LA ECONOMÍA MEXICANA. CRISIS Y REFORMA ESTRUCTURAL. 1984-2006

LA ECONOMÍA MEXICANA. CRISIS Y REFORMA ESTRUCTURAL. 1984-2006

Hilario Barcelata Chávez

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DEUDA CONTRA CRECIMIENTO: LOS RECURSOS FINANCIEROS EN LA CRISIS

27 de abril de 1995

Ante el aparente control de la inestabilidad financiera vivida en los últimos meses, el gobierno de la República ha expresado, con cierto triunfalismo, que la crisis ya está cediendo y que los signos vitales de la economía se recuperan. Por desgracia todo es apariencia porque en realidad los problemas siguen siendo y haciéndose más graves. Según el columnista Gustavo Lomelín (El Financiero 17-4-95) a la fecha México ha dispuesto de 7,800 millones de dólares de los 17,800 millones del préstamo otorgado por el Fondo Monetario Internacional y 5,200 millones de los 10,000 prestados por el Departamento del Tesoro y la Reserva Federal de Estados Unidos.

Hacia junio de este año sólo podrá disponer de los 4,800 millones de dólares restantes del último préstamo mencionado ya que los restantes 10,000 del otro préstamo sólo estarán disponibles hasta fines de julio.

Si a estos 4,800 millones se le suman los 6,800 millones de dólares de reservas internacionales el total disponible a fines de junio será de 11,600 millones. Esa cantidad deberá ser utilizada para pagar cerca de 9,000 millones de dólares en Tesobonos, Certificados de Depósito, líneas interbancarias, y deuda pública y privada.

Ello significa que a fines de junio las reservas se ubicarán en cerca de los 2,600 millones de dólares. Cantidad insuficiente para hacer frente a cualquier compromiso externo.

Es cierto que no estamos considerando la entrada de dólares por concepto de exportaciones pero en realidad no habrá entrada neta porque los ingresos por este rubro se nulifican con el pago que hay que hacer por importaciones.

De modo que a mediados de año la situación financiera del país será muy delicada.

Ello sin contar que la deuda externa ha crecido considerablemente y llegó a los 140,147 millones de dólares. Ello implica un pago de intereses cercano a los 14,000 millones de dólares anuales. Cantidad que no podrá ser cubierta con el nivel de reservas de divisas tan bajo y un flujo cada vez más reducido de inversiones extranjeras.

El problema de la falta de disponibilidad de divisas tiene un fuerte impacto en la capacidad productiva del país. Si no hay divisas, no se podrá reactivar la importación de insumos y bienes de capital necesarios para el funcionamiento y reactivación de la planta productiva del país. Ello significa que la utilización que se le está dando a las divisas para cumplir con el pago de las deudas está imponiendo un escenario fuertemente recesivo. Ello porque la economía no podrá crecer mientras no haya divisas disponibles. Y, como ya vimos, no se ve para cuando vaya esto a suceder.

Desde luego, si la planta productiva no se reactiva se profundiza la crisis porque no sólo se dejan de crear empleos sino que, además, se mantiene la reducción de puestos de trabajo. A tal grado de que en la actualidad existen ya, más personas en la economía subterránea que dentro de la economía formal. 21 millones 507 mil en la primera contra 15 millones 243 mil en la segunda. (El Financiero 19-04-95. pag.3A). Esto significa que es mayor el número de personas que viven del subempleo y con ingresos por debajo de lo necesario para subsistir adecuadamente y sobre todo sin capacidad para ejercer una fuerte demanda que reactive el mercado interno.

Cuando surgen opiniones respecto a una moratoria de pagos temporal se está pensando, precisamente, en el hecho de que si los escasos recursos financieros que existen se destinan a pagar las deudas, se pone en juego el futuro del crecimiento económico del país.

Así, crecimiento contra deuda se convierte en una disyuntiva que hay que resolver considerando las necesidades y los anhelos de la población nacional más que los intereses de los capitalistas extranjeros.

Declararse en moratoria temporal podría generar el repudio del sistema financiero internacional, pero no hacerlo propiciará una imposibilidad para reactivar la economía nacional y agudizará profundamente el problema de la pobreza, dejando sin expectativas de mejoramiento en el corto plazo a casi toda la población nacional.

La decisión tiene un trasfondo financiero, pero también uno de tipo ético que alude a los valores, principios y objetivos supremos del Estado Mexicano que tienen que ver con la justicia social. La decisión sobre lo que se hará definirá el valor de ese trasfondo ético y, desde luego, el tipo de compromiso que tiene hoy el gobierno del país con sus gobernados.