LA ECONOMÍA MEXICANA. CRISIS Y REFORMA ESTRUCTURAL. 1984-2006

LA ECONOMÍA MEXICANA. CRISIS Y REFORMA ESTRUCTURAL. 1984-2006

Hilario Barcelata Chávez

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ESTRATEGIA DE CRECIMIENTO Y DETERIORO ECONÓMICO

1991

Grande y riesgoso es el compromiso del gobierno mexicano en este período de incertidumbre económica que vivimos. Generar y mantener cierto ritmo de crecimiento económico es sumamente difícil en las actuales condiciones. Muchos recursos se necesitan. Muchas cosas se comprometen.

El programa de reordenación económica primero, la modernización del Estado y la economía después y luego el Tratado de Libre Comercio (TLC), son y han sido los puntuales de la estrategia de crecimiento que ha implementado el gobierno. A pesar de la confianza que ha existido en ellos, aún los resultados no son los esperados y parece difícil que en el corto y mediano plazo la situación pueda revertirse.

En la actualidad nuestra economía crece a un ritmo de entre el 2 y el 3% anual. Sin embargo, ese ritmo no es suficiente para generar empleos para absorber al millón de jóvenes que anualmente se incorporan al mercado laboral. Y mucho menos es suficiente para generar empleo para los cerca de 10 millones de mexicanos que actualmente se encuentran en la línea del desempleo abierto.

Desempleos que surgieron como producto de la recesión económica de nuestro país de los últimos diez años.

Uno de los principales argumentos a favor de la estrategia de gobierno del TLC en particular es que permitirá generar un mayor numero de empleos y mejorar substancialmente los niveles de ingreso de los trabajadores. Factores que, según se dice, en las actuales circunstancias no es posible generar con nuestros propios recursos. La situación es un poco más complicada. El salario de los trabajadores y empleados ha sufrido una fuerte pérdida de su poder adquisitivo durante la ultima década. Ello producto de una estricta política laboral y un apenas controlable pero muy dinámico proceso inflacionario. Para recuperar la capacidad adquisitiva que se tenía, al menos en 1980, se requiere que el salario aumente casi en un 100%. Ello parece ser muy difícil pues la contención salarial es el punto de apoyo de la estrategia de recuperación económica. A tal grado de que , aunque se reconoce oficialmente que el salario debe incrementarse en función de la productividad, éste no ha aumentado a pesar de que dicha productividad se ha incrementado. Tampoco hay, entonces, por qué esperar que con el TLC vaya a pasar lo contrario. Entre 1982 y 1988 (según datos del Economic Policy Institute (EPI), publicados por El Financiero 20-04-91), las exportaciones de manufacturas crecieron a una tasa anual del 24% mientras que los salarios cayeron cerca del 50% y el ingreso per cápita disminuyó en 12%. A mayor abundancia en la desmitificación del TLC el EPI añade que las diferencias salariales en México y E.U. no tiene que ver con diferencias en la productividad. Según sus propias cifras la productividad de los trabajadores mexicanos de las plantas armadoras de automóviles equivale al 80% de la productividad de los trabajadores norteamericanos y sin embargo, su salario apenas el 6 % del que reciben estos últimos.

Con el empleo pasará una situación similar. La oferta de trabajo, aunque llegue a ser muy amplia, no será ni lejanamente suficiente dado el elevado número de desempleados en el país. Es decir, que no se justifica el exagerado optimismo con el que se espera que el TLC resuelva los problemas más graves que nuestra economía. Tendrá cierto impacto, regional principalmente, pero al problema hay que buscarle solución interna. Y no precisamente a través de la estrategia actual que ya ha demostrado ser la causante de tal desempleo y deterioro del salario.