LA ECONOMÍA MEXICANA. CRISIS Y REFORMA ESTRUCTURAL. 1984-2006

LA ECONOMÍA MEXICANA. CRISIS Y REFORMA ESTRUCTURAL. 1984-2006

Hilario Barcelata Chávez

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LAS PRIVATIZACIONES DE FOX Y EL CONSENSO DE WASHINGTON

25 de agosto de 2000

La razón del discurso vacío de Fox en la noche del 2 de julio no es que no tenga nada que decir, sino que no quería decir nada para no entrar en conflicto con una u otra parte de su heterogéneo electorado. Ya se sentará en la silla y a los ingenuos les hará saber quién manda.

Adolfo Gilly

En el extranjero, precisamente en Canadá y frente a empresarios canadienses Vicente Fox propuso ¿prometió? una apertura completa para la inversión privada en el sector eléctrico y en la industria petroquímica, o sea, su privatización total. Porque, según dijo, esto es un instrumento necesario, ¿urgente? para modernizar esos sectores productivos y cumplir las metas de crecimiento económico. Dos hechos saltan a la vista con estas declaraciones de Fox. Primero, Fox falta a su palabra. Durante su campaña promovió la idea de no estar a favor de la privatización de estos sectores que hoy son manejados por el Estado. Segundo, Fox utiliza para justificar y convencer de la necesidad de privatizar la electricidad y el 51% que falta de la petroquímica, los mismos argumentos que utilizó el gobierno príista de Ernesto Zedillo, es decir: Falta de recursos financieros del Estado, requerimientos de tecnología que sólo podrán darse con la participación privada, obsolescencia de las plantas existentes, riesgo de no cubrir la demanda futura. Por supuesto, argumentos que no se sostienen después del análisis porque el Estado puede mejorar sus empresas, modernizar su tecnología, encontrar recursos para reactivar la inversión. Es una cuestión de voluntad, no de capacidad financiera.

De modo inmediato los líderes empresariales mexicanos desbocaron su apoyo y advirtieron ¿exigieron? una actitud “madura” de parte de los legisladores, quienes tendrán que aprobar dicha apertura. Se entiende, claro, que si rechazan la propuesta de privatización, su actitud será “inmadura”, porque, ¿qué mayor inmadurez puede haber en este país que pensar de un modo distinto al de los empresarios y al del gobierno?. Advertencia, por cierto, planteada en el mismo tono en el que, en de febrero del año pasado, el Presidente Zedillo acusara de ignorantes y dogmáticos a aquellos que se oponen a la privatización de la industria eléctrica. (El Financiero, “Zedillo vs ignorantes del 27 y 28”. 19/02/99). Por desgracia, algunas personas piensan con independencia y eso, además de ser “inmaduro”, puede resultar incómodo. Nada como el “pensamiento único”, razonan algunos líderes empresariales y gobernantes, o todavía mejor, “el no-pensamiento”. Eso acabaría con las terribles controversias y favorecería la armonía social.

Según se ve el proyecto foxista representa la continuidad absoluta con el proyecto neoliberal originado en los ochentas. No es una sorpresa, hay que recordar que durante el sexenio pasado, el PAN reclamó, con insistencia, como suyo el proyecto salinista. Fox como se advirtió antes, llevará a cabo la segunda generación de reformas formuladas por el programa económico internacional de corte neoliberal elaborado en 1990 por el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, el Congreso de los EU y la Reserva Federal y conocido como “El Consenso de Washington”: (la primera la realizó Salinas y Zedillo) Así, siguiendo esas “sabias” y “maduras” recomendaciones lo que queda del patrimonio nacional pasará a manos privadas, electricidad, petróleo, educación, protección social, etcétera.

No es sorprendente que esto suceda el mismo Fox declaró hace tiempo, que su política macroeconómica sería la misma que la de Zedillo y Salinas. Incluso trabajará con algunos de los que fueron y son todavía funcionarios de gobiernos príistas.

El problema con la privatización es contundente: el Estado pierde la soberanía sobre el desarrollo del país. Una vez que ciertas actividades productivas se encuentran en manos privadas, el gobierno se queda sin mecanismos reguladores y pierde totalmente su capacidad “... fomentar el crecimiento económico y el empleo y una más justa distribución del ingreso y la riqueza”, tal como lo señala la Constitución en su artículo 25º. De hecho, las consecuencias del proceso reprivatizador apuntan, todas, a una violación a este precepto constitucional, porque, precisamente, impiden que el Estado pueda seguir asumiendo la responsabilidad de alcanzar los objetivos que el mencionado artículo establece. Y si el Estado ya no puede asumir esa responsabilidad, entonces el pueblo ha perdido soberanía.

La privatización es el signo de Vicente Fox, mal que se crea lo contrario porque se está en un error. Aquellos que llenaron las plazas y las calles con su nombre y sus colores, quienes contribuyeron con su voto a llevarlo al poder en nombre de la alternancia no sólo quedarán defraudados, también sufrirán las consecuencias.