alcántara Soria en una reunión con los empresarios más ricos de México, para ilustrarles cómo ve la Cámara de Diputados el problema del Fobaproa. (Carlos Ramírez, “Indicador Político” en diario Política, 17/08/98).

El ejemplo es muy bueno. Primero, como accionista habría que pedirle al director de la empresa explicar la razón por la cual se tomó atribuciones que no le correspondían, como es contratar un crédito sin la autorización de los accionistas. Autorización que ahora les viene a pedir. Segundo, habría que preguntarle para qué se va a usar el dinero proveniente de ese crédito. Tercero, investigar si son reales y justificadas las razones de emergencia económica que el director argumenta y si, en todo caso, no había opciones distintas, menos costosas, comprometedoras y riesgosas como la contratación de un adeudo tan grande.

Cuarto: fincarle responsabilidades penales por tomarse atribuciones que no le corresponden y despedirlo.

El gobierno de este país ha argumentado que la creación del Fobaproa (la firma de los pagarés en el ejemplo) se hizo para evitar el colapso del sistema financiero que hubiera llevado a una crisis de mayores proporciones. Desde su perspectiva el Fobaproa ha cumplido su cometido (aunque de todos modos estamos al borde del colapso financiero y económico). Por eso, según él, debe mantenerse ese esquema de rescate financiero, asumiendo la deuda. Es decir volviendo permanente lo que estaba en calidad de “mientras”. El problema es que los contribuyentes (los accionistas del ejemplo) no le dieron permiso para firmar los pagarés y tendrán que pagar ese adeudo mediante un mayor pago de impuestos, productos, aprovechamientos, y más altos precios de bienes y servicios que produce el gobierno (la mayor aportación de capital de los accionistas en el ejemplo).

La crisis del sistema bancario ya debería de haber producido, al menos, la renuncia del responsable directo, en este caso el gobernador del Banco de México.

Por otra parte, los contribuyentes quieren saber de quién son las deudas incobrables que el gobierno asumirá como suyas y que, por tanto, los contribuyentes asumirán como propias. Porque de acuerdo a investigaciones que han realizado los partidos políticos de oposición, una alta proporción de los créditos que entraron en el Fobaproa se otorgaron a los mismos dueños de los bancos o sirvieron para financiar la compra de casas de descanso para funcionarios de alto nivel en el extranjero, o para financiar empresas inviables o inexistentes, e incluso, como declaró el ex dueño de Banpaís, para financiar la campaña presidencial del actual presidente de este país.

Pero hay que insisitir una vez más en lo mismo. El problema radicó en que no se observaron las normas legales del caso, para vender los bancos. Los banqueros se dedicaron a realizar un manejo irresponsable con la certeza de que el gobierno salvaría su quiebra en caso de que ésta se diera, pues ningún gobierno arriesgaría la quiebra de su sistema bancario. De hecho ese es el argumento que sustenta la existencia del Fobaproa. Pero uno debe preguntarse varias cosas. Si el sistema bancario es una pieza tan importante de la economía mexicana como para que el gobierno utilice recursos públicos si aquél va a la quiebra.

Primero, ¿cómo es posible que se le vendiera la banca a gente tan irresponsable y con tan poca calidad moral y conocimiento sobre el manejo de ese tipo de empresas?

Segundo ¿por qué vendió el gobierno los bancos siendo que su manejo privado representa un alto riesgo y ese alto riesgo sólo se puede evitar dejándolos bajo el control que sólo el mismo gobierno puede asegurar? Privatizar empresas cuyo desempeño es estratégico para el país como los bancos, no sólo constituye una insensatez, y un error de concepción del manejo de la administración pública. También constituye una falta de visión de Estado de los responsables de conducir este país, y representa un agravio para la gran mayoría de la población, sobre quien recaen, finalmente, las consecuencias de esa insensatez.

Tercero, la creación del Fobaproa y la conversión de sus pasivos en deuda pública representan un gasto tan grande como haber renacionalizado la banca. Al descubrir la delicada situación del sistema bancario debido a los malos manejos, el gobierno, por salud e interés público debió haber vuelto a expropiarlos. De ese modo, hubiera gastado pero, al mismo tiempo, hubiera tenido nuevamente el control de la banca comercial. Hoy, ya gastó, quiere gastar más, y el riesgo que representa para el resto de la economía la quiebra de los bancos, sigue latente.

Es inevitable que el gobierno intervenga ante problemas de esta magnitud. El problema es que su intervención no se dé, de una manera eficiente, responsable y cuidando el interés público. Y sobre todo, que a pesar del costo de la intervención, no se eliminen los riesgos del problema. Algo debe quedar firmemente claro. El que paga manda. Si hay que dedicar dinero público a los bancos, entonces que estos regresen a manos del Estado. Si es tan importante su función, que se reconozca constitucionalmente como sector estratégico y lo maneje el gobierno. Después de todo, durante los diez años que estuvo bajo su propiedad nunca hubo una crisis bancaria y sí reportó altas ganancias. Si como contribuyentes habremos de pagar algo que no gastamos, que, al menos, sea a cambio de la propiedad de los bancos a quienes se les rescató con dinero público. Y si se quiere que los bancos sean privados, entonces que asuman sus propios riesgos y responsabilidades con su propio capital y no pretendan socializar sus pérdidas. O bancos estatales y le entramos todos, o bancos privados y que cada quien le haga como pueda.