LA ECONOMÍA MEXICANA. CRISIS Y REFORMA ESTRUCTURAL. 1984-2006

LA ECONOMÍA MEXICANA. CRISIS Y REFORMA ESTRUCTURAL. 1984-2006

Hilario Barcelata Chávez

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FIN DE SEXENIO, EL FIN DE UN PROYECTO

1994

Como en otros fines de sexenio anteriores (recuérdese por lo menos 1976, 1982, 1988) la situación económica del país se ve amenazada por la incertidumbre y la inestabilidad económica, política y social. El arduo trabajo de casi seis años se ve de pronto cuestionado por una terca realidad que no termina por ajustarse a lo planeado.

Cierto es que este fin de sexenio no tiene las mismas características que otros anteriores, por la posición a nivel internacional que tiene ahora el país y la relativa libertad para manejar algunas variables macroeconómicas. Sin embargo, en el fondo, los problemas que se enfrentan y la presencia de elementos inéditos hace quizá más incierto este fin de sexenio.

Problemas como la inflación aparecen ya como resueltos y por tanto la inestabilidad en los precios no amenaza la economía. Sin embargo, a lo largo del sexenio se acumularon muchos cientos de miles de desempleados producto de la “austeridad” y la “apertura comercial”. Adicionalmente a lo largo de estos seis años de gobierno se sufrió una fuerte pérdida del poder adquisitivo del ingreso debido a que los sueldos y salarios (principalmente de trabajadores y empleados) no crecieron al mismo ritmo que la inflación. Todo esto da hoy, como resultado, un cuadro de pobreza y miseria ampliada. Pero no sólo eso. El desempleo y la escasa capacidad de compra se manifiestan en una caída muy fuerte de la demanda agregada que tiene al borde de la ruina a miles de empresas que producen pero no venden porque no hay compradores.

La apertura comercial propició que el ritmo de crecimiento de las exportaciones creciera considerablemente, en los últimos seis años. De igual manera la estructura de las exportaciones cambió hasta restarle importancia a las de origen petrolero. Sin embargo, las mayores facilidades para comerciar con el exterior y la necesidad de ampliar y mejorar la maquinaria, equipo e infraestructura de la industria volvió indispensable mantener un ritmo acelerado de crecimiento de las importaciones. Las que, incluso, crecieron a una tasa mayor que las exportaciones. De manera que los déficits en cuenta corriente volvieron a aparecer. Pero esta vez ya no se tradujeron en una mayor deuda externa. La política de apertura a la inversión extranjera abasteció de suficientes divisas para cubrir los compromisos con el exterior. Los desequilibrios de la Balanza de pagos habían desaparecido y ya no se tendría que recurrir a nuevos préstamos ni a sufrir por escasez de divisas. De hecho la fuerte afluencia de capitales del exterior dio a nuestro país, por primera vez en muchos años un nivel récord de reservas internacionales de divisas. Que de hecho es lo que ha permitido en estas épocas de especulación e incertidumbre mantener firme la política monetaria y el tipo de cambio.

Lo grave de esa basta magnitud de inversiones extranjeras que han llegado a nuestro país es que en su mayoría se han dirigido al mercado especulativo y en su minoría a la inversión productiva. De modo que la incertidumbre y las expectativas juegan un papel primordial en este momento para mantener esos capitales dentro del país. Habida cuenta de la importancia que representan para mantener el equilibrio de la balanza de pagos, mantener el ritmo de crecimiento de las importaciones, sostener, por tanto, el crecimiento de la economía mexicana y sobre todo solventar el tipo de cambio y defenderlo de los embates especulativos. Tomando en cuenta, pues, estos aspectos es que se entiende la importancia de que esos capitales permanezcan en el país y se explica, también la importancia de los diversos acontecimientos económicos, políticos y sociales de la actualidad que están generando mucha incertidumbre y que de hecho están ya impulsando la salida de divisas.

Es por esta razón que preocupa que el conflicto en Chiapas no encuentre pronta solución. Es por esto que un día después de la muerte de Colosio se decretó día de luto nacional y se ordenó el cierre de las instituciones financieras, bancos y bolsa de valores. Llamó la atención que las demás actividades permanecieran sin alteración. Lo que se quería era ganar tiempo y cerrar la posibilidad de una estampida de divisas. Por eso el respaldo, más simbólico que práctico de los Estados Unidos de un préstamo para contingencias cambiarias.

Pero las cosas en el país están mal. Las presiones especulativas van a lastimar el nivel de reservas internacionales. El peso podría devaluarse. La inflación sufriría un incremento no muy alto, pero sí para preocuparse. La deuda externa volvería a convertirse en un problema serio. Mientras, el fantasma de Marcos espera al acecho el resultado de las elecciones presidenciales. El riesgo de un fraude y un conflicto poselectoral prenden focos de alerta nacional y el asesinato de Colosio, los secuestros y la ola de violencia que vive el país ponen otra vez en la boca de la gente, el rumor de un golpe de estado.

Ya es un hecho que el proyecto económico salinista ha fracasado, al menos en lo que se refiere a crecimiento y bienestar (desarrollo, pues). Pero las cosas podrían empeorar porque ya no hay credibilidad en los hombres ni en las instituciones. Sobre todo en momentos en que la gente sospecha que la orden de matar a Colosio pudo venir desde dentro del propio estrecho círculo de poder que gobierna el país.

Puede ser que las cosas no empeoren y el país salga sin raspones en este fin de sexenio. Pero hay muchos elementos que pueden influir determinantemente para que se agudicen los problemas económicos y lo político salga de cauce. Habremos de esperar.