LA ECONOMÍA MEXICANA. CRISIS Y REFORMA ESTRUCTURAL. 1984-2006

LA ECONOMÍA MEXICANA. CRISIS Y REFORMA ESTRUCTURAL. 1984-2006

Hilario Barcelata Chávez

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2ª. Parte: DE LA UTOPÍA MODERNIZADORA A LA CRISIS SEXENAL. 1989-1994.

MODERNIZACIÓN INDUSTRIAL Y EMPLEO

1989

Debido a una política proteccionista que creó un mercado doméstico cautivo para miles de empresas nacionales y extranjeras y que por tanto eliminó la competencia tanto interna como externa, el avance tecnológico no tuvo incentivos y se produjo el rezago que hoy es palpable, aunque éste no fue el caso en todas las áreas como la automotriz que responde a patrones de producción del extranjero.

Sin embargo, ésta no fue la única razón del rezago; la constante dependencia de la industria nacional para adquirir los bienes de capital de exterior y el crecimiento de esa dependencia a medida que se avanza en la producción de nuevos bienes, provocó el consecuente atraso y el uso de maquinaria y equipo obsoleto ante la incapacidad de las empresas de renovar sus bienes de capital y la práctica de las corporaciones transnacionales de vender a nuestro país los bienes de capital de desecho (obsoletos en sus países pero aún en buenas condiciones y que finalmente significan una innovación en México). Todo ello aunado a la falta de un programa de desarrollo de tecnología propia y de incentivos a la producción de bienes de capital en el país, ha creado un panorama desolador en cuanto a potencial productivo se refiere. Sin embargo, un último factor de mencionarse dentro de las causas del atraso tecnológico es la presión que han ejercido los sindicatos de las grandes empresas nacionales para defender una política de protección al empleo aunque éste sea improductivo. Tal es el caso de la Compañía Teléfonos de México, la que debido a la radical oposición del sindicato a la modernización generó una serie de atrasos de suma importancia. Según reporta el “Financiero” (9 de mayo de 1989) gracias a esa oposición el 17.7% la población no tiene acceso a servicio telefónico, el 50% de las poblaciones rurales no cuentan con ese servicio, los costos de las llamadas de larga distancia son mucho más caras que en los países que utilizan tecnología más avanzada y lo que es conocido por todos el pésimo servicio telefónico doméstico que está por debajo de los estándares internacionales.

Sin duda uno de los riesgos más graves de la modernización tecnológica es el desempleo que genera, situación preocupante en un país como el nuestro en donde existe ya un elevado índice de desempleo y la población es muy elevada. No es posible por ello plantear una modernización a fondo sin pensar en las terribles consecuencias que esto traería para el empleo de miles de mexicanos, pero tampoco es posible sacrificar el desarrollo del país en aras de la defensa a ultranza del empleo aunque éste sea ya improductivo.

Esta es la situación que prevalece, por ejemplo, en los países socialistas, en donde existe pleno empleo. Pero su productividad es muy baja. Lo mismo sucede en nuestro país, en donde una gran cantidad de plazas se mantienen abiertas sin que en realidad su productividad lo justifique. Los países socialistas han vuelto sus ojos a la modernización tecnológica y lo mismo hace ahora México, lo importante en este caso es no plantear la disyuntiva de modernización VS empleo porque entonces es difícil llegar a un planteamiento de alternativas adecuadas.

La discusión teórica se ha centrado en este proyecto y han surgido tesis muy importantes como la planteada por Dobb y Srn en su conocido Modelo en donde recomienda el uso de tecnologías avanzadas para obtener altas tasas de crecimiento económico, suponiendo que aunque en un principio se sacrifica el empleo y por tanto el consumo de la población en favor de la acumulación de capital, en el largo plazo a cierto nivel de impulso provocado genera un ingreso de tal magnitud que la pérdida de empleo y consumo se ven compensadas y el país tiene un nivel más alto de desarrollo. Al mismo tiempo rechazan la posibilidad de utilizar tecnologías intensivas en mano de obra pues ésta, aunque en el corto plazo genera fuertes volúmenes de empleo, en el largo plazo no genera un ingreso suficiente para mantener en constante crecimiento ni el empleo ni la economía en su conjunto.

Kalecki y Dobrska han criticado este modelo conceptual principalmente porque se basa en el uso de tecnología importada, cuyos precios se encuentran constantemente al alza, mientras la posibilidad de importarlos por parte de los países atrasados se va reduciendo en la medida que se deterioran los términos de intercambio y hacen depender la vigencia de ese modelo de la existencia de créditos externos y del uso de inversión extranjera, hechos que necesariamente van limitando la posibilidad de impulsar al crecimiento económico. Además el punto en el que el uso de esa tecnología comienza a compensar la pérdida de empleo en el corto plazo no se haya definido y puede ser que tarde mucho tiempo en encontrarse. Sin embargo, el empresario no opta por una modernización tecnológica, es decir, no opta por una sustitución de trabajo por capital, sino hasta que pierde competitividad con sus sistemas productivos o hasta que el precio de la fuerza de trabajo se eleva a tal nivel que le es más barato invertir en nuevos sistemas productivos eliminando fuerza de trabajo.

En nuestro país no ha pasado lo segundo, la mano de obra hoy es más barata que nunca, pero la fuerte competencia del exterior obliga a utilizar tecnología más avanzada y por tanto sustituir fuerza de trabajo con capital.

Por tanto la urgente modernización no está respondiendo a las necesidades naturales de expansión del país, sino a una situación creada “artificialmente”. Pues hay que estar conscientes de que es cierto que no tenemos la misma capacidad y cultura tecnológica que los países desarrollados y por tanto es absurdo querer ponernos al parejo de ellos mediante ciertas medidas que sólo han exacerbado las contradicciones de nuestro sistema y han puesto de manifiesto que hay que avanzar poco a poco y no a grandes saltos. Cierto es que hay sectores en los cuales es impostergable la modernización como en Teléfonos de México, y también es cierto que si la obsolescencia de los sistemas se dio por no avanzar conforme surgían los requerimientos del desarrollo, también es cierto que querer “quemar etapas” para poner al país al nivel de los demás países desarrollados es una medida que debe meditarse, pues los cambios deben ser graduales para que los ajustes no provoquen problemas graves.

Desgraciadamente la política de “modernización a fuerza” implementada por el gobierno no da opción ya para un reacomodo gradual y concertado con los agentes económicos. Porque, como lo dije en mi anterior comentario, desgraciadamente no es posible querer vivir en una realidad que no hemos sabido construir.