LA ECONOMÍA MEXICANA. CRISIS Y REFORMA ESTRUCTURAL. 1984-2006

LA ECONOMÍA MEXICANA. CRISIS Y REFORMA ESTRUCTURAL. 1984-2006

Hilario Barcelata Chávez

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LA DEUDA INTERNA. UNA BOMBA DE TIEMPO

1989

Como producto de la elevada proporción que destina el gobierno, del presupuesto público, al pago de la deuda externa, (74% del total) y como efecto de la indefinición en la negociación de dicha deuda con los bancos acreedores internacionales que se niegan a desembolsar nuevos créditos. Así como también, como producto de la cancelación de mecanismos de financiamiento como el encaje legal exigido a los bancos, que se redujo del 90% al 10% sobre sus depósitos y ante la imposibilidad de incrementar sus ingresos por la vía del aumento de los bienes y servicios que el Estado produce, dado el compromiso adquirido en el PECE; el gobierno mexicano ha tenido que recurrir, cada vez con mayor urgencia, al crédito interno para financiar el gasto público.

La deuda interna (D.I.) está compuesta principalmente por títulos de deuda que emite el gobierno y que se comercializan dentro de la economía bajo una tasa de interés específica y variable y a un período de tiempo determinado. Estos valores gubernamentales toman la forma de Certificados de la Tesorería (CETES), Bonos de Desarrollo (BONDES) y Pagarés de la Tesorería (PAGAFES) y constituyen el 57% de la deuda interna del gobierno, el resto está constituido por Petrobonos, aceptaciones y captación tradicional.

En los últimos meses el volumen de comercialización de estos títulos de deuda se ha incrementado considerablemente en el mercado financiero nacional, por la necesidad de recursos por parte del gobierno, factores ambos (volumen y necesidad) que han impulsado el crecimiento de las tasas de interés de manera muy amplia, de tal manera que los CETES, por ejemplo, durante este mes de junio han alcanzado una tasa promedio de 57, 83%. Pero estas tasas de interés tan elevadas, son también producto de la necesidad de retener el ahorro interno y evitar que, por falta de estímulos, se dolarice.

En los últimos años, en consecuencia, la deuda interna ha tenido un crecimiento espectacular y el pago de intereses de la misma se ha convertido ya en un serio problema para las finanzas públicas. Según podemos ver en el cuadro 1, dicha deuda se ha incrementado, de 1984 a Marzo de 1989 en 113.7 billones de pesos (bdp), lo que equivale a un 2 232% de incremento, esto es, una tasa de crecimiento promedio anual de 558%.

DEUDA INTERNA EN MÉXICO

Enero-marzo 1984-1989

En 1988, la D.I. fue, como podemos ver en el cuadro de referencia, de 108.9 bdp y representó un 27.8% como proporción del PIB. Así también, vemos que de 1984 se pagaron un total de 105.3 bdp. de intereses de dicha deuda, lo que en promedio equivale al 10.2% del PIB del período. El panorama para este año se ve, también, seriamente grave ya que en los tres primeros meses de 1989 la deuda creció 9.7 bdp., esto es, un 9% sobre el saldo del año pasado, sumando un total de 118.3 bdp., aunque, según estiman algunos analistas, ya en este mes de junio suma 130 bdp.

En este primer trimestre del año, el gobierno ha tenido que pagar por concepto de intereses la cantidad de 12.5 bdp., los que siguen aumentando peligrosamente, en tanto la tasa de interés sigue al alza, sin que el gobierno encuentre un mecanismo para detenerla.

La situación se torna más grave cuando observamos que a partir de 1987 los intereses pagados han sido mayores que el endeudamiento neto, lo que quiere decir que se está pagando más de intereses que lo que se está recibiendo como endeudamiento neto. Así, por ejemplo, en 1987, el endeudamiento neto fue de 28.4 bdp. y los intereses pagados de 29.5 bdp.; en 1988 de 44.7 bdp. y 49.0 bdp. respectivamente, y en el primer trimestre de 1989 de 9.7 bdp. y de 12.5 bdp en los rubros mencionados.

En términos de dólares, la D.I. actual, equivale a unos 51, 000 millones de dólares (md.) al tipo de cambio controlado actual, mientras que hace dos años apenas ascendía a 23,000 md.; lo que quiere decir que la D.I. equivale actualmente al 48% de la deuda externa de nuestro país. Como dato comparativo y para mostrar la gravedad del asunto, tenemos que el débito externo que actualmente se encuentran negociando las autoridades hacendarias es de 60,000 md.

Otro de los aspectos negativos de la D.I. es que está siendo contratada a muy corto plazo. El mercado financiero está concentrado, principalmente en BONDES, CETES y Aceptaciones, instrumentos que en conjunto suman un total de 92.4 bdp., lo cual representa el 78.1% del total de la D.I. En los tres instrumentos, pero principalmente en CETES y BONDES se está llevando a cabo una inversión a plazos no mayores de 72 horas, lo que ha vuelto demasiado inestable y volátil el mercado y denota un nerviosismo entre los inversionistas que en cualquier momento podrían trasladar sus inversiones a divisas de darse una situación de incertidumbre o inseguridad.

Esta volatilidad es la que, además, impide que las tasas de interés se reduzcan, ya que existe un fuerte temor de una canalización de las inversiones al mercado de divisas. Y este temor está bien fundado, porque, según ciertas instituciones bancarias, una operación de cambio de tan sólo 12 bdp. a dólares agotaría las reservas internacionales del país, las que según el FMI son de aproximadamente 5,250 md., aunque algunos analistas estiman que el próximo mes, éstas se ubicarán en el nivel de 1,800 md., cantidad apenas superior a un mes de importación del país. Y es que, después de todo, especular con el dólar ha sido un jugoso negocio para quienes lo han llevado a cabo ya que tan sólo en 1988 rindió 49 bdp. de ganancias.

El Presidente Salinas de Gortari dijo en días pasados que sólo falta abatir las tasas reales de interés para culminar la etapa de transición de la economía. Mas lo cierto es que esto significa que para culminar dicha etapa, es necesario solucionar el problema de la deuda externa, pues, ha sido primordialmente ésta, la que ha orillado al gobierno a mantener altas las tasas de interés.

Un primer paso para reducir las tasas de interés sería, implementar un control de cambios que anule la incertidumbre del agotamiento de las reservas internacionales y la dolarización del ahorro interno, lo que cerraría una válvula de escape de divisas. Además, el volumen de instrumentos gubernamentales de captación financiera deberá disminuirse para relajar la presión sobre las tasas de interés, sustituyéndolo con una elevación del encaje legal para con ello disminuir la dependencia del gobierno de los CETES y BONDES para su financiamiento y con ello relajar la presión que ésta ejerce sobre la tasa de interés.

La historia de los últimos meses, indica que el incesante incremento de las deudas tanto interna como externa han sido la causa de los constantes recortes presupuestales, traducidos en disminución de pagos de salarios e inversiones públicas y su consecuencia inmediata, la agudización de la caída de la actividad económica. Por lo que cabe esperar que ante el incesante incremento de las tasas de interés, sobre todo las domésticas, continúen los recortes presupuestales, la venta de más empresas paraestatales y una mayor contracción económica. Mientras el déficit financiero del gobierno ni siquiera se acercará al 7% como proporción del PIB, acordado con el FMI como meta para este año.

En este mismo espacio, he afirmado que la estrategia del PECE ya agotó sus posibilidades de rendir frutos positivos. La falta de recursos del gobierno es una muestra palpable de ello, pues el mantener durante tantos meses congelados sus precios y tarifas le ha provocado una seria descapitalización, en la medida que el Índice Nacional de Precios al Producto se ha mantenido en constante aumento.

Si bien es cierto que dicha congelación se implementó con el fin de contener la inflación, también es cierto que llevada a tal extremo hace peligrar la estabilidad de los precios y el repunte de la inflación por la vía de las elevadas tasas de interés. Buscar nuevas formas de recobrar una posición financiera sólida y sana, sin presionar sobre la inflación y evitando un mayor endeudamiento, es el nuevo reto al que habrá de enfrentarse el gobierno mexicano, porque la deuda interna es una bomba de tiempo a punto de estallar.