LA ECONOMÍA MEXICANA. CRISIS Y REFORMA ESTRUCTURAL. 1984-2006

LA ECONOMÍA MEXICANA. CRISIS Y REFORMA ESTRUCTURAL. 1984-2006

Hilario Barcelata Chávez

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LA DEVALUACIÓN. EL FRACASO NEOLIBERAL

1995

La devaluación del peso frente al dólar y la crisis derivada de ésta ponen en evidencia el rotundo fracaso de la política económica neoliberal implementada desde principios de los ochentas y la triste conclusión de que los sacrificios y esfuerzos realizados por los mexicanos durante doce años no sirvieron para nada.

La devaluación era inevitable. El nivel de reservas de divisas empezó a disminuir desde principios del año pasado como consecuencia de un flujo cada vez mayor de divisas al exterior y una corriente de ingreso cada vez menor.

Este que no es sino un problema coyuntural se deriva de uno de carácter estructural que tiene que ver con la capacidad productiva de la economía mexicana.

De siempre, la economía nacional ha necesitado de un volumen amplio de importaciones para solventar su crecimiento. Y a medida de que éste es mayor, como una consecuencia lógica las importaciones crecen. Ello se debe principalmente al hecho de que en nuestro país no existe una industria desarrollada a tal nivel que produzca la maquinaria y los bienes intermedios que se requieren para la producción de bienes finales. Como consecuencia hay que importarlos.

El problema no sería tan grave si los bienes que exporta nuestro país representaran el mismo volumen que el de los importados y crecieran a ritmos mas o menos iguales. Por desgracia el atraso de la industria propicia que las exportaciones sean siempre menores que las importaciones, sobre todo en periodos de crecimiento económico. De modo que el ingreso por exportaciones no alcanza a cubrir los pagos que hay que hacer por las importaciones. Esta diferencia a favor de las importaciones conocida como déficit en la balanza comercial, necesariamente debe ser cubierta por algún medio, pues significa dólares que hay que pagar al extranjero. La forma en que se cubre o se financia es a través de las entradas de capital extranjero ya sea vía deuda o inversión. La cual a su vez puede tener dos destinos: la inversión productiva o la inversión en la bolsa de valores (especulativa).

El esquema de liberación comercial promovido por el gobierno anterior propició un amplio crecimiento de las importaciones y transitó sin ir acompañado de una efectiva política de promoción de las exportaciones. La consecuencia es que en 1994 el diferencial entre exportaciones e importaciones generó un déficit de cerca de 28 000 millones de dólares (md).

El gobierno, preocupado por financiar el déficit puso especial énfasis en atraer capitales principalmente por la vía de ofrecer una elevada tasa de interés. Por ello la mayor parte de los ingresos de capital extranjero en los últimos años se dio principalmente en el terreno de la compra de acciones y títulos de crédito.

Por desgracia el financiamiento del déficit empezó a depender cada vez más de ese capital sin que nada pudiera evitarlo. Y es una desgracia puesto que ese tipo de inversiones es muy volátil. Fácilmente se van y se mueven en base a principios especulativos (búsqueda de alta rentabilidad y factores de estabilidad financiera).

A principios de 1994 el nivel de reserva de divisas (la diferencia entre déficit comercial y entrada neta de capitales) era elevado. Se calcula que cercano a los 25 000 md. Pero la inestabilidad política que empezó a vivir nuestro país preocupó a los inversionistas que detuvieron su flujo de capitales y lo dirigieron a países que, al mismo tiempo empezaron a ofrecer mejores rendimientos.

El efecto combinado de inestabilidad política y lo atractivo de otros mercados significó una reducción en la entrada de divisas y una salida masiva de ellas. Ello necesariamente impactó el nivel de reservas, principalmente porque, mientras las divisas se fugaban el déficit comercial crecía.

El tipo de cambio peligraba ante esta situación. Una vez que los niveles de reserva de divisas son muy bajos la demanda de dólares puede superar fácilmente a la oferta y propiciar una devaluación. Pero el gobierno salinista se había propuesto como una meta de la política económica mantener el tipo de cambio. Sobre todo para dar certidumbre a los inversionistas extranjeros. Por tal motivo a pesar de las presiones propiciadas por la fuga de capitales, siguió vendiendo dólares de la reserva del país para evitar la devaluación.

La situación se volvió insostenible cuando la decisión de ampliar la banda de flotación desbocó la demanda de dólares por la incertidumbre que provocó entre los inversionistas extranjeros que no esperaban tal decisión gubernamental. Pero también por los afanes especulativos de muchos inversionistas nacionales.

El Banco de México se quedó sin dólares. La demanda de estos superó rápidamente su oferta. Y como en toda transacción comercial, cuando eso sucede el precio se incrementó. El precio del dólar se elevó.

Tal vez la devaluación pudo haberse evitado buscando apoyos crediticios del extranjero para solventar la escalada especulativa.

Tal vez aun devaluando no se hubiera desatado la especulación de haberse hecho las cosas de otra manera. Pero el ajuste en la banda de flotación se hizo sin control sobre la especulación y sin consenso.

Cierto es que nada de esto sucedería si el problema estructural de la economía no existiera y el país fuera capaz de producir la mayor parte de sus requerimientos y sus exportaciones fueran más o menos la misma cantidad de sus importaciones. Por desgracia la política económica del gobierno anterior no sólo no impulsó a la industria nacional (lo que hubiera impulsado las exportaciones y evitado ese volumen tan alto de importaciones) sino que provocó su deterioro y quiebra con la violenta apertura comercial (lo que desbocó la demanda de importaciones y con ello el déficit comercial).

Una política equivocada que vio más hacia afuera que hacia el interior propicia hoy una devaluación que, entre otras cosas, nos pone al borde de una recesión con inflación que augura tiempos muy difíciles por venir.