LA ECONOMÍA MEXICANA. CRISIS Y REFORMA ESTRUCTURAL. 1984-2006

LA ECONOMÍA MEXICANA. CRISIS Y REFORMA ESTRUCTURAL. 1984-2006

Hilario Barcelata Chávez

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EL PACTO Y LA INSUFICIENCIA DE LA DEMANDA

1991

Hace cuatro años (en diciembre de 1987), en los días aciagos de inflación desmedida, se firmó el Pacto de Solidaridad Económica. En él, el sector laboral, el empresarial y el gobierno se comprometieron a establecer y respetar una serie de medidas de política económica, tendientes a estabilizar la economía.

Hoy, noviembre de 1991, el Pacto prueba una vez más su vigencia (al ser firmado por onceava ocasión), como mecanismo para imponer a la sociedad un proyecto económico que no le ha beneficiado.

A cuatro años podemos ver los resultados del Pacto. Efectivamente, hoy la economía se encuentra en una situación más estable. Se ha controlado la inflación y se ha recuperado el crecimiento. Sin embargo las medidas acordadas en el Pacto han causado una gran caída del poder adquisitivo del salario, no sólo porque ha evitado que el salario crezca en la medida que lo hace la inflación, sino porque además, ha permitido que los precios sigan su marcha ascendente.

La economía parece más sana ahora, pero no lo está tanto. A lo largo de estos años ha ido acumulando una serie de rezagos que pueden revertirse en su contra y que, de hecho, ya no permiten crecer a un ritmo mayor.

Es evidente que la economía está teniendo un crecimiento desigual y, por tanto, sin satisfacer las expectativas de toda la población (por lo menos de las mayorías). Ello se observa al considerar que el nivel del desempleo es sumamente elevado y sigue creciendo a pesar del aumento de la producción. En el nuevo esquema de reestructuración de la economía es obvio que no hay lugar para todos. Asimismo podemos observar que dicha reestructuración (léase “modernización”), se está llevando a cabo a través de la contracción del salario, y por tanto, del sacrificio de la capacidad adquisitiva de toda la población.

La contracción de la demanda resultante de la contracción salarial y el proceso inflacionario están limitando seriamente al crecimiento de la actividad económica de ciertos sectores (sin que ello signifique que no crezcan). Ante la falta de demanda, muchas empresas, principalmente pequeñas y medianas, ven reducidas sus posibilidades de expansión, e incluso, muchas han tenido que cerrar. Como es obvio, estas empresas no pueden mejorar el salario de sus trabajadores ante estas circunstancias. A ello hay que aunarle el hecho de que el proceso inflacionario impacta también negativamente a estas empresas. Ello empeora la situación, ya que el volumen de ventas no les permite hacer frente a los precios cada vez más elevados de sus insumos. Por consecuencia el desempleo se incrementa. Como es claro, la medida en que el nivel de desempleo se incrementa o se mantiene tan alto, menor es la posibilidad de que las empresas puedan elevar o al menos mantener sus niveles de venta. El proceso se retroalimenta y nuevamente se genera menor posibilidad de elevar los salarios, menor demanda y más desempleo.

Lo dicho aquí parecería no tener sentido si hemos aceptado que la economía está creciendo. Y cuando la economía crece, también crece el ingreso y por tanto, la demanda. Aquí hay que observar dos cosas: Primero.- lo que sucede es que mientras el ingreso crece su concentración es cada vez mayor (o por lo menos se mantiene a muy alto nivel). El proceso de crecimiento económico que vivimos actualmente no ha ido acompañado de un proceso de redistribución del ingreso. Ello quiere decir que cada vez son más los que reciben menos y menos los que reciben más. Ello es evidente si observamos que el salario real cada vez se reduce más. Significa también que la participación del salario en el ingreso nacional es cada vez menor;: incluso aunque hoy se detuviera la contracción del salario real, aún se mantendría esa desigual distribución del ingreso. Haría falta un incremento del salario real para revertir tal situación, hecho que el Pacto ha impedido.

Es evidente que si el ingreso nacional se incrementa a quienes más beneficia es a aquellos que concentran dicho ingreso. Mientras que los que menos reciben se benefician muy poco. Los desempleados, desde luego, como no participan de dicho ingreso, no se benefician en absoluto; y tampoco tienen expectativas de beneficiarse, pues el sector que más absorbe es el de las pequeñas y medianas empresas y es el que más se ha visto afectado por la crisis.

Segundo.- De acuerdo con la teoría económica, a mayor nivel de ingreso, menor la parte proporcional de éste que se destina al consumo. Es decir, que quienes más ganan consumen una parte menor (proporcionalmente), de su ingreso. Sí, como ya dije, el aumento del ingreso beneficia principalmente a quienes lo concentran en mayor proporción, es evidente que dicho incremento no produce un aumento de la demanda global y en todo caso, su demanda incrementada no se orienta al consumo de bienes y servicios de aquellas empresas que requieren ampliar su dinámica (pequeñas y medianas). Por otra parte, aunque los menos se benefician con el incremento del ingreso amplían también su demanda, ésta no es suficiente para cerrar la brecha de la insuficiencia.

Una pregunta cae aquí, por su propio peso. ¿Si la demanda está tan comprimida, a dónde se van a vender los volúmenes crecientes de producción de aquellas empresas e industrias que están creciendo? La respuesta es muy sencilla, si el mercado interno no es capaz de absorber la producción, hay que orientar ésta al mercado externo. De ahí la gran preocupación para generar una mayor capacidad de exportación de las empresas nacionales.

Lo que sucede con el mercado interno pasa a ser secundario si el mercado externo está al alcance de la mano.

No todas las empresas, sin embargo, podrían exportar. No al menos las que están estrechamente ligadas al mercado interno (que son la mayoría). De ahí que sea preocupante que no se reactive la demanda interna, y así mismo la importancia de las medidas acordadas en este Pacto y en los anteriores.

La única salida a la crisis económica del país es el fortalecimiento del mercado interno para generar un crecimiento sano y generalizado de la economía que permita abatir el desempleo, incrementar el ingreso de las mayorías, y con ello la demanda. Desde luego, esto implica una redistribución económica, sino también como un objetivo de justicia social.

El próximo pacto deberá tener en cuenta lo antes dicho. De otro modo, la crisis del mercado interno ganará más terreno y el país se seguirá descomponiendo en dos partes: una, aquella que concentra el crecimiento de la producción y el ingreso y, otra, aquella que se ha rezagado y con escasa dinámica participa cada vez menos de la producción y del ingreso generado a nivel global, y en lo particular sufre la caída de su producción y su ingreso.