LA ECONOMÍA MEXICANA. CRISIS Y REFORMA ESTRUCTURAL. 1984-2006

LA ECONOMÍA MEXICANA. CRISIS Y REFORMA ESTRUCTURAL. 1984-2006

Hilario Barcelata Chávez

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LA FALACIA DEL CRECIMIENTO ECONÓMICO

18 de agosto de 2000

En un escenario en el que la población sigue identificando como problemas graves el desempleo, los bajos salarios, la pobreza y la capacidad ociosa en las empresas, significa muy poco el espectacular crecimiento del 7% de la economía durante el segundo trimestre del año. O más bien, significa que los logros macroeconómicos están muy mal repartidos y que, en todo caso, ese crecimiento sólo beneficia a unos cuantos.

Efectivamente, en virtud de la orientación de la economía mexicana hacia el exterior, en los últimos años, su crecimiento ha estado ligado a aquellos sectores dinamizados por el proceso de globalización. El problema es que estos sectores tienen un escaso o nulo impacto sobre la economía interna del país, y por tanto, sobre la mayoría de las empresas mexicanas y sus trabajadores, de modo que su dinamismo no genera un proceso de mejoramiento material en las grandes mayorías del país. Así, no importa cuánto o qué tan rápido crezca la economía, mientras lo haga basado en los sectores mencionados, el resultado será el mismo.

Para corroborar este hecho podemos observar cómo ha sido el comportamiento del Producto Interno Bruto (PIB) desagregado por grandes divisiones. De este modo es posible observar que las actividades más dinámicas de 1993 a la fecha han sido el transporte, almacenaje y comunicaciones con una producción superior en un 51% con respecto a la de dicho año; la industria manufacturera, cuya producción actual es mayor en un 44%; la electricidad gas y agua un 39%. Valores superiores al crecimiento que muestra el PIB total que es superior en un 23% con respecto a 1993. Esto significa que el crecimiento del PIB se explica a partir del dinamismo de los sectores productivos mencionados. De hecho la tasa de crecimiento promedio de este período para estos sectores es de 6%, 5.6%, y 4% respectivamente. Tasas superiores a la del PIB que es de 3.3% para el mismo período.

En cambio, aquellas actividades ligadas al mercado interno, y que más impactan sobre el nivel de vida de la población mexicana, mostraron un comportamiento menos significativo. Esto revela que dichas actividades están sujetas a un dinamismo distinto y, por tanto, no comparten la expansión productiva. Así tenemos que la producción actual del sector agropecuario es un 7.2% menor a la existente en 1993, lo cual habla de un gravísimo retroceso en una de las actividades productivas de la que más personas dependen. De igual modo, la minería apenas muestra una producción superior en un 15% con respecto a la de hace siete años. Lo mismo sucede con la del sector construcción que es superior apenas en un 9% y la del sector de servicios comunales, sociales y personales que es del 10%. Todos estos sectores, se identifican con la dinámica interna del país, porque de ellos depende en mayor medida el empleo y el nivel de ingreso de la mayor parte de la población (productores agropecuarios, empleados, burócratas, profesores, etc). El crecimiento del producto en estos sectores es, en todos los casos, inferior al del PIB total y sus tasas de crecimiento también lo son, pues el sector agropecuario apenas logra crecer un 2.1% en siete años, la minería un 2.3%, la construcción un 1.4% y los servicios un 1.5%. En consecuencia el crecimiento espectacular del PIB es engañoso porque oculta una problemática que se agudiza sin soluciones a la vista. Problemática que al visualizarla no hace sino revelar la existencia de dos Méxicos distintos y cada vez más distantes. El México de la globalización y los grandes negocios y el México de los empresarios con empresas que no venden, de los trabajadores que viven con sueldos miserables, de los desempleados. El México que paga las consecuencias de la falta de visión y capacidad de sus gobernantes.