LA ECONOMÍA MEXICANA. CRISIS Y REFORMA ESTRUCTURAL. 1984-2006

LA ECONOMÍA MEXICANA. CRISIS Y REFORMA ESTRUCTURAL. 1984-2006

Hilario Barcelata Chávez

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LA CRISIS DEL AGRO MEXICANO, Y LA INSUFICIENCIA ALIMENTARIA

1989

Uno de los sectores más golpeados por la crisis económica y por las políticas adoptadas por el actual gobierno, ha sido el sector agropecuario. Los tres principales instrumentos del PECE han provocado efectos negativos sobre este renglón: El control de precios que afecta al 75% de los productos agropecuarios, la apertura comercial indiscriminada y la reducción del gasto público para el fomento del agro han provocado la caída del 4.5% del PIB agrícola y del 2.8% del producto pecuario del país.

La falta de incentivos para la inversión productiva y la inseguridad en la tenencia de la tierra, así como la desatención del Estado han provocado un continuo distanciamiento de la autosuficiencia alimentaria, la cual, según opiniones de algunas autoridades no podrá alcanzarse ni en un mediano plazo.

Uno de los efectos inmediatos de la violenta crisis que vive el agro mexicano es la existencia de déficits en la balanza comercial agropecuaria, producto también de las dificultades para la colocación de los productos nacionales en el mercado extranjero que se ha cerrado en medidas proteccionistas y la baja en el precio de los mismos.

El aumento de las importaciones ha sido la respuesta inmediata para salvar la brecha de la crisis alimentaria, hecho que en conjunto ha contribuido a agravar la crisis financiera del país.

El déficit alimentario nacional también se evidencia en la ampliación de los márgenes de pobreza nutricional de la población, principalmente entre los grupos de menores ingresos, lo cual a la vez ha sido producto también de la reducción del ingreso real de la población, lo que incluso, ha alterado sus patrones de consumo. Así durante 1988 la población con carencias nutricionales por el bajo o nulo consumo de calorías llegó a cerca del 60% del total del país. De aquí podemos desprender que sin lugar a dudas, el esquema de funcionamiento de la economía que se ha sostenido durante los últimos siete años ha provocado el empobrecimiento de la mayoría de la población del país y ha causado daños irreversibles en la estructura productiva del sector alimentario. Al tiempo que ha mantenido vivas las causas del desarraigo del campesino en las labores del campo, por lo que, según estimaciones cada día, cerca de 40 mil personas emigran al Distrito Federal para quedarse diariamente.

Este proceso de proletarización del campesinado tiene una significación muy particular ya que evidencia aun más la crisis alimentaria y productiva del país y su agravamiento, pues todos los campesinos que abandonan sus tierras de labor y emigran a la ciudad, se suman a una población que demanda y consume bienes de origen agrícola, pero ha dejado de producirlos por sí mismo, lo que significa que cada vez más, hay más consumidores, pero menos productores, y por tanto menos producción y más necesidad de proveer de alimentos a una producción que no sólo está en constante crecimiento sino que además, antes satisfacía su consumo por sí misma.

Más allá de la problemática de las deudas y la modernización industrial, del país subyace una realidad aguda y lacerante en el campo mexicano cuyo estado de postración y abandono es, para quienes realmente conocen de economía, la causa fundamental de la crisis que ahora vivimos, pues el modelo de desarrollo económico sobre el que vivió el país hasta la década de los setentas tuvo su sustento en el campo, hasta que el mismo modelo acabó con el agro y por tanto con él mismo.

No habrá solución a los problemas del país si no hay soluciones en el campo, por más que se reduzcan las deudas o se modernice la planta industrial. No habrá solución verdadera mientras se siga olvidando que el campo es quien alimenta a la nación y que el malestar campesino ha sido ya, en más de una ocasión, causa de grandes movimientos sociales.