LA ECONOMÍA MEXICANA. CRISIS Y REFORMA ESTRUCTURAL. 1984-2006

LA ECONOMÍA MEXICANA. CRISIS Y REFORMA ESTRUCTURAL. 1984-2006

Hilario Barcelata Chávez

Volver al índice

 

 

 

 

GASTO PÚBLICO Y CRISIS ECONÓMICA

15 de febrero de 1996

Cuando en 1936 Lord J.M. Keynes (uno de los más importantes economistas del siglo) expuso al mundo su Teoría General del empleo, el interés y el dinero, su principal preocupación era encontrar un mecanismo capaz de refuncionalizar el sistema económico que se encontraba en una profunda crisis mundial.

El mecanismo que planteó Keynes para tal fin fue el gasto público. Según este famoso economista los mercados no se pueden ajustar por sí mismos en el corto plazo y es necesaria la intervención de una fuerza exógena al mercado para lograrlo. Su propuesta era que el Estado, al gastar, movería las fuerzas del mercado de modo que propiciaría el incremento del empleo y el ajuste entre oferta y demanda de bienes, así como de ahorro e inversión, pues, según él mismo decía, no existen en el mercado mecanismos que aseguren tal ajuste.

Durante varias décadas el funcionamiento de la economía mundial se fundamentó en los postulados de esta teoría, hasta que en el mundo apareció un nuevo fenómeno: la estanflación, es decir, una combinación de inflación con estancamiento económico. Al no presentar respuestas a este fenómeno surgió el Monetarismo culpando de todos los males económicos (principalmente de la inflación) al gasto gubernamental.

La teoría keynesiana falló, porque descuidó un aspecto fundamental: el contenido del gasto público. Es decir, el gasto público puede ser una herramienta adecuada siempre y cuando se canalice a invertirse en ciertas áreas estratégicas donde tenga un impacto en el crecimiento económico, no así si únicamente sirve para acrecentar la burocracia.

De aquí que el dilema de si el Estado debe expandir el gasto público o no para reactivar la economía, es un falso dilema, pues en realidad el problema radica en el hecho de en qué debe gastar.

De este modo las voces que proclaman el equilibrio presupuestal y la contracción del gasto público no hacen sino aludir a sólo un aspecto del problema. Efectivamente si el gobierno gasta irresponsablemente la economía sufre serios desequilibrios. Lo que no dicen esas voces (porque a lo mejor lo quieren ocultar) es que si gasta productivamente y de manera responsable pueden obtenerse resultados ampliamente positivos.

Por otra parte, lo que en realidad preocupa a los monetaristas es que la expansión del gasto público se lleve a cabo mediante un financiamiento deficitario, es decir, mediante la expansión de la cantidad de dinero en la economía. Pero esa no es la única forma a través de la cual puede financiarse el gasto público. Es decir que sí existen fuentes de financiamiento sanas para dicha expansión, el gasto público puede crecer y contribuir al crecimiento económico sin el peligro de incurrir en más inflación.

Es en este sentido que deben plantearse en la actualidad las propuestas para la solución de la crisis que sufre nuestro país. Toda vez que ha quedado demostrado (una vez más) que el mercado dejado a su libre funcionamiento no puede evitar las crisis económicas, es necesario replantearse la intervención del Estado bajo la perspectiva de encontrar la forma en que el gasto público realmente tenga los efectos esperados sobre la producción y el empleo. Para ello, insisto es necesario resolver dos problemas: uno, en qué invertir (el contenido del gasto público) y dos, cómo financiar ese gasto. Es ahí donde debe de ubicarse la discusión en materia económica y no desgastarse en argumentaciones y elaboraciones teóricas que tratan de refutar algo irrefutable: la capacidad del Estado para propiciar dinamismo económico y sacar al país de la crisis.