LA ECONOMÍA MEXICANA. CRISIS Y REFORMA ESTRUCTURAL. 1984-2006

LA ECONOMÍA MEXICANA. CRISIS Y REFORMA ESTRUCTURAL. 1984-2006

Hilario Barcelata Chávez

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JUSTICIA SOCIAL, DESIGUALDAD E INSTITUCIONES

8 de septiembre de 2001

Es innegable que las políticas de reforma económica implementadas en México desde los ochenta, han generado estabilidad y crecimiento, pero, también, han propiciado un profundísimo déficit social. Hecho inadmisible, porque se ha acrecentado el caudal de pobres, que han acrecentado su pobreza y su número en la estadística nacional. Inadmisible, porque esto ha dejado al país en medio de una dramática y grosera desigualdad económica: por un lado los más ricos mexicanos, que son también los más ricos del mundo y por otro lado, los pobres mexicanos que apenas sobreviven -como los más pobres del mundo- con un ingreso de 18 pesos diarios o menos -y casi siempre menos-. Inadmisible porque producir riqueza sin un reparto equitativo, es generar crecimiento sin desarrollo, y así, no puede haber justicia.

La reforma económica se ha sustentado en la filosofía liberal cuya premisa básica consiste en la libertad individual irrestricta de participar en los intercambios económicos, es decir en el mercado. Para lo cual hay que otorgar a los individuos igualdad de oportunidades. Sin embargo, esta filosofía no nos dice, -en un acto de omisión imperdonable- que dicha igualdad implica que todos estén en condiciones de satisfacer, aunque, sea mínimamente, sus necesidades básicas y tener los medios para participar en el mercado exitosamente, es decir, para que éste les produzca progreso. Sin esta condición de igualdad, las personas no pueden hacer uso de esa libertad. Y es que ahí donde todo se decide mediante la competencia, siempre habrá ganadores y perdedores. Y los ganadores podrán potenciar sus triunfos, tanto como la ventaja de ser ganadores les permita y los perdedores se sumirán, en cada nueva etapa de la competencia, en la más profunda de las pobrezas. Porque la debilidad que les propina la derrota, potencia su incapacidad para competir. Porque el mercado no distribuye riqueza basado en principios de equidad y justicia social, mas bien es un generador natural de desigualdades, profundamente inequitativo e injusto, porque redistribuye la riqueza, casi siempre, a favor del que más tiene. Porque, como mecanismo de distribución, bajo condiciones de libertad irrestricta, el mercado tiende a favorecer la concentración del ingreso, haciendo más pobres a los pobres y más ricos a los ricos. Porque la libertad sin límites resulta ...tan injusta como la libertad física ilimitada, pudiendo llegar a ser, el poderío económico, casi tan peligroso como la violencia física como afirma Popper en La sociedad abierta y sus enemigos. Y que ...la libertad en el sentido de ausencia de todo control restrictivo, debe conducir a una severísima coerción ya que deja en libertad para esclavizar a los débiles, según Platón en La República. Por eso la ecuación liberal del progreso no ofrece resultados socialmente útiles en México.

Desde luego, no es posible negar el gran avance que los gobiernos neoliberales han alcanzado en materia de control de la inflación y crecimiento económico. Los problemas financieros del país se han resuelto, se ha creado una base sólida de crecimiento económico y se ha recuperado la credibilidad de los inversionistas extranjeros y las instituciones financieras internacionales. Pero, ¿qué significa eso para el ejército de pobres que representan casi tres cuartas partes de la población de este país? ¿De qué ha servido, producir más riqueza para las familias desnutridas que pasan hambre a diario?

El costo de cambiar estabilidad por desarrollo ha sido brutal en la experiencia mexicana, porque no basta generar riqueza, no bastan las altas tasas de crecimiento, no basta exportar más o estar más globalizados, no basta la estabilidad de precios, no basta el equilibrio de las finanzas públicas, no basta vender hasta el último fierro de las empresas públicas. No bastan, en una palabra, ni todas juntas las cosas que los últimos gobiernos dijeron que bastarían para disminuir la pobreza, simple y sencillamente porque no han bastado para reducirla.

Porque aún no logramos recuperar el sentido social de la ciencia económica y reencontrar su objeto de estudio, es decir, el bienestar de la sociedad. Aun ahora, la política económica sigue desligada de los objetivos sociales como si le fueran cosas ajenas. Pareciera que la ciencia económica ha extraviado el rumbo y avanzara con vendas en los ojos y candados en las manos, con la conciencia mutilada. Como si la economía, como ciencia, pudiera existir para empobrecer al hombre, como si alguna ciencia pudiera ser usada de ese modo.