LA ECONOMÍA MEXICANA. CRISIS Y REFORMA ESTRUCTURAL. 1984-2006

LA ECONOMÍA MEXICANA. CRISIS Y REFORMA ESTRUCTURAL. 1984-2006

Hilario Barcelata Chávez

Volver al índice

 

 

 

 

HACIA UNA NUEVA POLÍTICA MONETARIA

4 de agosto de 1999.

A propuesta de algunos sectores de la sociedad mexicana, principalmente empresariales, se empezó a discutir en México, con cierta intensidad a principios de este año, el establecimiento de dos medidas de Política Monetaria y Cambiaria: la adopción del dólar como moneda de curso legal y el establecimiento de un Consejo Monetario.

Quienes recomiendan estas medidas, argumentan que es la mejor forma para acabar con la inestabilidad cambiaria (devaluaciones recurrentes) y con la inestabilidad de precios (inflación).

Ciertamente, éstas parecen ser medidas atractivas, pero es importante reflexionar y valorar sus riesgos y sus consecuencias probables, sobre todo por el impacto que tendrían en la vida nacional, pero, además, porque podría estar entre las propuestas de alguno de los candidatos que participarán en la contienda electoral por la Presidencia de la República.

Veamos primero el asunto del cambio de moneda.

En primer término es importante aclarar conceptos, ya que la primera medida mencionada no tiene la misma connotación y significado que la llamada “dolarización”. Concepto que ha sido usado en el pasado, para aludir a un fenómeno que consiste específicamente en un proceso de uso creciente del dólar como punto de referencia para establecer precios (es decir se ha utilizado como unidad de cuenta), para llevar a cabo transacciones comerciales (es decir como medio de pago) y como forma de ahorro (es decir, como depósito de valor). En cambio, la adopción de una moneda extranjera como moneda nacional, implica que ésta desempeñe un papel mucho más importante y trascendental en la economía de un país, constituye una profunda transformación en la forma en que se maneja la política económica y, desde luego, significa un conjunto de consecuencias de amplio alcance.

Lo más importante a considerar es que, al momento en que dicha medida se implementa, las funciones de la Banca Central que hoy realiza el Banco de México y que tienen que ver principalmente con el manejo de la política monetaria, pasarían, de modo inmediato, a la institución que acuña, regula y controla el uso y volumen de dólares, y dicta la política monetaria para ese país es decir, la Oficina de la Reserva Federal de Estados Unidos. Disposiciones que, por lo tanto, tendría que adoptar también nuestro país.

Es decir, la existencia del Banco de México se vuelve inútil, en tanto institución que realiza las funciones de Banca Central. Ello resulta sumamente grave porque este Banco es una institución pública, a través de la cual, el gobierno del país, toma decisiones y aplica un conjunto de medidas que buscan tener determinado impacto en la economía. Así, junto con la desaparición del Banco de México, el gobierno mexicano, dejaría de tener facultades para tomar esas decisiones y de aplicar esas medidas. Porque todas las funciones que ahora desempeña el Banco de México no las realizaría ninguna otra institución nacional. Al momento de adoptar el dólar como moneda nacional, nuestro país adoptaría, automáticamente, como banco central, a la Reserva Federal. Es decir, México perdería su autonomía monetaria, y de paso, su soberanía económica.

Aclararemos un poco más. Básicamente el manejo de la política monetaria implica lo siguiente:

1.-Operaciones de mercado abierto, en las que el Banco Central compra o vende títulos o valores del gobierno. Es decir endeudamiento o desendeudamiento público con el fin de manejar el volumen de dinero y la tasa de interés.

2.- Cambios en la tasa de descuento, es decir la tasa de interés que se cobra a las instituciones financieras comerciales que solicitan préstamos al Banco Central, por medio de lo cual se determinan las tasas de interés bancarias.

3.- El l volumen de reservas de dinero que los bancos comerciales deben mantener en el banco central.

Lo anterior significa que, al adoptar el dólar como moneda nacional, nuestro país dependería de las decisiones que tome la Reserva Federal en materia de política económica. Esto es,

e) Tasa de interés. Tanto la que cobran los bancos comerciales, como la que pagan los deudores.

f) El volumen de dinero en circulación, es decir, la cantidad de dinero disponible para realizar transacciones comerciales y financieras

g) El volumen de crédito que pueden otorgar los bancos comerciales, es decir la cantidad de préstamos que puede hacer un banco a personas o empresas

h) El volumen de endeudamiento del gobierno a través de operaciones de mercado abierto. Es decir, el gobierno mexicano perdería su capacidad para contratar deuda de corto plazo y toda su deuda interna tendría que ser, en adelante, deuda externa.

La posibilidad de poder modificar los valores que adquieren todas estas variables financieras constituye un poderoso instrumento de gobierno, ya que con ello se puede obtener una incidencia directa sobre variables macroeconómicas fundamentales en nuestra economía, tales como los niveles de inversión, los niveles de ahorro y consumo, el volumen de empleo, el volumen y el alcance del gasto público. Todas ellas, factores determinantes del crecimiento económico y el bienestar de la sociedad.

Lo anterior significa que con el dólar como moneda nacional, México perdería uno de los instrumentos más importantes de política económica para manejar el ciclo económico y defenderse de las crisis financieras globales. Ya no tendría un instrumento que es útil para influir sobre el desarrollo del país. Y eso es ni más ni menos que reducir a nuestro país a una posición muy cercana a la figura de Estado Libre Asociado como Puerto Rico.

Veamos ahora, la cuestión del Consejo Monetario:

Un Consejo Monetario es una institución que sustituye al banco central, adquiriendo de éste, como única función, la de realizar cambio de moneda, y por tanto, renuncia a su función de imprimir dinero basado en el crédito interno. Por eso, se le conoce, también, como Caja de Conversión. La medida se toma cuando el banco central ha mostrado una alta ineficiencia para manejar la política cambiaria y monetaria y cuando, por ello, es incapaz de generar confianza entre los inversionistas.

El establecimiento del consejo requiere

a) Establecer un régimen de convertibilidad en el que cada peso en circulación está respaldado por un dólar de reservas internacionales. Es decir, que la cantidad de dólares en reserva del país, debe ser, por lo menos, igual a la cantidad de pesos que haya en la economía.

b) Imponer una paridad del tipo de cambio fijo. Es decir, un peso por un dólar. Es esta política, la que garantiza que no haya devaluaciones.

Un Consejo Monetario es diferente a un Banco Central, porque éste maneja el nivel de crédito y el volumen de reservas de divisas, de acuerdo a la política monetaria y de tipo de cambio que defina el gobierno a través del banco. Además, la cantidad de dinero en circulación no requiere tener un respaldo en dólares. La expansión económica no está sujeta a la capacidad de obtener dólares del exterior. Además, el banco central decide la política cambiaria (fija o flexible) de acuerdo a los objetivos fijados por el gobierno.

En la práctica las implicaciones del reemplazo del banco central por un Consejo Monetario, se pueden resumir así:

1.- Al renunciar a las funciones que realiza el banco central en materia de impresión de dinero basado en el crédito interno y mantenerse como caja de cambio, significa abandonar un instrumento de ajuste que permite al gobierno influir sobre el volumen del crédito y la tasa interés. Y por tanto, significa renunciar a un instrumento que permite regular los efectos de las crisis económicas, dada su capacidad de influencia sobre la inversión y el consumo.

2.- El hecho de ajustar la cantidad de dinero en la economía (el volumen de liquidez) a la cantidad de dólares en el país, implica que la cantidad de pesos estará sujeta a los flujos de entrada y salida de capitales extranjero, (ya sea por inversiones, ya sea por exportaciones) que es lo que determina, la cantidad de dólares en un país. Por tanto, la expansión económica quedaría vinculada a la capacidad de la economía nacional de atraer esos capitales y, en un entorno recesivo en que los dólares llegan con tanta dificultad al país, la existencia de una caja de conversión agravaría la crisis económica.

3. - Mantener un tipo de cambio fijo, implica que debe haber una permanente correspondencia entre cantidad de pesos y de dólares, para evitar que varíe. Para ello es necesario apoyarse con flujos de entrada de divisas o reducciones en la cantidad de dinero circulante en el país, si los dólares no llegan, lo cual implica crear un mecanismo interno multiplicador de las recesiones externas, pues siempre que haya recesión afuera y los dólares no lleguen, la paridad fija exigirá mas recesión interna, es decir, reducir el circulante interno.

El único país que ha aplicado esta política en América Latina es Argentina en 1991. Desde entonces ha logrado una estabilidad de precios y en los tipos de cambio. Sin embargo, el costo ha sido mayor. Al anular su capacidad para influir en los procesos económicos mediante la política monetaria, ha experimentado caídas en su crecimiento económico muy importantes. Por ejemplo, en 1995 del 5%, como resultado del efecto Tequila. Es decir, no sólo se quedó sin instrumentos para paliar la crisis, sino que, además, la renuncia a dichos instrumentos, no le ofreció protección alguna contra los efectos de la recesión (como argumentan quienes están a favor de la medida). Además, desde la implementación de su Consejo Monetario, Argentina ha sufrido un constante incremento en sus volúmenes de desempleo. Su tasa de desempleo en 1991 era de 6.5% y en 1995 alcanzó un nivel de 17.5%. Actualmente su tasa de desempleo es del 14%. Para decirlo rápido, Chile, que no ha implementado el Consejo y sí medidas de control a los flujos de capital, ha obtenido mejores resultados macroeconómicos y no se ha visto tan afectado por la turbulencia financiera internacional. De hecho el efecto tequila no le impidió obtener en 1995 una tasa de crecimiento del 6.5%.

La aplicación de un cambio de moneda y la creación del Consejo Monetario en México no garantizan absolutamente nada, pero sí ponen en riesgo, la capacidad de influencia del gobierno sobre los procesos económicos que normalmente están ligados a objetivos nacionales (y de la sociedad sobre esos procesos si consideramos que el gobierno puede representar la voluntad popular). Pero además, pone en riesgo, en particular, la capacidad de control interno de las crisis, sobre todo, ahora que la globalización financiera provoca, de modo súbito e inesperado, gran turbulencia en los mercados financieros internacionales.

En el fondo el mensaje que hay detrás de la propuesta es simple pero muy peligroso: “el banco central es ineficiente para cumplir su tarea. De hecho no debe tener las funciones que realiza. De hecho es que el gobierno no debe intervenir en la economía ni en el ámbito de la política monetaria y cambiaria, porque además de ineficiente, no es capaz de generar confianza”. Este argumento es falaz y tendencioso. Si bien es cierto que los dirigentes de la política monetaria y cambiaria del país lo han hecho mal y a veces, muy mal, también es cierto que el problema no se soluciona desapareciendo la institución que dirigen. Porque es un problema de hombres y no de instituciones. Si estos no sirven deben ser sustituidos.

Quienes proponen resolver los problemas de inestabilidad financiera por esta vía cometen un error de interpretación. Porque éstas medidas que se sugieren son producto de la desconfianza en la moneda nacional y su origen es el reconocimiento de la incapacidad gubernamental para resolver los problemas estructurales que ocasionan la inestabilidad y la debilidad de nuestra moneda y la incapacidad para manejar los asuntos monetarios de manera eficiente. Pero eso es válido para un gobierno en particular o para un funcionario o grupo de funcionarios, pero no es aplicable a todos los proyectos, ni a todos los gobiernos, ni a todos los funcionarios posibles probables y existentes.

La desconfianza que se ha generado, proviene del proyecto económico que sustenta el actual gobierno, de los objetivos del actual gobierno y de la eficiencia de los actuales funcionarios públicos. Y el hecho de que un gobierno no maneje adecuadamente las instituciones del Estado no significa que esas instituciones deban desaparecer. En todo caso hay que aclarar que el gobierno mexicano no es el Estado mexicano. No comprender esta diferencia puede llevar a múltiples errores teóricos y prácticos. Porque, imaginemos qué clase de país vamos a tener si las decisiones esenciales del mismo pasan a manos de gobiernos extranjeros, quedando el pueblo mexicano, (en quien radica, constitucionalmente la soberanía) sin las instituciones que le otorgan capacidad de control, como colectividad, sobre los recursos productivos. Instituciones mediante las cuales ejerce su soberanía.

El cambio de moneda y la creación del Consejo Monetario, no son meramente reformas técnicas o administrativas. El cambio implica una profunda reforma del Estado-nación. Implica ceder autonomía y soberanía a una institución extranjera. Implica abdicar el poder de manejo de la política monetaria. Implica una nueva y definitiva forma de colonialismo postindustrial.

Ningún país puede pretender desarrollarse sin, al menos, un mínimo de independencia. Ningún proyecto nacional, entendido como un proyecto colectivo, puede sostenerse sin la presencia de instituciones estatales (como el Banco Central) que permitan a la sociedad construir o transformar su entorno, porque de ese modo, sólo se generan desigualdades e injusticias que impiden que los más débiles nunca obtengan beneficios del proyecto nacional y vivan toda su vida sin poder decidir su futuro.